Con una alta carga emocional y laboral

Estudio evidencia que mujeres siguen siendo las principales encargadas de la alimentación familiar

"Transmisiones Alimentarias en el Entorno Doméstico" fue el nombre del seminario en el que se presentaron los resultados de un estudio FONIS aplicado en la comuna de San Joaquín. El objetivo del estudio fue evaluar la incidencia del entorno doméstico en las dinámicas alimentarias de familias con niños y niñas de entre 6 meses a 5 años de edad. La investigación fue desarrollada por las antropólogas Carolina Franch, Paula Hernández, Isabel Pemjean y la Dra. Lorena Rodríguez, subdirectora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile.

Los estudios internacionales demuestran que para combatir el problema de la obesidad y modificar la conducta alimentaria es necesario considerar que las decisiones de consumo no dependen únicamente de los individuos, sino que están determinadas por las condiciones en que estos viven y se desarrollan, y por el entorno que les rodea.  El ambiente doméstico, escasamente estudiado en Chile, se estima como de los más complejos, debido a la diversidad de hogares y sus distintas costumbres, pero su relevancia es muy alta debido a que constituye el principal espacio donde se definen, simbolizan, transmiten y reproducen los hábitos de vida, las preferencias y tradiciones alimentarias.

Para Carolina Franch, directora del proyecto, “las motivaciones de estudiar temáticas como mujer, pobreza, obesidad en los entornos alimentarios domésticos, corresponde a la continuidad de una línea de trabajo de un equipo transdisciplinario conformado por profesionales de las ciencias sociales y las ciencias médicas de la Universidad de Chile, que apostamos por proyectar una mirada integral de la obesidad, enfatizando justamente en esos grupos sociales en los que se concentra dicha condición. El objetivo no es seguir estigmatizándolos, sino habilitar un diálogo y una escucha atenta sobre los factores estructurales que hacen que las mujeres pobres y sus hijos e hijas sostengan y transmitan patrones de consumo perjudiciales, que merman su calidad de vida. Nuestras investigaciones apelan por una academia más cercana y vinculada y una investigación comprometida por el buen vivir”.

Esta integralidad, a juicio de las investigadoras, además las obligó a proponer una mirada cultural, que privilegiara el enfoque de género, desplazando las perspectivas tradicionales que apuntan a reproducir las indicaciones de una dieta saludable y la realización de actividad física sistemática, “orgánicas que siguen apelando al cambio individual y responsabilizando exclusivamente a las personas como causantes de sus malos hábitos” destacan.

En este sentido Isabel Pemjean, explica que la realización de este proyecto FONIS surgió “de la preocupación por alarmantes cifras de sobrepeso y obesidad presentes en el país, pero también y con mayor énfasis por las desigualdades que su distribución expresa, ya que afecta en mayor medida a las mujeres y, entre ellas, a aquellas de menor nivel educacional, y también entre escolares que son parte de hogares con menor nivel socioeconómico. A esto hay que sumar que la infancia ha demostrado ser un período crítico para fijar hábitos, tanto para la alimentación como para la actividad física, y somos las mujeres quienes nos ocupamos principalmente de todo el ciclo alimentario (compra, preparación, limpieza y desecho de los alimentos), por lo que nos preguntamos cómo están operando las transmisiones alimentarias dentro de los hogares de familias con niños y niñas en un comuna de ingresos medios y bajos del Gran Santiago, como es la comuna de San Joaquín”.

Pemjean agrega, por otra parte, que “más allá de la disponibilidad y el acceso a los alimentos saludables, nos interesó conocer cuáles son las dinámicas, las prácticas y los distintos arreglos que están operando al interior de los hogares, qué es lo que están aprendiendo niños y niñas en sus entornos domésticos. Nos interesó, por tanto, comprender la alimentación desde el enfoque de los ambientes (entornos) alimentarios y la caracterización del ambiente alimentario doméstico”.

