Actividad patrocinada por la Facultad

Museo de la Memoria reunió testimonios sobre experiencias de prensa clandestina en Dictadura

Museo de la Memoria dialogó sobre prensa clandestina en Dictadura

El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos realizó el conversatorio “Experiencias de la prensa clandestina en Chile”, oportunidad en la que periodistas, diagramadores e imprenteros compartieron sus experiencias como integrantes de Rebelión, El Siglo, El Rebelde, Indoamérica, La Firme y el boletín Codepu, medios clandestinos que en la Dictadura buscaron romper el cerco informativo.

La actividad, que se llevó a cabo el 7 de mayo y patrocinada por las escuelas de periodismo de la Universidad de Chile, Universidad de Santiago, Universidad Alberto Hurtado y la cátedra Unesco de la Universidad Diego Portales, se enmarcó en la donación que Rossana Dresdner, periodista egresada de la Universidad de Chile, hizo a la institución de varios ejemplares de estas publicaciones opositoras.

La también colaboradora de Rebelión a fines de la década de 1980 habló del valor de rescatar esta historia de resistencia más allá de los materiales impresos. “Esta es una historia discreta, sin alardes, un trabajo modesto, pero enorme, silencioso, pero muy eficiente. Y así comenzaron, pasaron los meses, en llamadas, averiguaciones, encuentros, emociones, donde fueron apareciendo personas que yo no conocía, la mayoría de ellas, que desde sus distintas profesiones, compromisos y militancias habían hecho posible esta enorme hazaña que fue romper el cerco informativo de la dictadura”, subrayó.

En tanto, Walter Roblero, investigador y archivista del museo, agregó que estas publicaciones pueden ser consultadas y “problematizadas para generar nuevo conocimiento. Esto último es necesario destacarlo, especialmente porque parece no entenderse el rol que tiene la academia y el trabajo intelectual en la construcción de una sociedad más justa”.

La instancia continuó con el diálogo propiamente tal, que abordó la producción de contenidos, el diseño y la distribución de los ejemplares. Marcel Garcés, periodista de Unidad Antifacista -la primera publicación clandestina del Partido Comunista- explicó la manera en que colaboradores, periodistas y militantes se articularon en una red para sostener el medio, pese a la persecución, la falta de recursos técnicos y la seguridad.

“Teníamos redes para proveernos de todo lo que se necesitaba para hacer una revista. La primera gran red eran los militantes comunistas que de inmediato, posterior al golpe, empezaron a dejar su testimonio, llegaban a la ‘oficina de redacción’, que no era tal sino las casas donde vivíamos en general. Eran papelitos, escritos, grabaciones, algunas fotos que tampoco podíamos publicar en un principio porque no teníamos la capacidad técnica para hacerlas”.

Por su parte, Rubén Andino, periodista egresado de la Universidad de Chile y colaborador de la revista Revolución desde 1975, indicó que el medio surgió como resistencia a la censura de la dictadura y para fortalecer la identidad colectiva, a través de artículos que difundieron acciones de protesta social y política.

“Tuvimos la necesidad de sacar esta publicación debido a que la censura era absoluta, no había medios, y también porque necesitábamos levantar nuestro ánimo como una forma de reafirmación de nuestra propia identidad truncada. En ese sentido, fue una experiencia colectiva donde primaba siempre la idea de construir una visión alternativa a la que se estaba implantando con la fuerza”.

La conversación continuó con el testimonio de Adolfo Castillo, colaborador de Rebelión entre 1986 y 1989, quien habló de un reporteo en terreno que combinaba estrictas medidas de seguridad y una convicción política profunda mediante testimonios de trabajadores y dirigentes sociales.

“Probablemente hoy es la primera vez que se sabe que yo trabajé en la revista. Era un trabajo muy discreto, voluntario y con un propósito, porque la vida se vivía con mucha intensidad en ese momento. Estábamos convencidos de que lo que hacíamos era similar a lo que hacía la gente en la resistencia en Francia o contra el franquismo en España. Si era necesario, había que morir y sabíamos que el riesgo era permanente”, manifestó.

