En el Museo Regional de Aysén:

“Igual a cristal”: la exposición de la egresada Emilia Costabal sobre un campamento minero

"Igual a cristal": la exposición de la egresada Emilia Costabal

Abierta a público en el Museo Regional de Aysén entre el 6 y el 29 de marzo de 2026, la exposición “Igual a cristal” de la artista Emilia Costabal, también egresada de la carrera de Artes Visuales del Facultad de Artes de la Universidad de Chile, se presentó como la culminación de un proceso de investigación y creación que vincula las artes visuales con la historia social de la minería en el sur austral. Mediante un despliegue que integra video y pintura, la expositora propuso una relectura crítica de los asentamientos industriales abandonados, centrándose específicamente en la memoria viva de quienes habitaron el hoy pueblo fantasma de Puerto Cristal. El proyecto fue financiado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, a través de la convocatoria 2024.

El núcleo conceptual del proyecto radica en la colaboración estrecha con la Agrupación Social y Cultural Los Cristalinos de Chile Chico, organización compuesta por antiguos residentes del campamento minero desalojado masivamente a finales de la década de los ochenta. Esta vinculación permitió que la obra no solo se nutriera de archivos históricos, sino de la experiencia performática de los propios protagonistas, quienes regresaron al sitio para recrear su pasado. 

Según explica la propia artista, la iniciativa surge de un interés profundo por la naturaleza de la nostalgia y el desarraigo, partiendo de la premisa de que “Igual a cristal es el resultado de un largo proceso de colaboración con la Agrupación Los Cristalinos, organización de antiguos habitantes del Campamento Minero de Puerto Cristal, actualmente pueblo fantasma, en la región de Aysén; partiendo de la asociación de este pueblo a una escenografía de cine abandonada filmamos en Puerto Cristal diferentes escenas recreando situaciones cotidianas que se vivían en el campamento, ideadas y actuadas por personas que vivieron y trabajaron ahí y que fueron desalojadas en masa entre 1989 y 1994 debido al quiebre de la empresa minera”.

En términos de montaje, la exposición se articuló como una experiencia inmersiva que invitaba al espectador a transitar entre lo documental y lo ficticio. La obra consistió en una videoinstalación conformada por cuatro piezas audiovisuales que entraban en diálogo directo con siete pinturas de carácter escenográfico, logrando una atmósfera que la artista describe como un juego de simulaciones. Sobre la materialidad y el soporte de la muestra, Emilia señala que “este trabajo se expuso en forma de una videoinstalación compuesta por cuatro videos en diálogo con siete pinturas escenográficas en el Museo Regional de Aysén, quien accedió a prestarnos un espacio para exhibir el proyecto, financiado por un Fondart Nacional de Creación”, subrayando el carácter multidisciplinario que define su práctica artística actual.

La historia de Puerto Cristal, fundado en 1936 bajo el modelo de las company towns, sirve como telón de fondo para esta investigación que busca denunciar la devastación social inherente a estos modelos extractivistas. El campamento, inaccesible por tierra durante años, se convirtió en el escenario de una resistencia emocional encabezada por sus exhabitantes, quienes realizan viajes anuales para restaurar las tumbas de sus familiares. La artista se integró a estos viajes en 2019, observando el potencial artístico de ocupar nuevamente la infraestructura sobreviviente. La artista profundiza en este proceso indicando que “este es un proyecto que nació de la idea, en primer lugar, de prolongar y exacerbar el carácter performático, escenográfico y crítico de la iniciativa de los cristalinos al filmar, en Puerto Cristal, una serie de escenas cinematográficas que recrearan diferentes rituales cotidianos del campamento, actuados y guionizados por personas que efectivamente vivieron y trabajaron ahí hace treinta años”.

Uno de los aspectos más singulares de la obra fue el uso intencionado del contraste entre la crudeza de las ruinas y la representación de acciones cotidianas, generando un efecto onírico que interroga el paso del tiempo. La participación de los exmineros como actores de sus propias vidas permitió explorar la disociación entre la cronología histórica y la experiencia humana particular. Al respecto, Emilia detalla que al generar un “contraste de efecto onírico o absurdo entre la escenografía en ruinas, la edad de los actores y las acciones representadas, muchas de ellas correspondientes a niños o jóvenes, se buscó indagar en la naturaleza de la memoria y la nostalgia, así como representar la disociación entre el tiempo histórico y el tiempo humano o particular”.

El proyecto también incluyó un componente de juego colectivo que buscó mitificar la labor minera a través de los códigos de la industria cinematográfica. A pesar de ser una zona remota, se contó con un equipo técnico profesional para la realización de las piezas, culminando en eventos de carácter celebratorio que subvirtieron el olvido institucional. La artista destaca que el objetivo era “generar un juego colectivo que contrastara la subvalorada profesión minera, el lugar, y su historia de aislamiento, despojo y olvido con la mitificación asociada al aparato cinematográfico, es decir con la fama, el glamour, el protagonismo, la épica; así, a pesar de la nula experiencia de los actores y directora, y de estar distribuido en una zona remota de la Patagonia, el proyecto contempló la contratación de un equipo técnico profesional y la organización de una avant-premiere y de una gala imitando los premios oscar durante la cual se premió a la película y a diferentes categorías de actuación y realización con estatuillas del San Lorenzo, patrón de los mineros”.

A su vez, la exposición abordó el trauma del desplazamiento y el abandono desde una metodología participativa, entendiendo la práctica artística como una herramienta de cohesión y reivindicación social. Las temáticas de la simulación, la ficción y el humor fueron ejes transversales que permitieron a los participantes y espectadores reconectar con una identidad marcada por la industria. En palabras de la creadora, “en cuanto a su metodología participativa, se intentó abordar la práctica artística como un medio para alcanzar la cohesión, la reivindicación, el intercambio social y, en el mejor de los casos, contribuir al tratamiento del trauma; en cuanto a su propuesta de montaje, que invita al espectador a formar parte de escenografías pintadas, se abordó la temática de la simulación y la ficción y finalmente, la escenifiación, el humor y el juego colectivo fueron ejes transversales de este proyecto”.