Abogado, cientista político, investigador y académico, Ignacio Walker ha desarrollado una extensa trayectoria en la vida pública chilena. Exministro de Relaciones Exteriores durante el gobierno del presidente Ricardo Lagos, exsenador y exdiputado, ha combinado la actividad política con la reflexión académica sobre democracia e instituciones.
Formado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, Walker reconoce que su paso por la casa de estudios marcó profundamente su mirada sobre el país, la política y el derecho internacional.
Decidió estudiar Derecho movido por una convicción temprana: la búsqueda de la justicia. Postuló tanto a la Universidad de Chile como a la Pontificia Universidad Católica, pero la decisión final fue clara: quería experimentar un ambiente socialmente más diverso. “Quería tener una experiencia más cercana, desde el punto de vista social, a la realidad más amplia del país”, explica.
Entre 1974 y 1978 cursó sus estudios en un contexto particularmente complejo para la educación superior chilena, en plena dictadura militar. A pesar de ese escenario, recuerda con especial aprecio su paso por la Escuela. “Tengo el mejor recuerdo por mis compañeros y compañeras, amistades que mantengo hasta hoy, y también por los profesores que sobrevivieron, que se quedaron en la Escuela y que no fueron expulsados”, señala. Entre ellos menciona a destacados académicos como Francisco Cumplido y José Luis Cea en Derecho Constitucional, y a Alfredo Etcheverry y Luis Ortiz Quiroga en Derecho Penal.
El sello de la Universidad de Chile
Tras titularse como abogado, Walker comenzó a ejercer en uno de los espacios más significativos de la defensa de los derechos humanos durante la dictadura: la Vicaría de la Solidaridad. Entre 1979 y 1982 trabajó allí presentando recursos de amparo y defendiendo a presos políticos. Con los años, su trayectoria se desplegó tanto en el ámbito académico como en el político. Fue investigador asociado y presidente de la Corporación de Investigaciones Económicas para América Latina (CIEPLAN), además de profesor en universidades chilenas y extranjeras.
Durante el gobierno del presidente Ricardo Lagos, Ignacio Walker fue su ministro de Relaciones Exteriores, recuerda: “tanto el presidente Lagos como yo éramos alumnos de la Escuela de Derecho, en distintas generaciones. Todo lo que aprendí en materia de derecho internacional público —el derecho de los tratados, el principio pacta sunt servanda, los temas limítrofes— fue muy gravitante en mi experiencia como canciller”. “En pleno ejercicio del cargo tenía este ‘disco duro’ en la cabeza: lo aprendido teóricamente en la Universidad de Chile y luego en el doctorado que cursé en Princeton”, agrega.
Más allá de lo académico, Walker sitúa la trayectoria de la Universidad de Chile dentro de la propia historia institucional del país. “La historia de la Universidad de Chile es la historia de la República”, sostiene. En esa tradición recuerda la figura de Andrés Bello, primer rector de la institución desde su fundación en 1842, y su influencia en la construcción del pensamiento jurídico e intelectual en Chile. Para el exsenador, tanto el Instituto Nacional como la Universidad de Chile han contribuido históricamente a formar las virtudes cívicas y las instituciones republicanas del país.
Un orden internacional en tensión
Hoy, desde la academia y la reflexión política, Walker observa con preocupación la evolución del escenario internacional. A su juicio, conflictos como la guerra en Ucrania, la crisis en Gaza y la tensión en Medio Oriente reflejan un debilitamiento del orden multilateral construido tras la Segunda Guerra Mundial. “Nos estamos encaminando hacia una sociedad sin reglas”, advierte, aludiendo al concepto de “estado de naturaleza” descrito por el filósofo Thomas Hobbes, donde predomina la lógica de la fuerza por sobre las normas.
“Chile ha sido promotor de una sociedad con reglas, de una rules based society”, dice. “Siempre hemos estado del lado de las instituciones, del derecho internacional, de la solución pacífica de las controversias y del multilateralismo”.
Según explica, el debilitamiento de ese orden afecta directamente los principios que han guiado históricamente la política exterior chilena. Lo que vemos hoy en la política de las grandes potencias —especialmente en la era de Donald Trump— es una política descarnada basada solo en intereses. Eso impacta profundamente en los objetivos y principios permanentes de la política exterior chilena, sostiene.
“Es muy difícil hacer proyecciones en un contexto de tanta incertidumbre, porque la política internacional depende en gran medida de los estados de ánimo de Donald Trump”, afirma. A su juicio, los contrapesos institucionales en Estados Unidos siguen siendo un factor relevante. “El derecho constitucional estadounidense contempla los checks and balances: el Congreso, el sistema bicameral, la libertad de expresión. Afortunadamente, la Corte Suprema ha puesto atajo en algunos temas, como los aranceles, señalando que el presidente requiere aprobación del Congreso”, explica. En este contexto, señala que el panorama global seguirá marcado por la incerteza.
El rol de la Universidad frente al futuro
Frente a un mundo marcado por la incertidumbre y los conflictos, Walker cree que la Universidad de Chile tiene una tarea central: formar ciudadanos comprometidos con las instituciones. En América Latina hay dos posibilidades: democracia de instituciones o democracia de caudillos. La primera responde a la tradición de la democracia liberal, representativa y constitucional. La segunda —que ha marcado gran parte de la historia latinoamericana— responde a una democracia plebiscitaria y populista, explica.
Por ello, plantea que el rol de la universidad es fundamental. “La Universidad de Chile debe forjar profesionales, académicos y líderes imbuidos del ideario republicano de construcción de instituciones”, afirma. En esa línea cita al historiador y pensador político Maurizio Viroli: “La república son tres cosas: la libertad, la ley y la patria”. Y la historia de la Universidad de Chile es justamente eso, concluye.