El diseño y la impresión

Otro de los puntos tratados fue la precariedad de las impresiones de dichos medios. Marcelo Castillo, periodista egresado de la Universidad de Chile, relató el riesgo que corrían improvisando sistemas de impresión artesanal y asumiendo múltiples tareas para difundir información prohibida por la Dictadura.

“En 1980 recién accedimos a un mimeógrafo que nos costaba mucho hacerlo funcionar y terminábamos todos entintados. Eran momentos de mucha precariedad y hacíamos de todo. Después fuimos avanzando en términos de condiciones materiales al acceder a tres mimeógrafos eléctricos que fueron fundamentales para sacar La Firme con el fin de organizar las protestas nacionales y debido a ese alcance accedimos recién a una imprenta. Con los mimeógrafos corríamos riesgos enormes”.

En esa misma línea, Isabel Bobenrieth, diseñadora del boletín de Codepu, describió su proceso de diagramación, el que se realizaba de manera completamente artesanal con el uso de máquinas composer, mesas de luz, tipografías pegadas manualmente y auto correcciones. Junto a ello, añadió el trabajo colectivo que esto implicaba, con reuniones de pauta para construir cada edición.

“Las páginas se armaban manualmente con cemento caucho, máquinas multilith, letras recortadas y fotomecánica básica, mientras la baja calidad de impresión dificultaba incorporar fotografías. A ello se sumaban constantes problemas de seguridad, que obligaban a trasladar talleres y materiales entre distintas casas y oficinas clandestinas para evitar la vigilancia y la represión”, recordó.

Luis Meza, especialista en fotomecánica, de igual forma contó las dificultades que significaron imprimir Unidad Antifacista, Principios y El Siglo. Su trabajo empezó casi inmediatamente tras el golpe de Estado con mimeógrafos manuales que había que trasladar. Una labor que requería creatividad, redes de apoyo y estrictas medidas de seguridad para distribuir los boletines ocultos en cajas plataneras, buzones y casas prestadas, en un contexto donde la impresión y circulación de propaganda opositora implicaba un alto riesgo de persecución.

“Copiaba los ejemplares a máquina. Los imprimía y mandaba copias a compañeros por correo. Iba a la oficina de Correos con cuarenta sobres. Así empezamos a hacer propaganda el año 74. Después me pasaron un mimeógrafo de verdad y empecé a imprimir de todo. El mimeógrafo estaba en una casa de Antonio Varas y, cuando yo tenía que imprimir, la familia que vivía ahí se iba para que no me vieran ni yo a ellos. La seguridad era importante y cualquier cosa que tuviera que ver con imprimir era sospechosa. Yo imprimía en una casa, en otra hacia la fotomecánica. Las planchas las llevaba en una caja y en la micro, por seguridad”, narró.

En complemento a la vivencia de Meza, Jorge Müller, prensista tipográfico y militante del Partido Comunista, rememoró las vivencias clandestinas en la impresión de Unidad Antifacista y Principios, ocasiones en las que se encerró horas cuando no estaban los insumos requeridos. “En 1978 el Partido me citó a una dirección en cuyo garage estaba una máquina Gerstner donde se imprimían Unidad Antifacista y Principios. Me pidieron arreglarla y quedarme a cargo de la impresión de ambas. Estaba todos los días encerrado en ese garage, sin hablar con nadie, porque la familia no podía saber que se hacía en ese garage. Cuando me iba, cerraba con candado y nadie entraba”.

En ese contexto, Müller añadió las dificultades del proceso. “Los pliegos mal impresos los tenía que esconder. No se podían botar en cualquier parte. Había que borrar las planchas con diluyente para que no quedara registro y eso significaba que no se podían usar. Después los iba a tirar al zanjón de la aguada. El trabajo se hacía de manera compartimentada y yo conocía solo a dos, máximo tres personas. La distribución la hacían otros, de distintas maneras. Esa era de las tareas más peligrosas, porque los podían pillar con las revistas”.

El conversatorio concluyó con más vivencias de los colaboradores y preguntas por parte de los estudiantes de Periodismo presentes en la ocasión.