Académica de la Universidad Veracruzana de México

Ahtziri Molina expondrá sobre aprendizajes de la pandemia en extensión universitaria y vinculación con el medio

La representante para América Latina de la Association of Cultural Studies será parte de la segunda jornada titulada “Colaboración de las Universidades con la sociedad: Miradas hacia el futuro”, donde participará con su ponencia “Tercera función sustantiva en México tras la pandemia; aprendizajes y porvenires”. Respecto a este tema, plantea en la siguiente entrevista, “tenemos que repensar lo que se hizo durante la pandemia, qué es lo que viene después, y cómo continuamos con las herramientas adquiridas desde nuestros espacios”.

Debatir sobre el rol de las universidades, en cuanto a cómo fortalecer vínculos con la sociedad y establecer lazos de colaboración, es el objetivo de esta instancia abierta al público, que se realizará en formato híbrido y será transmitida por los canales oficiales de las organizaciones convocantes. En ella, panelistas y expertos internacionales como Agustín Cano (Uruguay) y Ahtziri Molina (México) dialogarán en torno a los desafíos que enfrentan las instituciones de educación superior en extensión y vinculación con el medio. ¿Qué sucederá cuando volvamos a encontrarnos cara a cara? ¿Qué desafíos nuevos vienen? De eso y más nos cuenta la académica e integrante del Sistema Nacional de Investigadores de México.

- ¿De qué se tratará tu ponencia en el seminario “Desafíos universitarios de la Vinculación con el Medio” y cuál es la importancia de generar este tipo de espacios académicos?

Mi ponencia aborda y trata sobre la tercera función, que es la que a veces se conoce como vinculación, extensión universitaria o difusión de la cultura y sus diferentes acepciones. Vamos a repensar qué le ha pasado a la tercera función durante la pandemia como un espacio de vinculación, a entender lo que se hizo y, sobre todo, qué es lo que viene después, ya que tenemos las herramientas adquiridas desde nuestros espacios. Entender también qué sucede cuando ya nos vuelvan a poner cara a cara... ¿Qué desafíos nuevos vienen con eso? De eso más o menos vamos a hablar.

- ¿Cómo la educación y la vinculación con otras instituciones, académicos y entre los estudiantes debió cambiar en medio del contexto sanitario?

Históricamente, la tercera función ha sido la cara pública de la universidad, el espacio donde la población identifica que hay una serie de actividades, sean talleres deportivos, culturales, acciones sociales, procesos de capacitación, de alfabetización en comunidades, etc. Una serie de tareas donde la universidad puede alcanzar su presencia para todos, de modo continuo. En el momento de la pandemia cerraron obviamente estos espacios y desapareció esa posibilidad de seguir en lo público y de tener esta ventana y esta puerta abierta que nos mantenga presentes en el imaginario social, y que además esté regresando.

Se notó mucho en las ciudades que son altamente estudiantiles, como es la ciudad de Jalapa, donde yo vivo. Por ejemplo, las personas que rentan los cuartos, quienes atienden las comidas estudiantiles, quien vende las fotocopias y tal, todos ellos dejan de percibir, dejan de sentir a la universidad cotidiana como parte de su entorno. El tiempo no se extendió, se dobló la posibilidad de trabajar, pero no las horas que tenemos nosotros, ni tampoco la disponibilidad laboral, ni creció nuestra planta laboral para hacerlo. Por lo tanto, creo que vamos a tener que ser ahora muy selectivos y muy claros con lo que hemos aprendido, de cuándo y cómo vamos a reforzar el trabajo que estamos haciendo a través de medios digitales y/o de otras herramientas que hemos aprendido a utilizar durante estos tiempos.

- De acuerdo a tu experiencia, ¿cuál crees que es la principal función de la extensión universitaria?

Creo que tiene varias, pero hacer presencia, el que la universidad esté presente en la vida social y, sobre todo, que la universidad no solo esté presente en la memoria, en el imaginario, sino que sea capaz de leer lo que está sucediendo en lo cotidiano para poder aportar desde opiniones hasta posibilidades y respuestas a las problemáticas comunes.

- ¿Qué impresión tienes del escenario latinoamericano actual en cuanto a políticas culturales?

La cultura no es oropel, no es un gasto, sino que es una inversión a futuro en muchos sentidos, porque implica las reflexiones individuales de quién soy, dónde estoy, cómo me construyo, cómo pensarnos y construirnos a niveles sociales, sobre todo en procesos complicados que tenemos en nuestra América Latina, como la pobreza y la violencia, con sus múltiples divisiones, sean el narcotráfico, los paramilitares o las guerrillas. Tenemos un montón de situaciones de violencia.

Hay un montón de elementos que tenemos que estar todo el tiempo metiendo en juego y construyendo estas políticas, desde el quiénes somos, desde los muchos quiénes somos, no quiénes queremos ser y desde el centro que estamos erigiendo. Al poner nuestro territorio como el definitorio de lo que queremos hacer y no volteando miradas hacia Occidente, hacia Estados Unidos, Europa del cómo se supone o suponen allá que tendríamos nosotros que ser.

- Destacas la relevancia de proponer nuevas formas organizativas de la extensión universitaria, que le permitan jugar un papel activo en los procesos de globalización ¿Cuáles crees que serían esas nuevas formas organizativas?

De la universidad sabemos que, al ser una institución históricamente muy antigua y con estructuras muy claras, pero también rígidas, es capaz de anquilosarse con facilidad, aun cuando creamos y decimos que estamos en procesos totalmente nuevos y renovados.

Una de las cosas que la universidad, al menos la mexicana, continúa haciendo con mucha frecuencia es hacer que las cosas se miren desde arriba, con verticalidad, y no desde procesos más horizontales. Cuando hablo de procesos horizontales, hablo de lo que sucede en el salón de clases, con los estudiantes, con la posibilidad de interactuar con los colegas en los claustros, pero también, y sobre todo, con lo que observamos como viable y posible para aprender desde los espacios comunitarios a los cuales asistimos y con los cuales observamos e interactuamos con frecuencia. Como se menciona en la extensión, yo extiendo la universidad a ti porque yo sé que tú necesitas cambiar.

- ¿Cómo debemos fortalecer los vínculos dentro de las comunidades educativas?

La comunicación entre los seres humanos es básica, es elemental para poder existir en sociedad, y la comunicación al interior de la universidad, el intercambio entre quiénes somos, qué hacemos y cómo nos vamos a organizar al interior de la universidad es fundamental para sostener la vida universitaria con su autonomía, con sus posibilidades de generar respuestas alternativas a lo que ya existe, al pensamiento diferenciado.

No es sorprendente para nadie que los recursos de las universidades públicas en nuestra región están cada vez más a la baja y que la presencia de las universidades privadas aumenta con la privatización de la educación superior. Este es un tema bastante tratado entre los claustros de profesores, pero en relación tanto con alumnos como con administrativos, trabajadores manuales, técnicos operativos de las diversas áreas. Es fundamental que sepamos que si yo bien me dedico a estar en el laboratorio de neurología y aquella otra persona toca un violín y aquel otro está estudiando bioquímica, todo esto es fundamental, el saber que tenemos una idea común, una identidad que nos arropa de quiénes somos y para qué hacemos lo que hacemos.

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