La primera vez que estuvo en la Universidad de Chile fue en 1993. Héctor Cancela, hoy Rector de la Universidad de la República –la principal institución de educación superior pública de Uruguay– era entonces estudiante de doctorado en Informática y llegó a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas para participar de una Escuela de Verano que organizaba el profesor Andrés Weintraub en el Departamento de Ingeniería Industrial.
33 años después, el académico regresó a Chile en el contexto de la XIV Asamblea General de la Red Macro, que se realizó los días 12 y 13 de marzo de 2026 y congregó a rectoras y rectores de 18 instituciones de México, Argentina, Brasil, Perú, Cuba, Uruguay, El Salvador, Costa Rica, Honduras y Venezuela. “Todas las instituciones de la Red Macro son universidades tradicionales”, dijo en esta entrevista durante su paso por Chile.
“Todas han estado vinculadas con el desarrollo de nuestros países y de nuestras sociedades, y entendemos que cumplimos un rol que es muy importante. Primero que nada, el rol de dar a las y los jóvenes la oportunidad de formación al brindar las carreras, de formar a las personas que se insertan en las sociedades y que después ayudan a desarrollarlas, pero también el hacerlo con un sentido crítico, generando –a través de la investigación– conocimiento nuevo, que es pertinente para la sociedad, con acciones de extensión, con un vínculo profundo entre el conocimiento que se genera y la realidad social, económica y productiva de nuestros países”, añadió.
En esta conversación, el Rector Cancela profundiza en el lugar que la educación pública tiene en su país, donde concentra más del 80% de la matrícula de educación superior, así como aborda las coincidencias y el potencial de la relación entre la Udelar y la U. de Chile.
Uruguay tiene una sólida tradición de educación pública y gratuita, ¿de qué manera cree que esto forma parte de la identidad uruguaya y/o moldea la forma de pensar de sus habitantes?
En Uruguay, la enseñanza pública ha sido siempre tradicionalmente la más fuerte, la de mayor calidad y la de mayor número de estudiantes. A nivel universitario, más del 80% de los estudiantes de todo el país son de la Universidad de la República, que una universidad pública, y el otro 20% se reparte entre una segunda universidad pública más reciente y unas pocas universidades privadas. Por tradición, la enseñanza pública es abierta, gratuita y busca abarcar a todas las capas sociales; ha sido un elemento identitario del país, aunque no sin desafíos: el objetivo es claro, pero aún hoy el acceso sigue siendo desigual.
Nuestra universidad está comprometida con una democratización del acceso universitario, que no pasa solo por la gratuidad, que sí es un elemento, sino también por generar otras condiciones para facilitarla, como sistemas de becas más fuertes o una mayor vinculación entre la universidad y los estudios secundarios a nivel público para hacer cada vez más sencillo el pasaje de un sistema al otro. Creemos que eso es una contribución al desarrollo del país.
En los últimos 15 o 20 años, nosotros hemos abierto sedes en la gran mayoría de los departamentos del Uruguay, y en cada lugar donde se ha abierto una sede de la Universidad de la República, eso ha permitido un crecimiento de la matrícula, un acceso para los jóvenes que, de otra manera, no podrían llegar a estos estudios, y un cambio en esa sociedad: esas ciudades, esos departamentos, inmediatamente después de que la Universidad se inserta, pasan a cambiar de perspectiva, a ser lugares que atraen a más jóvenes y que, a su vez, generan otras oportunidades de desarrollo, tanto productivo y económico, como social.
¿Cómo observa las discusiones por financiamiento de la educación superior en nuestro país?
Sabemos que es un tema que siempre ha tenido distintos niveles de polémica. El sistema es muy distinto al sistema uruguayo y yo no pretendo ser un especialista, pero creo que el mensaje que podemos dar desde Uruguay es que cada peso que se invierte en educación, en acceso y particularmente en educación pública revierte luego en desarrollo país, en mejora de las condiciones y en posibilidades para que existan distintas oportunidades de que el país crezca en su conjunto, o que las personas puedan también encontrar su vocación y tener una mejor calidad de vida. Creemos que es la mejor inversión que se puede hacer.
¿Cuál es el rol que le cabe a las universidades públicas con respecto al Estado en sus países?
En general, nuestras universidades suelen tener distintas modalidades de diálogo con el Estado, a veces muy cercanas. En Uruguay es bastante fuerte ese vínculo. Por ejemplo, cualquier ley que se trate en el Parlamento y que refiera a los objetivos de la Universidad –sea que refiera a la educación superior, a la investigación, a distintos aspectos vinculados con la misión universitaria– debe contar con el asesoramiento preceptivo de la Universidad. O sea, la Universidad debe enviar una opinión al Parlamento para que sea tenida en cuenta.
