Considerado como el “padre de la Internet en Chile”, el académico y vicerrector de Tecnologías de la Información (VTI), José Miguel Piquer, ha estado ligado desde siempre a la Universidad de Chile. En 1979 ingresó a estudiar ingeniería, tras lo cual fue contratado como profesor del Departamento de Ciencias de la Computación (DCC), donde estuvo a cargo de configurar los equipos para enviar el primer correo electrónico, en una investigación y hazaña conjunta con la U. de Santiago; junto a inscribir el dominio.cl, y posteriormente participó en la creación de la primera página web en nuestro país.
Hoy ha sido ratificado como vicerrector de Tecnologías de la Información, unidad creada hace dos años bajo el mandato de Ennio Vivaldi, lugar donde continuará con tareas como "ayudar a definir qué quiere ser la Universidad de Chile digital del futuro”, dado el actual escenario tras la pandemia, que obligó a adaptarse y adquirir nuevas herramientas y estrategias para la continuidad del proceso educativo y laboral desde lo remoto.
Hoy es Rosa Devés, la primera mujer en la historia de la U. de Chile quien lidera el plantel. ¿Cómo analiza ese proceso?, ¿cuál es el aporte desde la VTI en este momento?
Tener una primera rectora mujer, y en particular a Rosa Devés, es un evento que esrelevante para el país entero, y sobre todo para nosotros que vamos a trabajar con ella. Pasé cuatro años como Director de Tecnologías y dos años de vicerrector y, por lo tanto, mi sensación era que habíamos cerrado un ciclo importante que nos habíamos propuesto hacer. Lo lógico es que con el cambio de rector cambiara también el vicerrector, así que me sorprendí bastante cuando la rectora me pidió quedarme. Me gustaría mucho dejar los proyectos que siguen abiertos a nivel tecnológico lo más cerrados posibles en la universidad y ayudar a esta nueva rectoría a empujar su nuevo sello.
En 2020, ¿por qué se creó la VTI?
Creo que porque la tecnología hoy día está justo en ese punto en donde la universidad puede elegir transformarse en una universidad muy distinta, con las mismas misiones y con los mismos objetivos. Por ahora pienso que en los próximos diez a veinte años tenemos que repensarnos y pensar que queremos que sea la Universidad de Chile en el futuro, en esta versión digital de la universidad.
De alguna forma la tecnología siempre ha estado en la universidad, en su corazón, pero era operacional. La estrategia se discutía, el rector y su equipo decidía qué querían que la universidad hiciera, y le pedían al director de Tecnologías de la Información que implementara lo que ellos necesitaban. Ahora la discusión es distinta, es pensar, la tecnología, ¿en qué nos puede transformar y en qué no?, porque hay cosas que la tecnología no puede hacer. Ahora, mi misión como vicerrector no es solo decir qué es lo que la tecnología puede hacer o no, sino que también mostrar, proponer. En el fondo, que uno puede encontrar una forma totalmente distinta de cumplir el mismo objetivo, aprovechando las plataformas tecnológicas, donde algunos caminos son buenos, otros son malos, y otros son imposibles.
Actualmente, ¿en qué proyectos está la VTI y cuáles son sus principales ejes?
La mirada a largo plazo es que las tecnologías, que llamamos la transformación digital de la universidad, van a generar un cambio radical en nuestra forma de hacer las cosas en todos los niveles. En el fondo, la investigación, la docencia, la extensión -toda la misión de la universidad se cumple- no cambia, pero la forma de hacer las cosas para lograr esa misión es muy distinta en un mundo interconectado con tecnologías disponibles existentes y con habilidades digitales de toda la comunidad.
El objetivo de la vicerrectoría en el mediano y largo plazo es ayudar definir qué quiere ser la Universidad de Chile digital del futuro. Ese objetivo requiere pensar y estudiar lo que hay a nivel tecnológico, político, y estratégico.
Para darte ejemplos simples de preguntas abiertas que surgen en torno a esto, después de la pandemia nos quedamos con esta capacidad de tener estudiantes remotos en cualquier lugar del mundo haciendo clases. Si queremos mantener eso activo como algo normal, es cosa que podamos tener estudiantes de pregrado de forma remota, en forma permanente y persistente. Ahí uno podría empezar a preguntarse: ¿de dónde queremos que vengan esos estudiantes remotos?, ¿queremos cubrir todo Chile?, ¿queremos asociarnos con las otras universidades estatales y hacer una oferta común para permitir movilidad virtual masiva, o hacemos un acuerdo regional con todas las universidades hispanoparlantes -con España incluido- o pensamos a tener versiones en inglés? Se te abre un universo de preguntas estratégicas que van mucho más allá de la tecnología.
Nuestra misión como vicerrectoría es decir: "la tecnología nos permite esto, hoy podemos cubrir estas posibilidades, podemos transformarlo en base a estas tecnologías nuevas". La misión es entonces conversar entre todos, a nivel estratégico y a nivel de la comunidad, a dónde queremos llegar, qué queremos que sea esta universidad digital del futuro. Esa conversación es nuestra razón de ser como vicerrectoría.
