Ciudades que se mueven: la mirada chilena y latinoamericana sobre salud urbana

Ciudades que se mueven: la mirada latinoamericana sobre salud urbana

El Seminario Internacional “Ciudad y Salud: Intervenciones urbanas para el fomento de la actividad física”, contó con las charlas de Olga Lucía Sarmiento de la Facultad de Medicina, Universidad de Los Andes, Colombia, quién expuso “Construyendo intervenciones activas: Intervenciones en América Latina”; Lorena Rodríguez, Directora de la Escuela de Salud Pública de la U. de Chile, con la ponencia “Actividad Física en Chile: Realidad Actual y Hoja de Ruta para el Cambio”.

También presentó Rodrigo Mora, académico de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, de la U. de Chile, Investigador CEDEUS con la charla “Los programas de Calles Abiertas: una oportunidad para las ciudades chilenas”.

Un diagnóstico regional: urbanización, desigualdad e inactividad

La profesora Olga Lucía Sarmiento, investigadora principal del proyecto Salurbal expuso evidencia acumulada durante más de dos décadas de investigación en distintas ciudades de la región, donde se ha analizado cómo el diseño urbano incide directamente en la actividad física, la calidad de vida y la equidad en salud.

Sarmiento situó su presentación en un escenario claro: América Latina es una de las regiones más urbanizadas del mundo, con cerca del 80% de su población viviendo en ciudades. Sin embargo, también es una de las más desiguales: 19 de las 30 ciudades con mayor inequidad a nivel global se encuentran en este continente.

A esto se suma un problema creciente: la inactividad física. Según datos presentados, la prevalencia de actividad física insuficiente en adultos ha aumentado del 28% al 36% en los últimos años, alejando a la región de la meta de reducción del 15% impulsada por la Organización Mundial de la Salud.

En ese escenario, la académica hizo un llamado a abordar el problema desde una perspectiva multisectorial, donde urbanismo, transporte, espacio público y políticas sociales juegan un rol clave. “La actividad física no siempre es una opción. En contextos de pobreza, muchas veces es una necesidad. Por eso, cualquier política debe incorporar una mirada de equidad”, sostuvo Olga Lucía Sarmiento..

Ciclovías recreativas: un modelo latinoamericano

Uno de los ejes principales de su exposición fue el análisis de las ciclovías recreativas, programas que cierran calles para uso peatonal y ciclista, principalmente los fines de semana.

Aunque estos sistemas existen en distintas partes del mundo, Sarmiento enfatizó que América Latina ha sido pionera en su desarrollo. Actualmente se registran entre 400 y 500 programas de este tipo a nivel global, concentrándose mayoritariamente en la región.

El caso de Bogotá con más de 50 años de historia, 138 kilómetros de vías habilitadas y una participación de hasta un millón de personas por jornada,  ha sido uno de los más estudiados. Sin embargo, también destacó experiencias en ciudades como Santiago.

Los datos son elocuentes: en estos espacios, entre un 27% y un 73% de los usuarios cumplen con las recomendaciones internacionales de actividad física semanal (150 a 300 minutos), cifras significativamente superiores a las prevalencias habituales.

Además, estudios longitudinales han demostrado que incluso quienes realizan actividad física sólo uno o dos días a la semana presentan menor riesgo de deterioro cognitivo y mortalidad. “Promover actividad física incluso un día a la semana sí puede ser suficiente. La evidencia muestra beneficios en salud, incluyendo menor riesgo de demencia y mortalidad”, enfatizó la académica.

Más que ejercicio: integración social y calidad de vida

Pero el impacto de estas iniciativas va más allá del ejercicio físico. Según la investigadora, las ciclovías recreativas generan espacios de integración social en ciudades altamente segregadas.

Estudios realizados en Bogotá y Santiago evidencian que estos programas permiten la interacción entre personas de distintos niveles socioeconómicos, reduciendo la segregación urbana. A esto se suman mejoras en percepción de seguridad, menor exposición a contaminación en comparación con días laborales y mayores niveles de calidad de vida.

En niños, los beneficios son igualmente significativos: quienes participan en programas de juego en la calle o ciclovías presentan mayores niveles de actividad física y menor sedentarismo, además de mejoras en el bienestar emocional.

