En el corazón de la zona poniente de la Región Metropolitana, el Monumento Natural Quebrada de la Plata se erige como un espacio clave para la conservación del ecosistema mediterráneo de Chile central. Con una superficie de 1.110 hectáreas, este territorio —parte de la Estación Experimental Agronómica “Germán Greve Silva” de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile— no solo destaca por su biodiversidad, sino también por su profundo valor social, histórico y cultural para las comunidades aledañas.
En este contexto, surge el proyecto “Tejiendo redes para la conservación socioecológica del Monumento Natural Quebrada de la Plata”, financiado por el Fondo Valentín Letelier, como una apuesta por reconstruir y fortalecer los vínculos entre el territorio y quienes lo habitan, estudian y protegen.
Reconstruir la memoria para proyectar el futuro
La iniciativa, liderada por Pabla Sánchez Fuentes, coordinadora del Monumento Natural Quebrada de la Plata, junto a la co-responsable Constanza Cabello-Araya del Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias, tiene como objetivo central restaurar la memoria socioecológica del territorio.
A través de una metodología participativa, el proyecto busca rescatar relatos históricos, experiencias y saberes locales que permitan comprender las transformaciones del paisaje y fortalecer el tejido social como base para su conservación.
Este enfoque cobra especial relevancia considerando la historia reciente del lugar: declarado Santuario de la Naturaleza en 2016 —el mismo día en que un incendio afectó el 79% de su superficie— y recientemente homologado a la categoría de Monumento Natural bajo la Ley SBAP, el territorio enfrenta desafíos críticos que requieren una mirada integral y colaborativa.

Un proceso colectivo y en constante construcción
El desarrollo del proyecto ha estado marcado por su carácter adaptativo y colectivo. En una primera etapa, el equipo realizó un exhaustivo trabajo de archivo, revisando documentos históricos para reconstruir la evolución del territorio y sus transformaciones socioecológicas.
Posteriormente, el foco se trasladó hacia la memoria viva. A través de entrevistas en profundidad —registradas en audio y video— y encuentros en terreno, se ha dado espacio a la reconstrucción del relato desde las experiencias de actores comunitarios, académicos e institucionales.
Asimismo, se han comenzado a implementar recorridos guiados junto a actores clave, permitiendo “caminar la memoria” del territorio y construir un relato situado, directamente vinculado con el paisaje.
Más que conservación: identidad y pertenencia
El proyecto no solo busca proteger un ecosistema, sino también reconocer la profunda relación entre la comunidad y la Quebrada de la Plata. Este vínculo se ha manifestado históricamente en procesos de organización social, como la defensa del territorio frente a actividades extractivas ilegales y la participación activa en su declaración como área protegida.
En este sentido, la iniciativa releva la memoria socioecológica como un componente fundamental para la conservación, entendiendo que el cuidado del territorio también se construye desde la identidad, la historia y la afectividad.

Voces desde el territorio
Para quienes lideran el proyecto, la experiencia ha sido profundamente transformadora.
Pabla Sánchez Fuentes destaca el valor humano del proceso. “Este proyecto ha sido muy significativo para mí, no sólo por su valor técnico, sino por las experiencias de vida que representa. Me ha permitido comprender el territorio de una manera más integral, conociendo el vínculo de quienes han habitado y trabajado en la Quebrada, sus luchas y el profundo amor que inspira su conservación”.
Asimismo, enfatiza el rol de la memoria como herramienta de conservación: “La memoria socioecológica se vuelve un pilar fundamental, integrando conocimiento técnico con relatos y saberes locales, generando un relato colectivo que fortalece la relación entre las personas y el territorio”.
Por su parte, Constanza Cabello-Araya pone énfasis en la dimensión sensible del proceso.“Ha sido un ejercicio profundo de escucha al territorio. La memoria no es solo un archivo, es una experiencia viva que se encarna en quienes han habitado y cuidado la Quebrada”.
Y agrega: No se protege aquello que no se reconoce como propio, y ese reconocimiento no es solo cognitivo, sino también emocional, ético y vincular”.
Proyecciones: educación, difusión y fortalecimiento comunitario
Tras la etapa de levantamiento de información, el proyecto avanzará hacia una fase de socialización y validación de resultados con las comunidades participantes. Este proceso busca fortalecer la apropiación social del territorio y consolidar una visión compartida para su conservación.
Entre los productos finales se contempla la elaboración de un documental audiovisual, un libro y un programa educativo, herramientas que permitirán visibilizar las historias, luchas y aprendizajes en torno a la Quebrada de la Plata.
Más allá de sus resultados concretos, la iniciativa deja una huella clara: la conservación no puede pensarse sin las personas, sus memorias y sus vínculos con el territorio.
Como señalan sus impulsoras, lo que se está tejiendo no es solo un relato, sino un espacio de encuentro entre saberes, experiencias y sensibilidades, capaz de proyectar nuevas formas de habitar y cuidar los ecosistemas del país.