Pero más allá de ese aspecto legal, también la Universidad forma parte del Sistema Nacional de Educación Pública, tiene un diálogo continuo con el Ministerio de Educación y también convenios y actividades de intercambio y apoyo con distintos ministerios. Incluso, cuando se conforman comisiones nacionales en temas tan variados como género, minería o bioética, en general hay delegados y delegadas nombrados por la Universidad de la República.
En Uruguay, la Universidad –además de ser un generador de conocimiento y el ámbito donde se forman las y los profesionales– también es una parte asesora o incluso protagonista en la discusión y generación de políticas públicas. Creemos que es un papel importante, porque la Universidad es parte del Estado, no del gobierno pero sí del Estado nacional, y como parte de él, es natural que contribuya a la generación de políticas y a la discusión sobre los caminos que nuestras sociedades deben llevar adelante.
¿Y con respecto a la región? ¿Por qué es importante la articulación entre las universidades públicas latinoamericanas?
Creemos que somos universidades que compartimos objetivos y desafíos, y nuestra cooperación nos permite ser más fuertes. Por ejemplo, el intercambio a nivel estudiantil da la posibilidad de una experiencia distinta, porque siempre que uno viaja a otro país o a otra sociedad se enriquece en su formación.
Por otra parte, la cooperación a nivel de docentes y de investigadores nos permite abordar problemas en común. La ciencia crece cuando se comparte, cuando la información, el conocimiento y las hipótesis se contrastan en conjunto. Nadie puede hacer investigación de manera aislada y el poder generar redes cada vez más potentes, más amplias y más densas nos permite hacer una investigación mejor, más pertinente y de mayor impacto en nuestros países. En definitiva, esta cooperación nos ayuda a buscar sinergias, a compartir buenas prácticas y a ser cada vez más eficaces y eficientes en el cumplimiento de nuestra misión.
Y los desafíos que se pueden enfrentar de manera articulada, ¿cuáles son?
Hay varios y son diversos. Por supuesto está el desafío del cambio tecnológico, que nos cambia un poco la vida. Tenemos que pensar cuáles son las buenas prácticas, los códigos de ética y las maneras en las cuales incorporamos la tecnología de manera positiva para minimizar o evitar sus aspectos negativos. La investigación, en sí misma, es muy universal: muchos de los temas y problemas hoy son globales, no refieren a una ciudad, a una región o ni siquiera a un país en específico, sino que al mundo entero.
Hay desafíos también en lo que es la visualización de nuestras universidades. Entre los temas que hemos tenido sobre la mesa está el cuestionar indicadores que están muy sesgados, que se usan a nivel mundial, pero que favorecen de manera muy clara a las universidades de los países más desarrollados y no tienen en cuenta todo el trabajo de excelencia que se hace en nuestra región y en otros lados del mundo.
Y, bueno, hay sin duda más desafíos sobre la mesa a seguir abordando, como la movilidad estudiantil, los cambios sociales que nos hacen repensar el rol de las distintas carreras y profesiones, y el buscar cómo podemos ir evolucionando en conjunto con nuestras sociedades y con este mundo.
Las universidades tienen una gran capacidad de adaptación. A veces no se ve, a veces se piensa que son instituciones lentas, pero, si miramos, son de las instituciones que más han perdurado en la historia de la humanidad y han sabido irse adaptando a las distintas condiciones y necesidades de la sociedad: la Edad Media, el Renacimiento, la época de los descubrimientos, la Revolución Industrial. Si venimos a la modernidad, en cada momento la forma en la cual las universidades cumplen su misión ha ido cambiando, y tiene que seguir cambiando a futuro, pero al mismo tiempo hemos encontrado la manera de seguir siendo pertinentes y aportando.
¿Cuáles son las coincidencias que ve entre la Udelar y la U. de Chile? ¿Cuál es el potencial de trabajo conjunto?
En esta visita refrendamos un acuerdo de cooperación estratégica. La U. de la República y la U. de Chile son dos universidades de larga tradición, fundadas antes de 1850 las dos, que han ido acompañando el crecimiento de nuestros países. Son lugares donde se dieron las distintas discusiones post independencia de cómo realmente generar patria, cómo generar República, de cómo acompañar el desarrollo del conocimiento y de la democracia. Han sido espacios privilegiados, en ese sentido, y siguen siendo lugares de referencia en la formación. También hay grupos de investigación de la Udelar y de la U. de Chile que colaboran, así como esperamos, a través de estos acuerdos, ampliar todavía más la cooperación y los intercambios a nivel estudiantil.