Parques activos y género: el caso de las mujeres

Otro hallazgo relevante es la diferencia en el uso del espacio público según género. Mientras las ciclovías tienden a ser más utilizadas por hombres, los programas de actividad física en parques —como clases de baile— concentran una alta participación femenina (hasta un 78%). Estos espacios no solo fomentan el ejercicio, sino también la creación de redes sociales, fortaleciendo el capital social y la cohesión comunitaria.

Además, la académica destacó la importancia de las relaciones intergeneracionales: cerca del 69% de las interacciones en estos programas durante fines de semana se dan entre personas de distintas edades, lo que contribuye a un envejecimiento saludable.

Transporte y salud: actividad física por necesidad

La exposición también abordó el rol del transporte público y la movilidad activa. En ciudades latinoamericanas, donde gran parte de la población se desplaza por necesidad, el transporte público aporta en promedio 12 minutos adicionales de actividad física diaria. Sin embargo, Sarmiento subrayó que el desafío no es sólo aumentar la actividad física, sino mejorar su calidad, especialmente en contextos de vulnerabilidad.

El caso del TransMiCable en Bogotá —un sistema de transporte por cable que conecta zonas periféricas— evidenció mejoras significativas en calidad de vida, reducción de tiempos de viaje (de hasta 60 a 17 minutos) y menor exposición a contaminantes, especialmente en mujeres.

Una lección desde el sur global

Hacia el cierre, Sarmiento planteó una reflexión que atravesó toda su presentación: América Latina no sólo enfrenta desafíos, sino que también produce soluciones innovadoras que pueden inspirar al mundo. Programas como las ciclovías, los parques activos o los sistemas de transporte integrados son ejemplos de políticas fuera del sector salud que tienen impactos directos en bienestar, equidad y calidad de vida. Citando al escritor  Gabriel García Márquez, cerró con una idea que resume el espíritu de su exposición: comprender la realidad latinoamericana desde sus propios marcos es fundamental para construir ciudades más justas, activas y saludables.

Actividad física en Chile: más allá de la voluntad individual, una tarea de política pública

Por su parte, la médica pediatra y académica Lorena Rodríguez propuso un giro clave en la discusión: dejar de entender la actividad física como una decisión individual y asumirla como el resultado de múltiples factores estructurales que deben ser abordados desde la política pública.

Con una trayectoria de más de 15 años en el Ministerio de Salud y actualmente Directora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, Rodríguez presentó un diagnóstico detallado de la realidad nacional, pero también una hoja de ruta para avanzar hacia ciudades más activas y equitativas.

Un problema complejo: “las causas de las causas”

Desde el inicio, la académica planteó que el sedentarismo y la inactividad física no pueden abordarse de manera simplista. Forman parte de un entramado mayor, vinculado a la malnutrición, la desigualdad y las condiciones del entorno. En ese marco, destacó el enfoque transdisciplinario impulsado desde la Universidad de Chile, que busca integrar distintas miradas, desde la salud pública, el urbanismo, la economía y las ciencias sociales, para comprender fenómenos complejos.

Según explicó, no basta con promover hábitos saludables: es necesario intervenir en las condiciones que los hacen posibles o imposibles. “Si pensamos que con una simple campaña comunicacional la gente va a salir a hacer actividad física, estamos equivocados. Hay que mirar todas las causas, de las causas”, señaló Lorena Rodríguez.

Datos que interpelan: alta inactividad y desigualdades

Rodríguez destacó que Chile cuenta con información robusta para tomar decisiones, incluyendo encuestas representativas por género, edad y territorio. Sin embargo, advirtió que estos datos muchas veces no se traducen en acción. Los resultados son claros: altos niveles de inactividad física tanto en adultos como en escolares, con brechas importantes según género y contexto socioeconómico.

Un elemento clave es la forma en que se mide la actividad física. A diferencia de los enfoques tradicionales, la académica subrayó la importancia de distinguir entre distintos dominios: tiempo libre, transporte, trabajo, ámbito doméstico y escolar. Esto permite visibilizar realidades como la de muchas mujeres que, aunque no realizan ejercicio formal, mantienen altos niveles de actividad física asociados a labores de cuidado y desplazamientos cotidianos.

