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La guerra en Irán y la obsesión liberal por los cambios de régimen

La guerra en Irán y la obsesión liberal por los cambios de régimen
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El primer ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán se registró el 28 de febrero de 2026.

En una de las mejores contribuciones de la Historia del Cine, Kubrick (1987) nos describe el entrenamiento de una unidad de marines en Carolina del Sur y su posterior despliegue en un Vietnam que ni entienden ni creen necesitar entender.

En una de las escenas más significativas, en las que se contrapone la complejidad de pensamiento del recluta “Bufón”, interpretado por Matthew Modine, y un coronel del Cuerpo de Marines, este último afirma que “inside every gook[1] there is an American, trying to get out”.

Y es que, para la ideología liberal, la grandísima mayoría de las personas de este planeta ansían vivir bajo una democracia liberal, pero se ven impedidas por el establecimiento de regímenes autoritarios o totalitarios en los que la población civil, o la sociedad civil en términos liberales, solamente sufre, mientras pone todos los elementos necesarios para que su gobierno pueda democratizarse.

Así, la lectura que hacen de la España de Franco, de la Alemania nazi o de la República Popular China actual es que una pequeñísima fracción de la población controla el poder y subyuga a una población desafecta absolutamente con el sistema, al que se refieren como “régimen”. Pues, para un liberal, cualquier sistema no democrático -en una complejísima definición de democracia, muy cuestionable- carece de cualquier tipo de legitimidad. Incluso existe un manual para aquellos Estados democráticos donde la población vota y no existe cuestionamiento electoral, pero donde los principios liberales no se sobreponen a lo decidido por la población, refiriéndose a esos sistemas como “democracias iliberales”. La habilidad de poner y quitar etiquetas en un mundo dominado por las narrativas es uno de los fundamentos claros de su decadente poder.

Como en todos los elementos del pensamiento liberal, en el caso de Irán también existe una contradicción grave. Pues en el momento bipolar, Estados Unidos sí fomentaba y protegía sistemas autoritarios como el del Irán del Shah Pahlaví, que fue derrotado en la Revolución Islámica de 1979.

Desde entonces, Estados Unidos trató de vencer al régimen. Primero a través de la guerra proxy entre Irán e Iraq entre 1980 a 1988 y, tras el final de la guerra, con un gran número de campañas tendentes a limitar su poder y su expansión. Cabe señalar, además, que los dos actores de la guerra proxy han terminado siendo atacados por Estados Unidos.

La estrategia actual, siguiendo el manual neoconservador, y por tanto liberal, se basa en llevar a cabo una serie de ataques militares que permita que la mayoría de la población, que en su errónea visión quiere una democracia liberal a la occidental, pueda tomar el control del Estado y “liberarlo”. Porque dentro de cada iraní, según esta falacia, habría un americano tratando de salir. Como se atestigua, en su pueril visión, por unas fotos en las que unas niñas se quitan el pañuelo y le dedican el signo apotropaico a un líder muerto en un bombardeo o encienden un cigarrillo con una fotografía del mismo ayatolá.  

A diferencia de lo que pensaban, no se ha producido un cambio de régimen, pero se ha ampliado el caos al resto de la región, los precios de los combustibles y de muchos bienes de primera necesidad están subiendo, así como bajan las bolsas de valores y hasta el precio de los metales. En muchos casos por la relación directa del cierre del estrecho de Ormuz. Amenaza conocida desde hace décadas.

Pero quizás lo más sorprendente es que se siga asociando el realismo político al ánimo bélico, a la agresión y al desconocimiento de los sufrimientos humanos que genera la guerra. O que se sigan entendiendo las agresiones neoconservadoras dentro del paraguas del realismo por el simple hecho de que utilizan medios militares. La ideología neoconservadora se encuentra claramente dentro de la teoría liberal o idealista, ya que aspira a un objetivo que se separa de la naturaleza humana, y lo hace a través del uso de la fuerza.

¿Únicas opciones de supervivencia? Volver al realismo. Los modelos políticos de los demás no son de nuestro interés, siempre que no haya aspectos directamente relacionados con el interés nacional. Establecer claras líneas rojas sobre qué cuestiones ponen en riesgo la supervivencia del Estado y estar dispuesto a utilizar la disuasión en esos casos. Menos ocasiones para el uso de la fuerza y más creíble.

La hegemonía liberal, definida por Mearsheimer, ha causado millones de muertos y, salvo giro copernicano, seguirá causando muchos más. Junto a un alarido amortiguado por la superioridad moral de los liberales. Que no saben, no entienden y no parecen mostrar interés. Esta película acabará como “La Chaqueta Metálica”: nos vamos, pues estos no han entendido nada. Podríamos ganar la guerra hoy mismo, pero somos tan buenos que es mejor que nos vayamos. Adiós.

Después de varias películas perderán aún más poder y nos harán hundirnos a todos aquellos que decidamos hundirnos con ellos. La lealtad del ingenuo y del necio. Mal negocio.

[1] El término “gook” es una palabra derogatoria en inglés para personas de origen racial asiático. La traducción al español sería “Dentro de cada amarillo hay un americano, tratando de salir, de escapar”