Ciencia

Turismo de lujo en la Antártica y el debate sobre conservación: especialistas U. de Chile y del Instituto Milenio BASE advierten riesgos ambientales

Turismo de lujo en la Antártica y el debate sobre conservación
 Luis Valentín Ferrada, académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile e investigador principal del Instituto Milenio BASE y especialista en derecho Antártico. (Crédito Instituto Milenio BASE)
Luis Valentín Ferrada, académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, investigador principal del Instituto Milenio BASE y especialista en derecho antártico. (Crédito Instituto Milenio BASE)
Dr. Elie Poulin, profesor titular de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y director del Instituto Milenio BASE.(Crédito Instituto Milenio BASE)
Dr. Elie Poulin, profesor titular de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y director del Instituto Milenio BASE. (Crédito Instituto Milenio BASE)
Dra. Julieta Orlando, académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, directora alterna del Instituto Milenio BASE y presidenta de la Sociedad de Microbiología de Chile (SOMICH). (Crédito Instituto Milenio BASE)
Dra. Julieta Orlando, académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, directora alterna del Instituto Milenio BASE y presidenta de la Sociedad de Microbiología de Chile (SOMICH). (Crédito Instituto Milenio BASE)
Pingüinos en la Antártica: la presencia humana en zonas de reproducción y descanso puede aumentar la perturbación y afectar a especies clave del ecosistema. (Crédito Instituto Milenio BASE)
Pingüinos en la Antártica: la presencia humana en zonas de reproducción y descanso puede aumentar la perturbación y afectar a especies clave del ecosistema. (Crédito Instituto Milenio BASE)

En los últimos años, la actividad turística en la Antártica se ha diversificado, desde grandes cruceros hasta viajes con desembarcos. En un territorio tan frágil y de recuperación lenta, esta presencia humana puede generar impactos acumulativos, especialmente cuando las visitas se reiteran en un número acotado de lugares. 

Luis Valentín Ferrada, académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile e investigador principal del Instituto Milenio BASE, explica la presión local en ciertas ubicaciones como una paradoja: “La Antártica es gigantesca, pero los lugares más populares son los mismos, por lo que desembarcos, recorridos y actividades se repiten en sitios sensibles, particularmente en la península antártica”, explica.

Biodiversidad bajo presión

Desde el punto de vista de la ecología, el Dr. Elie Poulin, profesor titular de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y director del Instituto Milenio BASE, identifica dos riesgos principales del turismo antártico: “la introducción de especies exóticas”, transportadas inadvertidamente en ropa, calzado o equipos, y el “impacto directo y acumulativo” sobre la biodiversidad del territorio nevado.

Si la tendencia continúa, advierte, podrían intensificarse los efectos sobre colonias reproductoras de aves y mamíferos marinos, aumentando la perturbación durante períodos críticos como la reproducción y crianza de especies protegidas.

Además, el Dr. Poulin explica un factor menos visible: la posible alteración de la microbiota del suelo antártico, clave para los ciclos de nutrientes. Esto podría dificultar o retrasar la recuperación de la vegetación incluso cuando el daño evidente ya no se observe. Otro punto crítico es la transferencia de patógenos entre sitios y especies, facilitada por el movimiento de personas y equipos.

Para el científico: “No deberíamos asumir un aumento continuo del turismo ni la concentración de visitas en los mismos sitios sensibles. En cambio, debería exigirse límites estrictos de visitantes y operadores, una regulación basada en evidencia científica, bioseguridad obligatoria y fiscalizable, y que la protección de la biodiversidad sea el criterio central en cualquier actividad humana en la Antártica”.

Planificación, monitoreo y reducción de huella

Para Julieta Orlando, académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, directora alterna del Instituto Milenio BASE y presidenta de la Sociedad de Microbiología de Chile (SOMICH), compatibilizar turismo, ciencia y conservación exige fortalecer la planificación y el monitoreo de largo plazo.

Desde el territorio antártico, la investigadora explica cómo se pueden compatibilizar adecuadamente los ejes de turismo, ciencia y conservación: “Es necesario fortalecer la planificación y el monitoreo a largo plazo. Esto incluye limitar la presión humana en zonas sensibles, mejorar los estándares de bioseguridad y avanzar hacia una reducción efectiva de la huella ambiental de todas las actividades”.

Agrega: “Es clave que las decisiones se basen en evidencia científica actualizada, integrando el conocimiento sobre la biodiversidad, el funcionamiento de los ecosistemas y los efectos acumulativos del cambio climático. La Antártica requiere una visión integrada que reconozca su valor global y priorice su protección por encima de los intereses de corto plazo”.

Asimismo, la Dra. Orlando subraya que la Antártica cuenta con un marco robusto de gobernanza internacional: “Es uno de los territorios más regulados del planeta gracias al Sistema del Tratado Antártico”. En este escenario, agrega, la efectividad del sistema depende del compromiso de Estados y actores involucrados con la protección del continente.

Una problemática mayor: el cambio climático

Si bien el turismo concentra parte de la discusión pública, los especialistas coinciden en que el diagnóstico de fondo es más amplio. “La principal amenaza, por lejos, es el cambio climático”, enfatiza el abogado especialista Ferrada.

La investigadora Orlando complementa que el aumento de temperatura ya está alterando ecosistemas completos, afectando la disponibilidad de hielo, la dinámica oceánica y la biodiversidad, con impactos en especies clave como el krill y los pingüinos y consecuencias en toda la red trófica.

En esa línea, Ferrada subraya que proteger la Antártica requiere coherencia global: el continente blanco no solo influye en el clima del planeta, también recibe los efectos de decisiones tomadas lejos de sus costas. Por ello, junto con fortalecer control, bioseguridad y monitoreo para reducir impactos locales, el llamado final apunta a enfrentar el desafío central: reducir emisiones y frenar los procesos que están transformando aceleradamente uno de los ecosistemas más sensibles del mundo.