Educación escolar

Brecha de género preocupa en SIMCE 2025 pese a recuperación de aprendizajes

SIMCE 2025: persiste brecha de género tras recuperación
ciae
Los resultados del SIMCE 2025, que evaluaron a estudiantes de cuarto y octavo básico y segundo medio, muestran una recuperación de los aprendizajes tras la pandemia, pero mantienen alertas entre los expertos por la persistente brecha de género en matemáticas.

Los resultados del SIMCE 2025, que evaluaron a estudiantes de cuarto y octavo básico y segundo medio, entregan una radiografía del estado actual de los aprendizajes en el sistema escolar chileno. “Estos resultados nos entregan una radiografía de dónde estábamos en 2025 y también una trayectoria en distintos grados educativos”, dice el director del CIAE y académico del Instituto de Estudios Avanzados en Educación, Juan Pablo Valenzuela. “Es un termómetro que nos permite saber cómo estamos avanzando, si algunas cosas que estamos haciendo van en el sentido correcto y también identificar aquellos desafíos”, agrega.

En esta nota, diversos investigadores del CIAE y académicos del Instituto de Estudios Avanzados en Educación analizan las conclusiones clave de estos resultados.

Los resultados promedio se estabilizan en niveles prepandémicos luego de dos años de alza

“Los resultados del SIMCE dan cuenta de una consolidación de la recuperación de aprendizajes que habían caído después de la pandemia, tanto en cuarto básico como en segundo medio”, afirma el investigador del CIAE, Xavier Vanni. En efecto, en matemáticas de cuarto básico los estudiantes alcanzaron 262 puntos promedio, similar al SIMCE de 2018 y 12 puntos por encima de los primeros resultados pospandemia de 2022. Esto también se da en Lenguaje, donde el promedio llegó a los 272 puntos, similar al período prepandemia y 9 puntos más que en 2022.

También se mantiene estable la cantidad de estudiantes en los niveles de conocimiento: el 36% de los estudiantes de cuarto básico estaba en 2025 en nivel insuficiente, 8 puntos menos que en 2022 y llegando a niveles que existían antes de la pandemia. Sin embargo, preocupa que solo un cuarto de las y los estudiantes esté en nivel adecuado en cuarto básico.

Se mantiene la brecha de género que aumentó tras la pandemia

Uno de los temas que más preocupa a los expertos es que se mantenga la brecha de género en matemáticas que se amplió durante la pandemia. Así, en matemáticas de cuarto básico, los niños superan a las niñas por 15 puntos. En 2018, esta diferencia era de solo 5 puntos. En octavo básico, esta distancia se amplifica, al caer las niñas 7 puntos en su rendimiento, mientras que la diferencia respecto de los niños, que en 2014 era de 5 puntos, se duplica, llegando a 11 puntos. De igual manera, en segundo medio, la brecha en matemáticas se mantiene respecto de 2024, pero es el doble que en 2018: 4 puntos de distancia versus 8 puntos en 2025.

“Las niñas en cuarto básico, en el área de matemáticas, llevan un año de aprendizaje menos que sus pares hombres. Y mientras los niños están en un nivel histórico de mejor y sostenido desempeño, las niñas siguen acrecentando sus brechas”, afirma el director del CIAE, Juan Pablo Valenzuela.

Para la académica del Instituto de Estudios Avanzados en Educación e investigadora del CIAE, Lorena Ortega, es preocupante que estos resultados coincidan también con la prueba PISA, test internacional que rinden los países de la OCDE, donde Chile aumentó sus brechas tras la pandemia, situándose como el país con una de las mayores brechas de América Latina y el Caribe. “Las brechas en el rendimiento en matemáticas se asocian también a las actitudes hacia las matemáticas y hacia las áreas STEM -ciencias, ingeniería, tecnología y matemáticas-, donde sabemos que existe una menor participación femenina y que esto tiene implicancias también para la igualdad salarial y para el retorno económico que tiene la educación”, sostiene.

La brecha por nivel socioeconómico llega a su nivel más bajo en 20 años en básica

En 2002, la diferencia de resultados en matemáticas entre los estudiantes de cuarto básico de nivel socioeconómico más alto y bajo era de 81 puntos. En 2025, según los resultados entregados por la Agencia de Calidad de la Educación, dicha diferencia llegó a casi la mitad: 49 puntos, la más baja en más de dos décadas. Esta distancia también se redujo en lectura de cuarto básico, pasando de 76 a 43 puntos en el mismo período.

Educación media: cerca del 50% no logra manejar los contenidos mínimos

“Lo que es dramático es la situación de la educación media. Para abordar esto se requieren políticas muy específicas, las cuales han sido algo olvidadas en los últimos años”, sostiene el investigador del CIAE, Xavier Vanni. Si bien en educación media también se recuperaron los aprendizajes respecto del período prepandemia, ya que el promedio de estudiantes logra puntajes similares a 2018, aún casi la mitad de los estudiantes no logra manejar los contenidos mínimos para ese nivel en Lenguaje y Matemáticas, situación que se ha mantenido desde 2018.

Asimismo, en matemáticas de octavo básico, la brecha entre estudiantes de nivel socioeconómico alto y bajo se mantiene en 71 puntos, pero los estudiantes de ingresos medio y medio alto caen sustancialmente 7 y 10 puntos, respectivamente.

