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María Ofelia Moroni: La ingeniera que encontró su lugar entre los sismos

María Ofelia Moroni: La ingeniera que encontró su lugar entre los sismos
María Ofelia Moroni ingresó a estudiar Ingeniería en la Universidad de Chile en 1968, en una época marcada por profundos cambios dentro y fuera de la vida universitaria. Foto facilitada por familia Jara Moroni
María Ofelia Moroni ingresó a estudiar Ingeniería en la Universidad de Chile en 1968, en una época marcada por profundos cambios dentro y fuera de la vida universitaria. Foto facilitada por familia Jara Moroni
Celebración del Día de la Secretaria en el DIC
Celebración del Día de la Secretaria en el DIC
Entre los hitos más importantes de su investigación se encuentra la aislación del primer edificio del país en 1992, en la Comunidad Andalucía en Santiago. Foto facilitada por familia Jara Moroni
Entre los hitos más importantes de su investigación se encuentra la aislación del primer edificio del país en 1992, en la Comunidad Andalucía en Santiago. Foto facilitada por familia Jara Moroni
Participación en XXXI Jornada Sudamericana de Ingeniería Estructural en Mendoza, Argentina (2004)
Participación en XXXI Jornada Sudamericana de Ingeniería Estructural en Mendoza, Argentina (2004)

María Ofelia Moroni ingresó a estudiar Ingeniería en la Universidad de Chile en 1968, en una época marcada por profundos cambios dentro y fuera de la vida universitaria. Proveniente de un colegio mixto, no percibió con fuerza una diferencia de trato entre hombres y mujeres durante sus primeros años de formación. Además, entró a la carrera junto a compañeros que ya conocía, lo que le entregó un entorno cercano y protegido. Egresó en 1973 y se tituló en 1974, en medio de un período atravesado por la reforma universitaria y el golpe de Estado. 

Su experiencia en la Universidad de Chile fue especialmente significativa, no solo por la formación académica, sino también por la participación estudiantil y la vida política de esos años. Durante la reforma universitaria, largos períodos de la actividad estudiantil se orientaron a tareas políticas y territoriales, una vivencia que también fue parte importante de su formación. En lo académico, recuerda con especial aprecio cursos vinculados al análisis estructural avanzado y al uso de la computación aplicada al análisis de estructuras, en una época en que estas herramientas todavía eran poco comunes. 

En ese recorrido aparece la figura del profesor Tomás Guendelman Bedrack, uno de los referentes históricos de la ingeniería estructural chilena. Moroni lo reconoce como una influencia clave en su formación y en su acercamiento a un campo que luego marcaría gran parte de su vida profesional.  

Su ingreso al mundo profesional no siguió el camino que inicialmente imaginaba. Antes del golpe de Estado estaba lista para trabajar en Chuquicamata, en un contexto en que apoyar la nacionalización del cobre aparecía como una salida natural para muchos ingenieros de la época. El golpe truncó ese proyecto, y fue a través del vínculo con su profesor guía que encontró un nuevo rumbo: el cálculo estructural. Esa reorientación resultó decisiva. Comenzó a trabajar en una oficina que ya utilizaba software para análisis de estructuras, algo especialmente moderno para esos años, y desde allí inició una especialización que desarrollaría durante décadas.  

Más tarde, construyó una extensa carrera en la Universidad de Chile. Desde 1977 ejerció como académica de jornada completa en el Departamento de Ingeniería Civil, combinando docencia, investigación y extensión. En esa etapa dictó cursos del área estructural, impulsó nuevas asignaturas y dirigió trabajos de memoria, formando a numerosas generaciones de estudiantes. 

Ese período se transformó en el espacio central de su vida profesional y personal. Su historia quedó estrechamente ligada a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas: trabajó allí hasta su jubilación en 2013, su esposo también está vinculado a la Universidad de Chile y sus dos hijos estudiaron en la misma Facultad. Desde esa pertenencia, describe a la Facultad como un lugar de fuerte identidad y profundo sentido de resguardo institucional. 

Uno de los aspectos más relevantes de su trayectoria fue su trabajo en aislación sísmica, línea que se convirtió en su principal nicho de especialización. Integró un grupo que avanzó en la introducción de esta tecnología en Chile, junto a Mauricio Sarrazin y otros colaboradores, impulsando investigación aplicada, instrumentación de edificios y seguimiento del comportamiento sísmico de las estructuras. 

Entre los hitos más importantes de esta línea se encuentra la aislación del primer edificio del país en 1992, en la Comunidad Andalucía en Santiago. Este caso se transformó en una referencia relevante, ya que permitió observar y comparar el comportamiento de estructuras instrumentadas, experiencia que adquirió especial valor tras el terremoto de 2010. 

Dicha construcción e instrumentación de estructura correspondió a un edificio de vivienda social, y permitió registrar su comportamiento sísmico y compararlo con otro edificio similar sin aisladores. Esta experiencia abrió una reflexión sobre los alcances reales de la tecnología: aunque la aislación sísmica representa una solución valiosa, su costo dificulta pensarla como una alternativa evidente para toda vivienda social. En cambio, su uso aparece especialmente justificado en hospitales, edificios estratégicos y estructuras que deben seguir operando después de un sismo. 

Además de su trabajo académico y técnico, Moroni ha sido reconocida por su aporte a la ingeniería chilena. En 2004 recibió el Premio Justicia Acuña Mena del Instituto de Ingenieros de Chile, distinción otorgada a mujeres destacadas en la profesión. Este reconocimiento valoró su labor en docencia, investigación y extensión, así como sus contribuciones en áreas como la aislación sísmica, la disipación de energía y el comportamiento de estructuras de albañilería. 

Más allá de los hitos institucionales, su trayectoria también destaca por una mirada exigente sobre la formación de futuros ingenieros e ingenieras. Moroni insiste en la importancia de asistir a clases, comprender la materia en profundidad y no limitar el aprendizaje a la lógica de la prueba o el control. También pone el acento en la honestidad profesional y en la responsabilidad que implica ejercer una disciplina donde los errores pueden tener consecuencias graves. Para ella, estudiar ingeniería en la Universidad de Chile es un privilegio que exige compromiso real con la formación. 

Su historia recorre varias capas de la ingeniería chilena: la vida universitaria de fines de los años sesenta, la transformación del país, el desarrollo de la investigación estructural, la incorporación de nuevas tecnologías sísmicas y la formación de generaciones completas de estudiantes. Vista en conjunto, la trayectoria de María Ofelia Moroni no solo muestra el camino de una egresada de la Universidad de Chile, sino también cómo una vida profesional puede entrelazar docencia, investigación y vocación pública en una sola historia.