Si cada invierno siente que la cuenta de la luz, el gas, la leña o la parafina se dispara mientras su casa sigue estando fría, sepa que no es el único. Un alto porcentaje de las familias en nuestro país destina sumas excesivas de dinero para intentar calefaccionar sus hogares sin conseguir un ambiente confortable. La razón principal no es solo el valor de los combustibles, sino la baja calidad constructiva y el deficiente aislamiento térmico de las viviendas.
Según la reciente publicación de un Policy Paper realizado por investigadores e investigadoras de la Universidad de Chile, llamado "Vivienda y pobreza energética en Chile: hacia una política integral de habitabilidad", elaborado por un equipo multidisciplinario de investigadoras e investigadores y publicado por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID) de la Universidad de Chile, aborda cómo la infraestructura habitacional afecta directamente el presupuesto diario de las personas y su calidad de vida.
Es que los especialistas toman las políticas de vivienda y energía como un sistema indisociable por lo que proponen articular ambas agendas en torno al concepto de habitabilidad térmica como componente del derecho a una vivienda adecuada, realizado por la Red de Pobreza Energética.
El Policy Paper, que reúne a 18 autores, es resultado de un proceso de trabajo colaborativo, que incluyó talleres con expertos en la materia de distintas universidades, orientado a articular conocimiento de manera interdisciplinaria y transdisciplinaria.
El documento se estructura en cuatro capítulos, estableciendo una “triada” vivienda–habitabilidad–pobreza energética, revisa el marco institucional y normativo que regula vivienda, energía y medio ambiente en Chile, reúne evidencia sobre el desempeño térmico del parque habitacional y las condiciones de habitabilidad de los hogares, y finalmente plantea recomendaciones para políticas públicas orientadas a una habitabilidad térmica justa.
¿Qué es pobreza energética? “Según la definición co-construida desde la Red de Pobreza Energética, un hogar se encuentra en situación de Pobreza Energética cuando no tiene acceso equitativo a servicios energéticos de alta calidad, es decir que sean adecuados, confiables, seguros y no contaminantes, para cubrir las necesidades de energía que le permiten sostener el desarrollo humano y económico de sus integrantes”, explica Paz Araya investigadora de la Red Pobreza Energética.
"Filtran" del calor
Según el diagnóstico del reporte gran parte del parque habitacional en Chile fue construido bajo estándares térmicos insuficientes o derechamente inexistentes. Esto provoca que el calor generado por las estufas o cualquier sistema de calefacción se escape rápidamente por muros, techos y ventanas mal selladas, obligando a las familias a mantener encendidos los equipos de calefacción por largas horas.
Esta situación deriva en lo que se conoce como "pobreza energética", un fenómeno que no solo golpea la economía del hogar, sino que también repercute negativamente en la salud física y mental de quienes habitan ambientes fríos, desapacibles y con problemas de humedad durante los meses de invierno.
La pobreza energética, detalla Araya, "es un fenómeno que no solo golpea la economía del hogar, sino que también repercute negativamente en la salud física y mental de quienes habitan ambientes fríos, desapacibles y con problemas de humedad durante los meses de invierno" y es que “la incapacidad de satisfacer adecuadamente necesidades básicas y fundamentales humanas, tiene implicancias a nivel en la salud física como enfermedades cardiovasculares y enfermedades respiratorias por frío, contaminación intradomiciliaria por combustión a leña; afectaciones psicológicas por estrés crónico, la precariedad y la incertidumbre energética; impactos socio-emocional por efectos en las relaciones personales, deterioro de clima familiar y también impactos en oportunidades educativas y laborales, como la imposibilidad de estudiar de noche por falta de luz o calefacción y postergación de atención médica por reasignación del presupuesto, por ejemplo”.
Soluciones reales para no pasar frío
Frente a este escenario, la investigación enfatiza que no basta con subsidiar temporalmente el consumo de energía ni con entregar estufas más eficientes si el calor se sigue escapando. La solución de fondo exige abordar la "habitabilidad integral" de los hogares. Enfrentar la pobreza energética requiere mejorar la habitabilidad térmica del parque habitacional ya construido, y no únicamente subsidiar el consumo energético.
Los investigadores proponen mejorar al menos cuatro áreas. En primer lugar realizar un mejoramiento térmico masivo (priorizar dentro de la política pública programas estatales de reacondicionamiento de viviendas como aislación de muros, techos y sellado de ventanas en viviendas ya existentes); diseñar normas de construcción más exigentes para asegurar que los nuevos proyectos habitacionales cuenten con estándares mínimos de temperatura y ventilación adecuada; y, una mayor coordinación entre instituciones (ministerios de Vivienda y Urbanismo, Ministerio de Energía) para desarrollar soluciones estructurales y conjuntas.
Por último, Araya menciona que es necesario abordar simultáneamente el frío y el calor extremo. “Las mejoras en habitabilidad implica abordar la pobreza energética considerando sus impactos en hogares que no están preparados para las bajas temperaturas, como las de invierno en la zona centro y sur del país, pero también los impactos de olas de calor durante el verano”.
Con esta propuesta, la Universidad de Chile busca aportar evidencia técnica e insumos concretos para el diseño de políticas públicas que protejan el bolsillo familiar y garanticen un invierno más cálido y digno para toda la población.