“Tenemos un problema estructural en nuestra educación media y en su capacidad para responder a la realidad de las nuevas generaciones de jóvenes. A esto se suma que las políticas públicas enfocadas en este nivel en la última década han sido poco sustantivas y de alcance muy limitado, y que el plan de reactivación educativa consideró pocas iniciativas específicas para los liceos”, explica Vanni.

Ansiedad matemática, factor clave en los resultados

La ansiedad matemática es una reacción emocional caracterizada por sentimientos de miedo, tensión y aprensión en situaciones que implican razonamiento matemático, tanto en contextos académicos como en la vida cotidiana. Según la evidencia nacional e internacional, las niñas experimentan mayor ansiedad matemática, lo que está asociado a un menor rendimiento en esta materia, sobre todo en pruebas que tienen altas consecuencias para quienes las rinden, como las de admisión a la educación superior.

El SIMCE 2025 reveló que 7 de cada 10 niñas de segundo medio presentan alta ansiedad académica, considerando que “las pruebas son demasiado difíciles”. Asimismo, se encontró que aquellos establecimientos que desarrollan estrategias para enfrentar la ansiedad académica obtienen entre 18 y 23 puntos más que sus pares sin estrategias.

“Uno de los desafíos claves es lograr identificar cuáles son las intervenciones que resultan efectivas para mejorar los resultados y el autoconcepto de las niñas en matemáticas. Sin duda, estas intervenciones deben acompañar no solamente a directivos y docentes, sino también poner como foco las creencias, las actitudes y la motivación de las niñas en los distintos niveles del sistema escolar, así como también involucrar a las familias, de manera que las expectativas y las actitudes que los padres y madres asocian a las matemáticas sean también fuente de expectativas altas para las niñas”, sostiene Lorena Ortega, investigadora del CIAE y académica del Instituto de Estudios Avanzados en Educación de la Universidad de Chile.

81% tiene un profesor o profesora que lo motiva

Pese a los desafíos que muestran los resultados, el informe también destaca aspectos positivos del trabajo en las aulas y del compromiso de los propios estudiantes. De acuerdo con los cuestionarios aplicados, el 81% de los alumnos afirma tener, al menos, un profesor o profesora que lo motiva a seguir intentando cuando algo le cuesta aprender, lo que da cuenta del rol clave que cumplen los docentes en el acompañamiento pedagógico.

Al mismo tiempo, los datos reflejan que muchos estudiantes mantienen disposición por aprender y reconocen el apoyo que reciben de sus profesores, lo que refuerza la importancia del vínculo educativo. De hecho, el estudio muestra que relaciones pedagógicas positivas entre docentes y estudiantes se asocian a mejores resultados en el SIMCE, evidenciando que el clima de confianza en la sala de clases puede ser un factor relevante para fortalecer los aprendizajes.

“En el aprendizaje significativo, las y los estudiantes logran una comprensión profunda y duradera de la información estudiada al integrar el nuevo conocimiento con el que ya tienen. La motivación es esencial para el aprendizaje significativo, ya que impulsa a los niños y niñas a involucrarse activamente en su aprendizaje y así consolidar el conocimiento nuevo”, explica la investigadora del CIAE, Elvira Jéldrez. Agrega que “las y los docentes son agentes fundamentales en promover esta motivación, reforzando la importancia de los aprendizajes y promoviendo un entorno que disminuya la ansiedad académica”.

Desafíos para la política pública

Aunque los resultados muestran una consolidación de los aprendizajes en cuarto básico, los expertos advierten que aún persisten inequidades urgentes en este nivel, clave para el desarrollo de aprendizajes futuros. “Mientras antes se logren las habilidades fundamentales, mejor se sientan las bases para el aprendizaje posterior”, explica Juan Pablo Valenzuela.

En ese sentido, enfatiza que uno de los desafíos prioritarios es asegurar que todos los estudiantes desarrollen tempranamente habilidades de lectura comprensiva. “Necesitamos que lo antes posible, idealmente hacia 2030, todos los niños y niñas puedan leer comprensivamente. Si no logramos eso, se hace mucho más difícil cerrar otras brechas educativas”, señala.

Otro desafío prioritario para los próximos años es avanzar hacia una política integral para la educación media. Según el investigador Xavier Vanni, se requiere “una política robusta, comprensiva y sistemática, que vaya mucho más allá del programa de liceos bicentenario y que permita transformar la educación media para hacerla más atractiva y pertinente para los jóvenes chilenos de hoy”.

Valenzuela agrega que la evidencia muestra que las mejoras educativas no ocurren de manera inmediata, sino que responden a trayectorias de largo plazo. “Hay varias acciones que van en la dirección correcta”, señala, mencionando iniciativas como las propuestas recientes de un consejo para avanzar hacia una educación sin brechas de género y las alianzas que se han impulsado para fortalecer el aprendizaje de la lectura. Sin embargo, advierte que muchas de estas acciones aún tienen una cobertura limitada o avanzan lentamente.

“Necesitamos trabajar mucho más en redes y construir grandes alianzas que permitan identificar qué está funcionando y qué no. El desafío es mejorar la calidad de la educación ahora, no en la próxima década”, plantea.

Entre las prioridades para avanzar en esa dirección, los investigadores destacan la necesidad de cerrar las brechas de género en los aprendizajes, fortalecer las condiciones de trabajo de docentes y comunidades educativas, y avanzar en el desarrollo de una carrera directiva que permita sostener procesos de mejora en las escuelas. Asimismo, subrayan la importancia de seguir utilizando datos y evidencia para orientar las políticas educativas y apoyar las decisiones del sistema escolar.