En la Facultad de Medicina

Universidad de Chile crea nuevo Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Infantil y del Adolescente

En las bases de este nuevo Departamento está, según explica el doctor García, académico del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Norte, que “el panorama de salud mental ha cambiado muchísimo y rápidamente los últimos años, en forma negativa, en el sentido que los problemas sociales relacionados con ella han aumentado entre niños y adolescentes, y se ha visto que pasan a ser una de las principales causas que afectan a los años de vida saludables. Por ejemplo, el alza en la violencia que todos observamos, el abuso sexual, las situaciones de maltrato, las conductas de riesgo, delictuales, el consumo de alcohol y drogas, las disfunciones familiares y, por otro lado, el aumento de la prevalencia de trastornos psiquiátricos. Como antecedente, en el 2013 se hizo un estudio entre los menores de 18 años y se observó que alrededor de un 22,5 por ciento de ellos presentan algún trastorno psiquiátrico con discapacidad, que altera el funcionamiento social. Esta es una tarea enorme en la que no estamos ofreciendo la ayuda suficiente para enfrentarla en cuanto a su prevención o para su contención en términos curativos, mediante tratamiento”.

Por ello, “este es un proyecto que hemos desarrollado en el comité de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia, que reúne a las unidades de esta especialidad de los departamentos de Psiquiatría Norte y Sur de nuestra Facultad. El objetivo es revitalizar el papel de la Universidad de Chile frente a las situaciones de salud mental que están viviendo niñas, niños y adolescentes y sus familias en nuestro país. Estamos al debe como país, y una de las misiones de nuestra institución es ayudar en este desafío, y pensamos que para eso se necesita un departamento que pueda contribuir a la formación de más especialistas y profesionales formados en salud mental, para trabajar en forma multiprofesional, intersectorial y con la comunidad, en docencia, la extensión y la generación de conocimiento”.

Esta alza en problemas de salud mental y trastornos psiquiátricos, ¿se debe a una mayor prevalencia o a una mejor capacidad diagnóstica?

Si nos referimos a los trastornos, yo creo que se dan las dos cosas. Conocemos bastante más de las situaciones que llamamos enfermedades psiquiátricas, por lo tanto, tenemos mayores posibilidades de pesquisarlas. Pero, al mismo tiempo, estos mismos trastornos han aumentado en prevalencia, porque las situaciones sociales son mucho más exigentes, los cambios son mayores. La necesidad de adaptarnos nos exige mayores habilidades de enfrentamiento, y esta situación, en una sociedad más tecnologizada, con menor presencia de la influencia familiar, hace que estos problemas y trastornos explosionen más. La Organización Mundial de la Salud está muy preocupada por esto y ha emitido declaraciones al respecto, en particular en cuanto a niños y adolescentes, porque sabemos que de ellos, quienes tengan problemas de salud mental o trastornos psiquiátricos, un porcentaje tiende a persistir en el tiempo y los lleva hasta la adultez, comprometiendo su vida saludable y su funcionalidad en la sociedad”.  

Abordaje interdisciplinar

En ese sentido, explica el doctor García, “uno de nuestros pilares como institución, junto a nuestra historia como unidades con un programa común de más de 40 años en la formación de especialistas, así como trabajar en extensión e investigación. Con mejores recursos podremos avanzar más en la formación no solamente de médicos, sino que también contribuir a que todos los profesionales vinculados al desarrollo de niños y adolescentes tengan una formación en salud mental. Este es un ámbito que no depende solo de la psiquiatría; estamos hablando de una interdisciplina a la que diferentes sectores pueden contribuir para hacer cambios en la sociedad de manera de prevenir problemas mayores. Desde el nivel familiar hasta ámbitos como la economía, la ocupación, la migración, los sistemas, etc. La visión tiene que ser más macro. Nosotros queremos contribuir desde la formación, pero también a partir de un encuentro con otros sectores para enfrentar estas situaciones relacionadas para posibilitar un mundo mejor para niños y adolescentes como sujetos de derecho, para tener una vida más plena. Podemos trabajar con las áreas de educación, salud, justicia, con los sistemas de desarrollo social, aportando en la generación del conocimiento y elaborando en conjunto estrategias de solución en el área de salud mental”.

Por ello, señala que con miras a “fortalecer nuestro grupo académico, posiblemente vamos a requerir nuevos recursos para poder abarcar estas áreas y trabajar más allá de lo puramente psiquiátrico: esto significa establecer nexos con personas que se dedican a salud mental de diferentes dependencias de nuestra Facultad. Nuestro énfasis es facilitar un trabajo conjunto para forjar un camino en común, que vayamos construyendo juntos”. Paralelamente, agrega, “estamos trabajando hace tiempo con el Departamento de Educación en Ciencias de la Salud para reformular el programa de formación de nuestros especialistas en psiquiatría de la infancia y adolescencia, en donde el componente de salud mental tiene que ser importante, y eso está caminando bien”.

Y desde una perspectiva intersectorial, esperan avanzar con otras facultades de la Universidad de Chile –tales como Derecho y Ciencias Sociales- e instituciones como el Ministerio de Salud, “con la que hemos trabajado anteriormente para contribuir en salud mental, en comisiones abordando toda la situación de infancia y adolescencia, temas como el autismo y otros”.

¿Cómo esperan fomentar la generación de nuevo conocimiento?

La investigación nos interesa mucho, por lo que esperamos participar a nivel nacional e internacional en proyectos relacionados con las metas establecidas por salud para el próximo decenio en términos de salud mental, pues estos temas serán prioritarios en términos de políticas públicas y contarán con financiamiento. Por ejemplo, tenemos algunas investigaciones en autismo junto a un grupo latinoamericano de expertos, lo que aumenta las posibilidades de acceder a diferentes fondos en Chile y el extranjero.

Un ámbito en el que cree que deberán generar avances es en materia de perspectiva de género. “Es una de las situaciones que se ha relevado en el último tiempo y que no se ha abordado suficientemente. Por ejemplo, en el autismo el diagnóstico es mucho más tardío en mujeres y ha habido poco estudio, pese a que las formas de presentación de esta neurodivergencia son distintas entre hombres y mujeres. Falta mucha investigación, también, para la elaboración de estrategias de intervención especializadas en perspectivas de género. También estamos reformulando el tema de las divergencias sexuales en el programa de formación, con miras a la mejor inclusión de los grupos diversos.

¿Cómo cree que debe ser una aproximación a la disminución en las brechas de acceso a la atención en salud mental?

En ese sentido, estamos muy alineados con el predicamento de la OMS, porque esa brecha no se soluciona solo con más médicos especialistas, sino que con una mirada más general que tenga no solo a todo el personal de salud más involucrado en los temas de salud mental, sino también a todas las profesiones afines, de manera de involucrar a la comunidad. La idea es ofrecer capacitaciones a nivel primario de atención sobre algunos temas específicos que se puedan priorizar a través de investigaciones, y haciendo consultorías posteriores en distintas áreas para poder abordar esta temática, que es enorme. Si uno de cada cuatro o cinco niños y jóvenes va a tener problemas en este ámbito, es imposible que lo puedan abordar solo los especialistas, tiene que haber una mirada más amplia, en el nivel primario de atención, con participación comunitaria, en el sector escolar e incluyendo a las familias”.  

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