Adaptándose a la realidad epidemiológica

Desarrollar el proyecto fue un gran desafío según explica otra de las investigadoras, Paula Hernández. “En primer lugar, porque cuando fue pensado en 2019 dimos mucho énfasis al diseño de instrumentos de recolección de datos, por ejemplo, diseñamos pautas de entrevistas y observación etnográfica detallada, junto con bitácoras alimentarias, como herramientas para comprender la transmisión de las prácticas y los cambios generacionales en relación a la alimentación. Pero llegó la pandemia en 2020, lo que nos obligó a replantear toda la investigación, y especialmente la metodología, pues -desde una perspectiva cualitativa- lo tradicional y esperado es el contacto directo, in situ, cara a cara con las personas participantes, y eso ya no podría ser”.

“Luego de mucha reflexión y un ejercicio importante de flexibilización, pudimos adaptar los instrumentos a las nuevas circunstancias. Aplicamos las entrevistas telefónicamente y cuando las restricciones sanitarias disminuyeron hicimos visitas a algunos de los hogares, combinando la técnica de la observación etnográfica con una bitácora fotográfica más acotada que la originalmente diseñada. A pesar de los obstáculos, fue posible recopilar información muy valiosa para los objetivos del proyecto. Este desafío también nos llevó a nuevas reflexiones y aprendizajes respecto a los modos de abordar el trabajo colectivo de investigación desde una perspectiva transdisciplinaria y cualitativa en tiempos de crisis, incertidumbre y virtualidad”, comenta la investigadora.

Las tareas del cuidado y alimentación siguen recayendo en las mujeres

Los hallazgos de este estudio evidenciaron la existencia de la continuidad de un ordenamiento dicotómico entre hombres y mujeres al interior de las casas, donde las últimas siguen siendo las principales -sino las únicas- encargadas de todo el proceso alimentario de las y los integrantes del núcleo familiar, mostrando una alta carga emocional y laboral. Las mujeres-madres frente a este contexto deben intentar organizar sus tiempos y múltiples actividades, compatibilizando un conjunto de quehaceres que incluye también, en muchos casos, sus trabajos remunerados.

Según detalla la Dra. Lorena Rodríguez, como una forma de difundir estos resultados y a la vez cerrar el proyecto, el pasado 30 de junio se realizó una jornada “en la que tuvimos más de 70 asistentes, la mayor parte de ellos vinculados a la atención primaria de salud de nuestro país, de distintos niveles, Servicios de Salud, SEREMI y Centros de Salud Primarios, lo que contribuyó a enriquecer mucho los resultados, porque nos permite visualizar las implicancias de esta información y su aplicación en atención primaria, donde se atienden muchas personas con problemas de alimentación y nutrición, y donde se deberían tener siempre en consideración estos contextos sociales y las dinámicas alimentarias, que exponen los resultados del estudio. Por otra parte, mirándolo más ampliamente, esto también puede determinar importante evidencia para las políticas públicas, ya sea de nivel nacional o local, pensando en la necesidad de mejorar los entornos alimentarios en que se desarrolla la vida de la gente para favorecer una mejor conducta alimentaria”.

En este sentido, Carolina Franch agrega que “por eso nuestras propuestas de intervenciones dan cuenta de otros factores para los cambios que necesitamos. Posibilitar una planificación culinaria que implique transformar lo que ocurre en ese territorio que llamamos cocina y casa, que implique que la cocina deje de ser aquella actividad solitaria y reservada para las mujeres y pase a ser algo pensado y realizado de manera colectiva, integrando a más miembros del hogar, adultos y jóvenes, permitiendo una distribución de cargas. Mientras más manos y cabezas cocinan, aumenta la creatividad, nuevas preparaciones emergen y se van retomando tradiciones y acciones que poco a poco pueden ir deshabilitando las dinámicas que observamos y que han mostrado un cúmulo complejo de prácticas perjudiciales para la salud, para nuestros cuerpos y para las relaciones sociales”.

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