


La artista visual y escultora Valentina Lola Morales, egresada de la carrera de Artes Visuales de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, presenta su más reciente exposición individual titulada Sellar con signos la materia en Espacio 218, galería emplazada en el Portal Fernández Concha, Compañía de Jesús #960, departamento 218. “Esta fue una propuesta de exposición concebida minuciosamente para la convocatoria pública de proyectos que hizo el espacio el año pasado, buscando habitar críticamente este punto neurálgico del centro santiaguino”, señala la expositora.
En esta oportunidad, la propuesta curatorial de la artista se despliega a través de una cuidada selección de obras que desafían la inmediatez del consumo cultural imperante en el Cono Sur, valiéndose de metodologías entre lo ritual y lo doméstico. El público asistente podrá sumergirse en un itinerario compuesto por murales textiles de gran formato, instalaciones espaciales, poemas esculpidos sobre cerámica y delicados libros-objeto que amalgaman de manera orgánica el oficio del bordado y el modelado tridimensional. “El conjunto se une a partir de la práctica constante del texto-bordado y la pregunta medular de por qué ocupar la puntada como un medio legítimo para escribir en lugar de recurrir a otros soportes más convencionales”, explica la artista.
El núcleo conceptual de la muestra persiste en una interrogación sobre el acto físico de la inscripción manual y la urgencia de anclar el pensamiento sensible en zonas donde la palabra escrita adquiera peso, textura y relieve tangible. A través de este conjunto, se devela una poética latinoamericana que comprende el quehacer artístico como un refugio ante la dispersión contemporánea del lenguaje, dotando al signo de una volumetría que exige ser recorrida con la mirada y el tacto. “Las obras, cada una de ellas considerada con sus propios matices y ritmos específicos, reflexionan profundamente sobre el gesto de texto-bordar como un medio indispensable para amarrar conceptos a algo completamente tangible, propiciando así su prolongación y su continuidad en el tiempo”, enfatiza la creadora, cuya formación en la tradición escultórica universitaria se amplía hacia lenguajes expandidos.
Una de las instalaciones que se presentan en esta muestra se titula Todas las veces, una pieza que articula la ligereza del papel trenzado con la densidad de los fragmentos de arcilla. “Hay obras de procesos sumamente largos en el tiempo, como ocurre con esta obra, compuesta por 1000 piezas de origami y cerámica cuya producción se dividió meticulosamente por temporadas durante al menos dos años de trabajo intermitente”, cuenta la artista.
Sobre el proceso creativo, Valentina recuerda que “fue un largo proceso desarrollado entremedio de la realización de otras obras y sucesos significativos de mi biografía, hasta que finalmente me animé a terminarla por completo para presentación en la convocatoria de espacio 218”.
Al adentrarse en la morfología de la obra, la inmensidad de las piezas suspendidas da cuenta de una atmósfera mística que dialoga fluidamente con la arquitectura histórica donde se encuentra la muestra. “Es una obra de gran densidad que nos habla de la acumulación de momentos y cómo estos fragmentos temporales nos constituyen íntimamente, o bien nos persiguen implacablemente, replicando una estructura muy similar a la manera en que la pieza se materializó en el taller”, advierte la expositora sobre este dispositivo.
Por otra parte, otras obras de la exhibición cuenta con piezas de formato bidimensional y libros-contenedores de páginas textiles. “Estas obras elaboran también una sutil concepción del tiempo dictado rigurosamente por los procedimientos técnicos: en los textiles de Manuscrito Manobordante se transcribe un texto que habla justamente sobre la actividad de bordar y la manera en que este oficio ordena la rutina cotidiana y conserva vivos los deseos a lo largo del tiempo (...). En los libros-objeto, se borda con la firme intención de detener el transcurrir del tiempo y obligar a los asuntos entrañables de los que se hablan en sus poemas a permanecer un ratito más en la existencia colectiva”, puntualiza la artista.
Obras melancólicas
El trasfondo anímico que cohesiona la muestra rehúsa de manera categórica instalarse en la queja lúgubre, optando en cambio por una exploración luminosa de las despedidas y los afectos, asumiendo la labor artística como el único canal posible para dotar de permanencia a lo transitorio. La pérdida se reelabora desde la belleza material y el duelo se desplaza hacia un acto de amor técnico que busca contrarrestar las lógicas destructivas del olvido. “Creo que son un conjunto de obras muy melancólicas, pero que en lugar de surgir desde una actitud lúgubre o eventos terribles, hablan más bien sobre la felicidad, el amor y la agudizada conciencia de que incluso las cosas buenas se acaban”, reflexiona la artista.
El proceso de montaje y confección de las piezas se constituyó así en un ritual colectivo que reafirma los lazos institucionales y afectivos entablados en la formación universitaria. “También hay obras que necesitaron mucha ayuda de mis amigos, tanto en textos colaborativos como en partes del proceso muy tediosas, como inflar los mil globos de papel de la instalación Todas las veces, sirviendo la obra como excusa para crear nuevos recuerdos y actualizar nuestra amistad”, concluye Valentina.
La muestra Sellar con signos la materia se presentará hasta el 25 de julio en Espacio 218, ubicada en el Portal Fernández Concha, Compañía de Jesús #960 Santiago Centro, departamento 218. Horarios: jueves y viernes de 16:00 a 19:00 horas, sábados de 15:00 a 19:00 horas. Más información en www.espacio218.com
Reseña de la artista
Valentina Lola Morales, nacida en Santiago de Chile (1996) creció en una familia de pintores, filósofos y músicos. A los 16 años entró a un programa especial de la Universidad de Chile para jóvenes artistas y años más tarde se tituló como escultora en la misma institución (2022). Además, a lo largo de su carrera nutrió su quehacer creativo con disciplinas como el patronaje de ropa, interpretación musical, el canto coral, la danza y el cine, los cuales estudió en talleres no académicos de Balmaceda Arte Joven, juntas vecinales, cursos de extensión de la Universidad Católica y academias independientes. Su práctica gira en torno al desplazamiento de métodos mágicos a las técnicas cerámicas y textiles, en obras que plantean una relación entre escritura, tacto y fe.
Entre sus más recientes exposiciones se encuentran las muestras bipersonales “Cielo Encauzado” (Galería Malva, Santiago, 2026) y ”Estaciones de Culto” (APECH, Santiago, 2025) y las muestras individuales El Templo del Sauce Llorón (T.A.C.O, Tlalpan - México, 2025), El dios de las discretas cosas (La Cochera, Santiago - Chile, 2025) y Sonambular (Casa Prochelle I, Valdivia - Chile, 2024). Y recientemente fue participante de las residencias El Room (CDMX, 2025), la Beca para Escritores de Proyecto Escrituras Experimentales (CDMX, 2025), Epecuén XV (Carhué - Argentina, 2024) y Estudio Abierto (Oaxaca - México, 2024).
En años anteriores ha sido galardonada por diversas instituciones chilenas en concursos de arte joven, como la Mención de Honor del MAVI UC XV (2022), el 1er lugar en la categoría Arte Textil de la Municipalidad de Santiago (2021) y el Premio Litoral de la Universidad de Valparaíso (2021). Paralelamente a la producción de su obra colabora con el mundo musical en la construcción de escenografía, confección de vestuario y fotografía, e imparte talleres experimentales de técnicas desarrolladas en su práctica artística.