Género y cuidados: una dimensión invisibilizada

Uno de los aportes de la exposición fue la incorporación de la perspectiva de género. Estudios recientes en curso muestran que las mujeres se mueven por razones distintas a los hombres.Gran parte de sus desplazamientos están asociados al cuidado de otros: trasladar niños, acompañar a adultos mayores, realizar compras para el hogar o asistir a centros de salud.

Esto implica que, aunque muchas mujeres no cumplen con los estándares tradicionales de actividad física, como asistir a un gimnasio, sí realizan esfuerzos físicos significativos en su vida cotidiana. Sin embargo, estas mismas responsabilidades reducen su tiempo disponible para actividades recreativas o de autocuidado.

Cambiar la lógica: “bajar la pendiente”

Frente a este escenario, la académica planteó la necesidad de cambiar el enfoque de las políticas públicas. En lugar de cargar la responsabilidad en las personas, se debe facilitar el cambio de conducta a través de condiciones favorables. “Cuando sólo hacemos consejería, ponemos toda la carga en el individuo. Lo que necesitamos es bajar la pendiente para que cambiar de conducta sea posible”. Este concepto implica generar entornos que favorezcan la actividad física: infraestructura adecuada, seguridad, acceso a espacios públicos y tiempo disponible.

En esa línea, destacó que las intervenciones más efectivas —según evidencia internacional— son aquellas que combinan múltiples acciones: campañas, mejoras urbanas, políticas laborales y programas comunitarios.

Políticas en marcha: avances y tensiones

Rodríguez reconoció que Chile no parte desde cero. Existen avances relevantes, como la reciente Política Nacional de Actividad Física y Deporte 2023-2037, que establece una hoja de ruta de largo plazo y fue construida con participación ciudadana. También mencionó la implementación de la ley que promueve 60 minutos diarios de actividad física en establecimientos educacionales. Sin embargo, advirtió que muchas de estas iniciativas enfrentan limitaciones en su diseño e implementación.

Uno de los principales cuestionamientos es el énfasis en la “promoción” más que en la garantía de derechos, lo que puede traducirse en desigualdades en su aplicación. Asimismo, subrayó la necesidad de asignar recursos concretos para asegurar que estas políticas se materialicen en cambios reales.

La desigual distribución territorial de las CicloRecreoVía

Fnalmente, Rodrigo Mora, académico de la FAU e investigador de Cedeus, además uno de los principales organizadores del Seminario, presentó los avances de un proyecto Fondecyt que analiza los impactos de los programas de calles abiertas en Chile, con foco en la movilidad, la salud y el uso del espacio público.

El estudio examina iniciativas como la CicloRecreoVía y las Calles Abiertas Familiares en distintas ciudades del país, buscando comprender no solo sus efectos en la actividad física, sino también en dimensiones sociales menos exploradas, como la experiencia de los usuarios y la percepción del entorno urbano.

Uno de los hallazgos más relevantes apunta a la desigual distribución territorial de estos programas. Mientras comunas como Providencia han consolidado su funcionamiento por años, en otros sectores su implementación ha sido intermitente o derechamente inexistente. “No es una política pública homogénea ni equitativa en Santiago”, advirtió Mora, subrayando la falta de continuidad y financiamiento como una de las principales debilidades.

Más allá de los beneficios ya conocidos, como el aumento de la actividad física o la dinamización del comercio local, el investigador destacó el valor social de estos espacios. A partir de entrevistas a familias, su equipo identificó que las calles abiertas se transforman en instancias clave de encuentro, donde padres e hijos fortalecen vínculos, comparten tiempo de calidad y se alejan de las pantallas.

Es un espacio donde los niños pueden jugar, donde las familias conversan y donde se genera una sensación de comunidad difícil de encontrar en la vida cotidiana”, explicó. Asimismo, relevó que estos entornos permiten resignificar barrios percibidos como inseguros, promoviendo confianza, interacción social y apropiación del espacio público.

Finalmente, Mora enfatizó la necesidad de avanzar hacia una política más articulada entre distintos sectores del Estado. “Esto no es sólo un tema de transporte o de salud, es un desafío multisectorial que requiere coordinación y una mirada de largo plazo”, concluyó.