Además de eso, heredamos la responsabilidad de la definición de tecnologías de la universidad, que es un área más grande, cuya responsabilidad es que el nivel tecnológico de la universidad opere. Es lo que nosotros llamamos la continuidad operacional, que el sistema no se caiga, que funcione, y eso implica desde pagar los sueldos hasta inscribir los ramos. Es muy fácil distraerse en la operación cotidiana, en la emergencia, y olvidarte de la misión estratégica, de pensar en el futuro. Por eso nuestro verdadero desafío para los próximos años, es lograr que esa operación cotidiana se modernice y se haga bien porque no todos nuestros sistemas están bien al día. Por lo tanto, necesitamos una actualización, y eso es de los grandes proyectos en lo que estamos hoy día, estamos modernizando el sistema administrativo contable, que es fundamental.
Tras la pandemia, ¿con qué elementos de lo implementado nos quedamos hoy, ya de retorno a la aulas y campus?, ¿cómo se vislumbra ese escenario de lo hibrido, de estudiar a distancia?
La pandemia nos obligó a avanzar mucho más rápido y más allá de lo que probablemente hubiésemos querido llegar con poca preparación. O sea, la docencia online que hicimos en la pandemia fue fundamental y clave para que la universidad sobreviviera, pero si uno hubiese decidido transformarse en una universidad online estratégicamente, no se puede pensar que la misma clase presencial que hacemos todo el tiempo, es la misma que vamos a hacer online y no vamos a transformar nada más.
Esto genera una oportunidad, porque efectivamente la gente descubrió que la docencia online funcionaba, y que la tecnología y la infraestructura nos permite hacerlo. Tuvimos que generar algunos apoyos, porque más o menos un 10% de nuestros estudiantes no tenían las posibilidades de recibir clases online con sus propios recursos, así que los apoyamos con conectividad; a algunos incluso con equipamiento para que pudieran tener clases en sus casas, y eso es un apoyo que queremos mantener en el tiempo.
Hay distintas experiencias de ramos, de estudiantes, de profesores que quedaron un poco frustrados y que la vuelta a la presencialidad se tomó como una oportunidad un poco espectacular de volver a vernos, de volver a clase. Tengo una posición en ese sentido en que debemos insistir en mantener una universidad hibrida en todos sus aspectos. No sé si lo vamos a lograr, porque al final esos son cambios culturales, no son solo tecnológicos y además tenemos que descubrir bien cómo usar la tecnología para que los sistemas híbridos funcionen.
Entró a estudiar ingeniería en la U. de Chile en 1979, y de ahí ha hecho carrera como académico y ahora como vicerrector. En este trayecto, ¿cómo ha cambiado el quehacer universitario?, ¿qué le diría a las nuevas generaciones?
Es una extraña contradicción porque siento que la universidad ha cambiado muy poco. En el fondo, si uno asiste a una clase de cálculo de plan común de ingeniería y la comparo con una clase de cálculo que yo tuve, probablemente se parecen mucho. Todavía a los matemáticos les gusta mucho ocupar la tiza y el pizarrón. La sala de clase es la misma sala, digamos, están mucho más bonitas, tienen mucha más calefacción y aire acondicionado que antes, la gente está más cómoda, pero mi sensación es que estamos haciendo más o menos lo mismo durante todo este tiempo.
Por otro lado, está la tecnología, las plataformas como U-Cursos y zoom para hacer clases, o incluso reuniones. Las reuniones políticas de los estudiantes las hacen con este tipo de herramientas y pueden juntar a miles de personas, cuándo son reuniones masivas de todas las universidades. Entonces, tengo esa especie de contradicción, donde siento que al final las cosas no han cambiado mucho y por otro lado, sí hay cosas que han cambiado mucho.
Como buen viejo, me funciona mejor darle mensaje a los viejos: yo creo que nos queda por hacer una gran transformación todavía. Algunas cosas de la investigación cambiaron radicalmente, y algunas cosas del aprendizaje de los estudiantes no tienen nada que ver a lo que era en nuestra época. Creo que el seguir suponiendo que tenemos que hacer clases una hora y media, con los estudiantes ahí sentados, escuchando a este gran profesor, ya no va con el síntoma de los tiempos y de lo que los estudiantes necesitan. Yo creo que es normal que ellos se aburran en clases y que estén distraídos en sus teléfonos haciendo otras cosas, y creo que tenemos que juntar más esas perspectivas. La universidad tiene que acercarse más a lo que estos chicos nuevos necesitan, buscan y están acostumbrados.
¿Cómo debiera ser la universidad del futuro entonces?
Creo que debiera ser más flexible, que la universidad del futuro debiera ser una menos de este tipo: ‘yo te doy este contenido, y es la única forma de darte el contenido’. O sea, en el fondo, ser una universidad más abierta a distintas formas de aprendizaje y a distintos tipos de estudiantes. Mi sensación es que los estudiantes jóvenes que recibimos hoy en día, son más diversos culturalmente, e incluso en formas de pensar, como lo que era cuando yo entré. Creo que nosotros tenemos que adaptarnos como universidad a eso y entregar los contenidos de forma mucho más flexible, más adaptable a lo que el estudiante quiera.