“Asumir la coordinación del programa implica participar directamente en las formas en que la Universidad de Chile y particularmente la Facultad de Artes, se relaciona con la comunidad. Esto exige estar atentos a una serie de cuestiones sociales, culturales y políticas en las que el arte y sus distintos enfoques tienen algo relevante que decir”, explica la prof. Paula Arrieta, académica del Departamento de Teoría de las Artes, quien liderará la organización académica de este programa de Educación Continua de la Escuela de Postgrado.
Con el objetivo de promover un espacio de conocimiento inter y transdisciplinario, el Diploma en Prácticas Curatoriales se propone acercar a los alumnos y alumnas a los diversos enfoques y metodologías de esta práctica como un lugar de reflexión sobre las imágenes y la cultura contemporánea, incorporando una perspectiva crítica y situada. En ese sentido, “la curaduría se articula como un nodo clave en el escenario artístico: organiza discusiones, media entre obra y espectador, propone lecturas y construye miradas capaces de abrir nuevas interpretaciones. Asumir la coordinación significa, por tanto, contribuir al diseño de ese espacio y a la identificación de las inquietudes que hoy atraviesan el campo cultural”, señala la coordinadora.
Los cruces entre la historia del arte, la historia de política y cultural, así como la investigación curatorial y la museografía, son algunos de los módulos que aborda el programa en su plan de formación, el cual se caracteriza por “una estrecha conexión con el pensamiento crítico. Junto con entregar herramientas técnicas, formales y teóricas propias de la labor curatorial, buscamos situar esas prácticas en medio de las tensiones que atraviesan la sociedad actual”, señala la prof. Arrieta.
Para esta versión 2026, el principal objetivo del Diploma “es preguntarnos desde nuestra disciplina cuáles son las fuerzas que atraviesan el presente, por qué operan de ese modo y qué puede -y debe- hacer el arte frente ellas. Justamente porque la curaduría es una manera de mirar críticamente el mundo: desde las comunidades más próximas hasta la geopolítica global”, agrega.
En el contexto actual, ¿cómo se entiende la curaduría?, ¿de qué manera se insertan estos conocimientos en espacios culturales e instituciones artísticas a través del desarrollo de proyectos?
La figura del o la curadora adquiere hoy una especial relevancia, en tanto se trata ante todo de un trabajo intelectual y creativo. Desde distintos ámbitos -espacios comunitarios, centros culturales o instituciones artísticas- la curaduría implica estudiar obras, artistas y contextos, y articular en torno a ellos una red de sentidos que permita proponer nuevas formas de interacción con el público.
Para ello, es fundamental el conocimiento de la historia y la teoría del arte, pero también el manejo de herramientas técnicas vinculadas a la documentación, el archivo, la museografía y el montaje. Este programa busca precisamente articular esas dimensiones, integrando reflexión crítica y desarrollo de proyectos concretos.
¿Cuáles son las habilidades y competencias que desarrollarán los alumnos y alumnas, con las que se podrán desenvolver en su futuro profesional?
Quienes cursen el diploma desarrollarán competencias tanto analíticas como prácticas. Por una parte, fortalecerán su capacidad de investigación, lectura crítica y formulación conceptual de proyectos curatoriales. Por otra, adquirirán herramientas para su implementación: trabajo con archivos, diseño expositivo, escritura curatorial, gestión y mediación con distintos públicos.
El objetivo es que puedan desenvolverse en diversos contextos, ya sea institucionales, independientes o comunitarios, con una mirada crítica y situada, capaces de articular propuestas que dialoguen con los debates contemporáneos del arte y la cultura.
¿Cuáles serían los principales desafíos para el programa para este año?
Es un año especialmente desafiante no sólo para el programa, sino para la cultura y la academia en general. Y más aún para las humanidades. El papel de la cultura y del conocimiento ha sido embestido desde diferentes liderazgos políticos en el mundo y también en Chile y eso debería prender nuestras alarmas. Cuando políticamente el arte, la cultura, la creación pasan a estar en el escalafón más prescindibles del orden de prioridades de una sociedad, entonces lo que se está poniendo en riesgo es la experiencia diversa del mundo, la capacidad de analizar críticamente la realidad y, con esto, el sentido mismo de la democracia. Atacar el arte o simplemente dejarlo morir es fatal para un país, pues cierra cualquier posibilidad de imaginar el mundo, ejercer nuestra ética como ciudadanos y como seres humanos. Creo que ese es el principal desafío, que no es poco.

Paula Arrieta Gutiérrez (Santiago, 1982). Artista visual. Doctora en Historia y Teoría de las Artes de la Universidad de Buenos Aires y Magíster en Artes Visuales de la Universidad de Chile. Actualmente es profesora del Departamento de Teoría de las Artes de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.
Su obra artística y académica ha sido reconocida con la publicación en medios, revistas académicas y libros como Si muere Duchamp (2021) y Mirar hasta el final. Memoria e imaginación (2023), ambos editados por Tiempo Robado Editoras. Además de su labor como autora, Paula Arrieta ha contribuido significativamente a la reflexión en el ámbito de las artes y la teoría feminista.