La Plataforma Cultural de la Universidad de Chile , en conjunto con la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, abren este segundo semestre un nuevo curso de formación general: Laboratorio de Paisajes Multiespecie: Arte, Ecología y Territorio, codictado por las artistas visuales y paisajistas Andrea Gutés y Emilia Ahumada. Las inscripciones se abren este viernes 24 de julio, con 15 cupos para estudiantes de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo y 5 cupos para estudiantes de Juan Gómez Millas. La primera clase será el martes 11 de agosto, inicio de las 15 sesiones que se dictarán a lo largo de todo el semestre.
El curso nace de la invitación que hizo Plataforma Cultural a Gutés y Ahumada a repensar y rediseñar el entorno natural del edificio, en el marco del recorrido conjunto que ambas artistas vienen construyendo desde que se conocieron estudiando arte hace cerca de una década. El año pasado, Gutés y Ahumada trabajaron en Terraformaciones, un jardín educativo desarrollado en el Museo de Arte Contemporáneo, experiencia que derivó en el curso de verano Diseño de Paisaje Multiespecie. "Tuvo mucho éxito ese curso, salió muy bien, tuvo muy buena recepción; eso significa que hay mucho interés en ese tema", cuenta Andrea Gutés. Ese antecedente, sumado al interés que había mostrado la comunidad universitaria, terminó de dar forma a esta nueva versión, impulsada ahora directamente por la Plataforma Cultural.
Aunque comparten formación en artes visuales, sus trayectorias se complementan. Gutés ha desarrollado su carrera en el paisajismo con un enfoque regenerativo, "de cómo proponer alternativas a esta situación que estamos viviendo hoy", dice, en referencia a la crisis climática, integrando de a poco prácticas artísticas de vuelta a ese oficio. Ahumada, en tanto, ha construido su camino en espacios de educación ambiental no formal, entrelazando arte, ciencia y ecología en huertas urbanas, proyectos comunitarios e instituciones culturales, con un interés particular en la salud ambiental. Ambas coinciden en que esta búsqueda parte de una incomodidad con las fronteras rígidas entre disciplinas. "A mí siempre me pareció una limitación enmarcarme dentro de una disciplina; el arte me dio ciertas concesiones para explorar otras, con permiso, con un pase de libertad", explica Ahumada, quien agrega que la ecología, "como ciencia de relaciones", permite entender interconexiones que hoy resultan urgentes.
El foco del curso estará puesto en los llamados intersticios de la Plataforma Cultural: entre siete y diez espacios residuales —franjas, rejas, sombras y esquinas de cemento— que quedaron rezagados de la construcción del edificio y que hoy están desocupados o sin una intervención lograda. El curso propone leerlos como pequeños nichos posibles: según las docentes, estos espacios de intervención representan apenas entre un 2% y un 3% del área total del terreno donde se emplaza la Plataforma Cultural. "Es una metáfora de la ciudad: en realidad esto es lo que tenemos, así que ahí donde tengamos, hagamos", resume Gutés. La meta es concretar al menos tres o cuatro proyectos diseñados por las y los estudiantes, dejando además espacios abiertos para seguir interviniendo en semestres futuros y, eventualmente, en otros puntos del campus.
El programa se organiza en cuatro unidades: una primera de encuadre conceptual sobre arte, paisaje urbano y ecología; una segunda de ecología aplicada y herramientas técnicas de diseño, con énfasis en manejo hídrico y sistemas de riego eficiente; una tercera de lectura situada del territorio, donde las y los estudiantes observan y diagnostican los espacios exteriores del edificio antes de diseñar sus propuestas; y una cuarta de implementación, en la que los proyectos se instalan, se registran y se someten a evaluación crítica colectiva. En esa lógica, una parte importante del trabajo consistirá en aprender a elegir especies vegetales propias del clima mediterráneo semiárido de Santiago —capaces de sobrevivir con muy poca agua— en lugar de especies ornamentales que exigen riego constante. "No podemos seguir poniendo plantas de bosque templado en un ecosistema al que, en un par de años más, apenas le van a caer dos gotas de agua", plantea Ahumada. Gutés coincide y apunta a la escala del gesto: "Que entiendan que una gota de agua es muy valiosa".
El levantamiento de información también contempla un trabajo activo con la comunidad del campus. Se invitará a funcionarias, funcionarios y estudiantes de distintas carreras a compartir su experiencia cotidiana del lugar —quién riega o quién transita—. "Esos relatos de las personas que habitan el campus son súper importantes para el levantamiento de información que después va a llevar a la construcción de estos proyectos", explica Gutés. Para las docentes, ese involucramiento no es solo metodológico: mientras más actores participen del proceso, más probabilidades hay de que los proyectos se sostengan en el tiempo una vez terminado el curso.
El curso también busca hacerse cargo de una dimensión menos visible del paisajismo: su efecto sobre el bienestar. "El ave canta cuando tiene comida, agua y refugio, y eso también nos da una señal de que este es un lugar seguro", explica Gutés sobre por qué el canto de las aves reduce la sensación de tensión en las personas. Ahumada, por su parte, describe el efecto de trabajar la tierra: "Estoy yo, hay un hoyo, está mi mano dentro de la tierra, está esta planta que tengo que lograr que esté viva. Y eso, como gesto, genera transformaciones muy profundas". En un contexto de creciente preocupación por la salud mental de la población joven, ambas plantean que reconectar con el momento presente a través de gestos simples —plantar, observar, cuidar— puede ser tan relevante como cualquier otro contenido técnico del curso.
De cara al futuro, las docentes esperan sembrar una inquietud que trascienda el semestre: que las y los estudiantes aprendan a mirar con más atención los espacios que habitan, a reconocer grietas y oportunidades donde antes solo veían cemento, y que ese interés los acompañe más allá del curso, cualquiera sea su disciplina de origen. "Queremos traer de vuelta la idea de que los pequeños gestos son importantes: si nos unimos de a poco, si un módulo pequeño de vegetación se repite varias veces, se genera una masa crítica", dice Gutés, para quien el éxito no se mide en grandes resultados: "Que la mitad del curso se quede con las ganas de seguir haciendo cosas ya es, para mí, un éxito".
"Bienvenidas todas las criaturas", resume Ahumada al invitar a estudiantes de cualquier carrera interesados en la biodiversidad, el paisajismo, la ecología o el land art a inscribirse, sin necesidad de conocimientos previos.
- Datos del curso
- Nombre: Laboratorio de Paisajes Multiespecie: Arte, Ecología y Territorio
- Docentes: Andrea Gutés y Emilia Ahumada
- Cupos: 15 para estudiantes FAU, 5 para estudiantes de Juan Gómez Millas
- Inscripciones: desde el viernes 24 de julio
- Primera clase: martes 11 de agosto
- Duración: 15 sesiones, durante todo el semestre
- Modalidad: teórico-práctica, con trabajo en terreno en los espacios exteriores de la Plataforma Cultural
- Dirigido a: estudiantes de cualquier disciplina, sin conocimientos previos requeridos
- Código del curso: FGFAU19
Las y los interesados pueden inscribirse a partir de este viernes 24 de julio directamente en la Secretaría de Estudios de su carrera.