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Día Internacional de la Juventud

Especialista U. de Chile aborda los desafíos de ser joven en una sociedad hiperconectada

U. de Chile aborda los desafíos de ser joven en una sociedad hiperconectada
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La conexión permanente ha multiplicado las posibilidades de comunicación entre las nuevas generaciones. Sin embargo, para el académico, “estar” en redes virtuales no necesariamente implica sentirse escuchado o acompañado.
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Pese al creciente uso de tecnologías, Duarte destaca que las nuevas generaciones mantienen los espacios de encuentro presencial. “Lo que mejora la calidad de la amistad es el encuentro cara a cara, es el encuentro presencial”.
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Los espacios de encuentro y convivencia continúan siendo fundamentales para la construcción de vínculos entre las juventudes, en un escenario marcado por nuevas formas de comunicación y sociabilidad.
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Para el especialista U. de Chile, comprender a las juventudes actuales también implica romper con los estereotipos que las presentan como apáticas o aisladas y reconocer las distintas formas en que construyen vínculos y comunidad.
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"Las redes virtuales son un modo de conversar sin escucharse, son un modo de simular conversación”, plantea Klaudio Duarte.

Ser joven implica comenzar a construir un lugar propio en el mundo: estudiar, trabajar, relacionarse con otros e imaginar cómo será el futuro. Sin embargo, en la actualidad esto ocurre en medio de transformaciones que abarcan desde cambios en las formas de comunicación hasta las posibilidades de proyectar una vida a largo plazo.

En el marco del Día Internacional de la Juventud, el 12 de agosto, Klaudio Duarte, doctor en sociología, académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile y especialista en juventudes, aborda las transformaciones que enfrentan las nuevas generaciones y plantea la necesidad de comprenderlas como parte de una sociedad que también ha cambiado.

Una de las grandes novedades de esta generación es que, por primera vez en la historia de la humanidad, se desarrollan en un escenario de conexión prácticamente permanente. La aparición de los mensajes instantáneos y las redes sociales ha multiplicado las posibilidades de comunicación, aunque estar conectado no necesariamente implica sentirse acompañado.

A esto se suma un escenario marcado por la incertidumbre, en el que las dificultades para acceder a empleos estables y cumplir las expectativas históricamente asociadas a la educación tensionan las posibilidades de proyectarse hacia el futuro. Al mismo tiempo, persisten estereotipos que presentan a las nuevas generaciones como apáticas o excesivamente dependientes de la tecnología.

Soledad en la era de la hiperconexión 

Para el sociólogo, comprender la soledad entre las juventudes requiere mirar más allá del uso de celulares y de redes sociales. El académico explica que una característica de las generaciones jóvenes es que, al incorporarse al mundo social, formulan preguntas para comprenderlo: por qué la sociedad funciona de determinada manera, por qué nos relacionamos de ciertas formas o por qué mantenemos determinadas prácticas.

Sin embargo, sostiene que estas inquietudes no siempre encuentran espacios de escucha. “Cuando las plantean en la escuela, cuando las plantean en la familia, cuando las plantean en la universidad, la sociedad adulta, adultocéntrica, no les presta oídos”, señala.

Además, agrega que muchas veces sus opiniones son desestimadas por la creencia de que aún no tienen suficiente experiencia. “Si tú quieres hablar, tú quieres conversar con un ser humano y no encuentras con quién dialogar, eso te va produciendo una sensación de retraimiento”, explica.

En este escenario aparecen las redes sociales. Aunque permiten mantener una comunicación permanente, el académico advierte que esto no implica necesariamente sentirse escuchado. “Las redes virtuales son un modo de conversar sin escucharse, son un modo de simular conversación”, sostiene.

 De ahí surge la aparente paradoja de la hiperconexión: comunicarse de manera inmediata no siempre se traduce en diálogo o compañía. “Yo creo que hay un simulacro de conversación que aumenta la soledad”, afirma.

Sin embargo, Duarte advierte que sería equivocado responsabilizar a las propias juventudes o al celular. “No es un problema de esta generación con el celular, ni con las redes virtuales; es un asunto de todas las generaciones cuando aparecen inventos tecnológicos”.

Además, destaca que, en la práctica, los jóvenes continúan reuniéndose y compartiendo de forma presencial. “Lo que mejora la calidad de la amistad es el encuentro cara a cara, es el encuentro presencial”, señala.

La incertidumbre de construir un futuro

Más allá de las formas de relacionarse, Duarte identifica otro desafío que atraviesa a las juventudes: las dificultades para proyectarse hacia el futuro.

Durante décadas, explica, el mundo adulto ha transmitido la educación como una vía para acceder a mejores condiciones de vida. “Ofrecemos que si estudian, van a ser alguien en la vida. Y estudian”. Sin embargo, sostiene que luego muchos jóvenes se encuentran con condiciones de precarización en el empleo. “Tenemos una generación que está creciendo en la incertidumbre socioeconómica”, advierte.

En este contexto, Duarte también identifica otras formas de imaginar el bienestar. Entre jóvenes de sectores populares con quienes ha trabajado aparece la aspiración de alcanzar una “buena vida” y de “devolverles la mano” a sus padres y madres. Para el académico, esto da cuenta de una “sensibilidad intergeneracional importante”, que convive con “mucha incertidumbre de lo que viene”.

Comprender a las juventudes actuales, agrega, también requiere cuestionar los estereotipos que pesan sobre ellas. Uno de ellos es asumir que pasar tiempo frente al teléfono significa que no están haciendo nada, cuando estos dispositivos también son utilizados para conversar, estudiar o buscar información.

Otro es considerarlas apáticas o desinteresadas de la política. El sociólogo distingue entre el distanciamiento de la política institucional y el interés por los asuntos que afectan directamente sus vidas. “Lo que sí les interesa es lo político. Les interesa porque tienen opinión de aquello que están viviendo, de aquello que les molesta, que les dificulta la vida”, explica.

Ese interés, añade, también se expresa en iniciativas comunitarias y solidarias vinculadas al cuidado de niños y niñas, adultos mayores, animales y naturaleza, así como en preuniversitarios, bibliotecas populares y actividades deportivas. “Cuando dicen, ‘no, los jóvenes son todos apáticos, no les interesa la política’, yo creo que ese es un diagnóstico muy errado”, sostiene.

Para Duarte, estas generalizaciones pueden convertirse en estigmas. "Esos son estereotipos que fijan y construyen una imagen que termina transformándose en estigma y los estigmas son marcas", concluye.