El bienestar animal puede sonar a un concepto aplicable para quienes tienen mascotas dentro del núcleo familiar, pero cuando se habla de animales que utilizamos por conveniencia humana, ya sea como alimento o trabajo, suena a algo más lejano y quizás hasta poco creíble. Sin embargo, existen especialistas que plantean la necesidad de avanzar hacia un bienestar animal positivo, dirigido a todos los seres sintientes.
Este tema fue tratado por el médico veterinario zootecnista, especialista en medicina y cirugía de fauna silvestre, maestro en Humanidades en Salud: Bioética y académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el doctor mexicano Itzcóatl Maldonado, quien participó en el XV Coloquio Bienestar Animal Positivo junto a la doctora Daniela Luna, académica de la Universidad de Chile. La actividad fue organizada por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo y el Comité Institucional de Cuidado y Uso de Animales (CICUA) de la Casa de Bello.
El especialista destaca la importancia de catalogar a todos los animales como seres sintientes y reconocerlos de esta forma: “yo tengo en mente que el estado emocional y de sufrimiento de un ser es importante”.
“Lo que tengo que hacer es promover esos estados positivos, independientemente de la situación en la cual se encuentra ese animal, ya sea un perro en un núcleo familiar, una vaca en una producción de leche, un cerdo en una granja de cerdos, una gallina que está produciendo huevos o carne, o un animal que está en resguardo en una colección zoológica. No importa el contexto, todos deberían tener experiencias positivas y esto parte a través del reconocimiento de que el otro sufre y que, por lo tanto, es parte de mi obligación evitarle ese sufrimiento”, señala Itzcóatl Maldonado.
- ¿Cómo podemos establecer el bienestar animal positivo de animales que terminan siendo usados para conveniencia del ser humano?
Lo que se busca en el ámbito de nuestras relaciones animales actuales es que se reconozca de buena forma este carácter sintiente de los animales y que entonces tratemos de evitarles todas estas experiencias negativas. Hoy en día, inclusive, no solamente les evitamos las negativas, sino que hacemos todo lo que está a nuestro alcance para que su vida esté llena de experiencias positivas. O sea, no es simplemente evitarles el sufrimiento, sino más bien promoverles o proveerles de felicidad y de condiciones positivas.
- Y pensando en animales que serán consumidos como alimento o sirviendo de diferentes formas a humanos, ¿cuáles son los beneficios de entregarles un bienestar positivo?
Hay muchos beneficios para todos los involucrados en los sistemas productivos. En primera, porque aquellas personas que están en relación con los animales no necesitan fingir que hay que tener una distancia entre mi persona y las corporalidades de los animales con los que trabajo todos los días, que además son mis cercanos, son con los que colaboro en el día a día. Además, se ha visto que los animales buscan estas interacciones positivas: cuando el manejador se sentó, las gallinas se acercaron y buscaron el contacto, y los cerditos se acercaron y buscaron el contacto. Y esto, simple y sencillamente, por proveerles emociones positivas a los animales, es razón suficiente para que lo tengamos que hacer.
Por supuesto, lo que pasa es que el ser humano siempre tiene que verle el beneficio para el ser humano. Y bueno, hay un beneficio además para el ser humano, ¿por qué? Porque un animal que está en un sistema productivo, pero que además está plagado de emociones positivas, es un animal que se enferma menos. Y un animal que se enferma menos implica menos recursos invertidos en tratamientos, menos pérdidas productivas, menos mermas y eso, digamos, en términos de pesos y centavos para el productor es un beneficio. Entonces, aunque debería ser nuestra obligación, simple y sencillamente porque ya estamos usando y a veces abusando de los animales para nuestro beneficio, además el productor tiene, por supuesto, la posibilidad de incrementar sus ganancias a través de estrategias de bienestar en los animales.
- ¿Y es posible que la industria adopte una ética más consciente con el bienestar animal?
Sí, por supuesto. Yo creo que sí estamos en posibilidades. En primera, porque hoy las personas cada vez están más conscientes del sufrimiento. Cada vez estamos más conscientes de que este mundo tiene ya suficiente sufrimiento generado por el humano como para seguir generando más sufrimiento. Entonces, a partir de ahí, la gente ya está buscando el acceso a productos de origen animal, pero que estén bajo sistemas libres de miedo, por ejemplo, bajo sistemas más sustentables. A partir de ahí también estamos reflexionando sobre nuestros hábitos de consumo y, entonces, empezamos a tener hábitos de consumo más racionales.
- ¿Cómo se pueden identificar estos productos libres de sufrimiento animal?
Hay certificaciones tanto nacionales como internacionales. Tarros de atún, por ejemplo, con el logo de pesca sustentable, y ahora, por ejemplo, es muy común también verlo en huevos de gallina de libre pastoreo o huevos de gallina libre de jaula. Aquellas marcas que cuentan con estos atributos tratan de tener en sus envases estas leyendas, que le permiten al consumidor identificar que se trata de un producto responsable, de un producto sustentable, de un producto libre de sufrimiento o con menor sufrimiento.
- ¿Y este rumbo mejorará la manera en que la industria trata a los animales?
La misma industria va identificando que el perfil del consumidor está cambiando, que está buscando este tipo de productos. Entonces, ellos mismos se acercan a las entidades certificadoras para darle este valor agregado a su producto y que entonces la gente pueda tener un catálogo amplio para poder seleccionar ahora estos productos.
Es muy probable que en algún momento vamos a tener también este tipo de certificaciones y lo que se ha visto es que al consumidor le gusta, le llama la atención, poder tener estos productos a su disposición porque le genera esta sensación de estar haciendo algo por evitar el sufrimiento de estos animales sin dejar de consumir a lo mejor productos de origen animal, pero que sí sean productos que se generan a través de mejores prácticas.
- ¿En qué momento cree usted que estos temas y estos conceptos empezaron a tomar relevancia?
A mí me parece que esta reflexión, con respecto a nuestras relaciones con los animales, ha estado presente de forma histórica en el desarrollo del pensamiento del ser humano. Sin embargo, no había tenido la fuerza que hoy en día tiene.
Creo que uno de los eventos contemporáneos que detona el que el ser humano esté ya muy preocupado por esta capacidad sintiente y por el cuidado de los demás animales tiene que ver con un par de publicaciones en la década de los 70 del siglo pasado, una llamada Animal Machines, de Ruth Harrison, y otra llamada Animal Liberation, de Peter Singer. Son dos documentos que ponen en el centro de la discusión el cómo tratamos a los demás animales a partir del reconocimiento de que son seres sensibles, que tienen la capacidad de experimentar estados emocionales tanto positivos como negativos. A partir de ahí, empezamos a tener conductas de protección hacia estos otros seres.
- ¿Pero hay una evolución entre hablar de bienestar de las mascotas y el bienestar de todos los animales?
Es un concepto que quizás es muy claro para todos quienes tenemos animales de compañía: nuestros perros, nuestros gatos, tienen emociones, tienen vivencias que los hacen disfrutar de la vida, vivencias placenteras que los hacen sentir felicidad, pero también vivencias negativas, estados mentales negativos que les generan sufrimiento. ¿Por qué, si a estos otros animales sí les reconocemos esta capacidad sintiente, no deberíamos reconocerla en el resto de los animales, particularmente aquellos que utilizamos para conveniencia del ser humano?