De acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), existen diferentes categorías de áreas protegidas, las cuales van desde más permisivas (categoría VI) a más restrictivas (categoría I). En Chile existen múltiples tipos de áreas silvestres protegidas, las cuales poseen diferentes categorías homólogas a las planteadas por la UICN. En las áreas terrestres en orden de mayor a menor restricción se encuentran Parque Nacionales (II), Monumentos Naturales (III) y Reservas Nacionales (IV), mientras que en zonas marinas en el mismo orden se encuentran Parques Marinos (I), Reservas Marinas (IV) y Áreas Marinas Costeras de Múltiples Usos (VI). Adicionalmente, también existen santuarios de la naturaleza y parques privados, los cuales pueden variar en cuanto a los usos que estos sitios permiten.

En las áreas protegidas del estado incluyendo parques, reservas y monumentos, se encuentran permitidos solo aquellos usos que tienen estricta relación con la conservación de la biodiversidad. Entre estos se encuentran las caminatas por senderos debidamente autorizados, la observación de flora y fauna, contemplación y educación ambiental.
Por otro lado, hay una serie de acciones que están estrictamente prohibidas, entre las que se encuentran: encender cualquier tipo de fuego, fumar o encender fogatas debido al riesgo de incendio forestal y la contaminación; llevar mascotas: estas pueden perturbar a la fauna nativa generando estrés, ataques o incluso transmisión de patógenos hacia animales nativos, solo se podría autorizar eventualmente si se trata de animales de asistencia, por ejemplo, lazarillos. Acampar está permitido solo en algunas áreas protegidas, las cuales poseen zonas delimitadas para ello; la basura debe irse con las visitas, ya que contamina los sustratos del suelo y puede afectar de forma negativa a la fauna nativa.
El Dr. Alberto Alaniz, académico del Departamento de Ciencias Biológicas Animales de Favet, explica que el ingreso de motocicletas a senderos peatonales está prohibido; los vehículos motorizados solo deben utilizarse en los caminos autorizados, no pudiendo ingresar a zonas de movimiento de personas. Esto genera riesgos de atropello de personas y fauna, así como contaminación acústica y erosión en los senderos. “También aplica para el caso de vehículos acuáticos sin autorización previa en causes y lagunas al interior de las áreas protegidas”, advierte.

No está permitido el vuelo de drones en áreas protegidas ya que puede generar lesiones a la avifauna local, así como también representar una fuente de riesgo para los visitantes debido a potenciales caídas. Si las especies están protegidas, cazar o pescar puede ser considerado un delito. Asimismo, no se puede extraer plantas o muestras vegetales, o cortar especímenes, sin permiso emanado por la autoridad competente.
“Hay ciertas prácticas que también deben ser erradicadas y/o controladas, por ejemplo, la emisión excesiva de ruido con parlantes, ya que perturba a la biodiversidad. Es importante respetar los horarios determinados por cada área protegida, ya que puede incluso poner en riesgo al propio visitante, sobre todo en áreas con condiciones climáticas extremas”, puntualiza el Dr. Alaniz.
La delimitación de los senderos peatonales es una protección tanto para visitantes como para el ecosistema, ya que se busca evitar la erosión del suelo y el impacto negativo sobre la regeneración del bosque. Practicar ciclismo de alta velocidad en estas vías representa un peligro de colisión inminente a personas y fauna silvestre. Respetar las señaléticas y límites también es una herramienta para salvar vidas por el riesgo a perder la orientación y extraviarse.
Para concluir, el académico de Favet enfatiza en que “es importante que cada persona se haga cargo de visitar responsablemente nuestras áreas protegidas, ya que estos lugares representan los últimos remanentes de ecosistemas naturales en nuestro país. Muchas especies dependen de estas áreas para asegurar la persistencia de sus poblaciones en el tiempo, al mismo tiempo que entregan diferentes servicios ecosistémicos esenciales al ser humano”.
A nivel nacional las áreas protegidas son responsables de ayudar a la retención hídrica en zonas de cuencas andinas reduciendo el efecto de las sequías, capturar enormes cantidades de carbono en bosques y humedales contribuyendo a frenar el cambio climático, así como representar zonas de un valor cultural inconmensurable para múltiples comunidades humanas. Por lo tanto, la recomendación es visitar estas áreas con responsabilidad, pensando en que son el hogar de miles de especies que merecen respeto, y sin comprometer el acceso de las futuras generaciones a estos lugares únicos.