Referente del pensamiento crítico latinoamericano y pionero de los debates sobre la interdisciplinariedad, especialista en la epistemología de las ciencias sociales y la pedagogía. Esas líneas resumen la vasta trayectoria de Roberto Follari, doctor en Psicología por la Universidad Nacional de San Luis y Profesor Emérito de la Universidad Nacional de Cuyo, Argentina, que este miércoles 2 de septiembre estará en el Salón de Honor de la Casa Central de la Universidad de Chile encabezando la conferencia “Interdisciplina en la encrucijada civilizatoria: urgencias y criterios”.
Follari es parte del 5° Congreso Latinoamericano de Investigación y Educación Superior Interdisciplinaria, el evento sobre interdisciplina (ID) y transdisciplina (TD) más concurrido en América Latina y el Caribe que se realiza cada dos años en distintos países. Chile y la Universidad de Chile fueron los escogidos para esta quinta versión.
Según Roberto Follari este congreso “se hace en un momento de alta deslegitimación del conocimiento y de la ciencia”, y que por lo mismo, es importante reunirse para tratar “temas de inter y transdisciplina” que son precisamente dos herramientas utilizables en un proceso de re-legitimación del conocimiento científico. Consultado sobre a quién invitaría a participar de este encuentro, responde “a las autoridades de investigación, a evaluadores de proyectos de investigación y, ciertamente, a investigadores, tanto jefes de proyectos como participantes”.
Lo primero que explica el profesor argentino, asesor de organismos internacionales y nacionales, y director de programas de posgrado en estudios latinoamericanos, es que para los conceptos de inter y transdisciplina los autores tienen algunas diferencias pero que personalmente llama transdisciplina a aquello que implica el paso de categorías, métodos, leyes, etcétera, de una disciplina científica a otra, un intercambio entres disciplinas, mientras que la interdisciplina es para él la integración sistemática de categorías, leyes, métodos, etcétera, entre dos o más disciplinas.
Considerando el momento histórico de nuestra región, ¿qué tan necesario es hablar hoy de interdisciplina?
“El momento histórico es singularmente complicado. Nuestra región está subordinada dentro de la situación global, hoy ya no como patio trasero sino directamente como si fuese una propiedad más de los Estados Unidos. Así como Trump pretende que Canadá o Groenlandia le pertenecen, ha pensado y dicho lo mismo de Venezuela, y se comporta del mismo modo respecto de casi toda América Latina, como si fuese parte de su seguridad nacional lo que ocurre en nuestros países, y que eso le permitiría actuar sin permiso siquiera de los gobiernos locales. En un mundo que además tiene en este momento dos guerras abiertas y una ya lleva casi cinco años y una polarización importante, fundamentalmente entre Estados Unidos y la China… bueno, estamos en un momento difícil, ¿no?
En ese escenario, dice el Follari, autor de 15 libros y aproximadamente 150 artículos, fue galardonado por el Premio Nacional de Derechos Humanos por el Servicio Universitario Mundial, la interdisciplina puede servir para pensar nuevos fenómenos como la situación subordinada de América Latina, los algoritmos y su uso dentro de la inteligencia artificial y las posibilidades que esta tiene, que son enormes. También puede colaborar en la acción de retomar los valores sociales de la ciencia. “Y a su vez la relación que tiene este mundo electrónico con la política a través del libertarianismo de gente como Peter Thiel o Elon Musk, y también las nuevas derechas tipo Milei, Trump o Bolsonaro”.
En Chile y Argentina, la ciencia, y en especial las ciencias sociales, hoy están pasando por un periodo de cuestionamiento en cuanto a los recursos estatales que se les entrega, su propósito y existencia. ¿Comparte esta apreciación? ¿Cómo sería el mundo sin las ciencias sociales?
“Este es un cuestionamiento interesado y viene desde sectores de las derechas que quieren acallar a la crítica social llamándola adoctrinamiento, como si imponer un modelo, por ejemplo, de libre mercado no fuera también valorativo, ideológico por cierto -que también lo es-, y no fuera adoctrinar, si es que se llama adoctrinar a lo que hacen quienes piensan desde el pensamiento crítico. El cuestionamiento es un cuestionamiento hecho de mala fe, pero que está llevando a que mucha gente piense que las ciencias pueden resultar muy caras o no suficientemente útiles. El tema es que el mundo sin ciencias sociales sería descerebrado. La sociedad tiene a la ciencia como uno de sus modos de autopensamiento social, uno de los modos de autoconceptualizarse y por lo tanto de autoconcebirse de manera sistemática. De modo que una sociedad sin ciencias sociales es una sociedad irreflexiva”.
Usted ha dicho que estamos en un tiempo de desocialización e individualización de la vida y la conciencia. ¿Qué quiere decir con eso y dónde podemos evidenciar esta cuestión?
La desocialización e individualización se evidencia en la relación que cada uno tenemos con las pantallas, al margen de los que están en nuestro alrededor; una evidente baja de la ética de la solidaridad; la caída de la tasa de nacimientos, que es enorme; con las dificultades para establecer familias nuevas, asociaciones a largo plazo, de parejas incluso, nos dedicamos al goce propio, por eso no no conformar familias. La desaparición de un horizonte de mensajes compartidos como lo que había cuando en una ciudad teníamos dos o tres emisoras de radio nada más y uno o dos canales de televisión y todos veíamos más o menos lo mismo. Hoy en día la multiplicación y combinación es absolutamente diaspórica y es enorme. En cada red social, hablamos solo con los que piensan parecido y allí toda pluralidad es negada en los hechos, como una serie de burbujas una detrás y al lado de la otra pero atomizadas. Todo eso son algunos de los síntomas.
¿Qué instituciones deberíamos reivindicar? ¿Cómo volvemos a la relación cara a cara?
“Creo que la familia, que no sea autoritaria, pero que debiera permanecer como vigente y que está hoy fuertemente debilitada y no ha sido reemplazada por otra institución análoga; la escuela, sobre todo aquellas escuelas que son capaces de mezclar distintos sectores y clases sociales; el deporte, los clubes barriales; ciertas parroquias barriales… es decir, los lugares donde todavía se ejerce lo colectivo y lo comunitario. La escuela dentro de eso tiene un rol denso, fuerte, importante, que es combatido desde la aparición del homeschooling y las pretensiones ultraliberales de mandar a todos a casa y que ya no aprendan dentro de la institución escolar”.
En sencillo, ¿Para qué sirven las ciencias sociales?
“Las ciencias sociales pueden servir para decirnos cómo apartar a los niños de las pantallas, para decirnos qué hacemos con la inteligencia artificial y qué hace ella de nosotros, para ver cómo lograr mayor representatividad de la política en la medida que se haga cargo de las demandas sociales, para ver cómo hacemos sociedades menos desiguales y por tanto con mayor legitimidad interna y menor tendencia al conflicto. Todas estas cosas son cosas en las que colaboran las ciencias sociales”.
¿Qué opinión le merece la forma de medición de la productividad en la generación de conocimientos? ¿Cantidad de publicación de paper, números, citas?
“Se pueden medir algunos índices. Hacer una aproximación y ver cuántas investigaciones hay en una universidad comparado con otras, cuántas investigaciones en relación a la cantidad de docentes e investigadores que se tiene, o la cantidad de alumnos, o al presupuesto que se tiene. Como decía Bachelard, hay que pensar para medir, no medir para pensar. Dicho de otro modo, los números no hablan, los números son el efecto de una interrogación. Entonces no es cuestión de tener números precisos, es cuestión de ver qué pertinencia tienen. Puede haber solo un artículo de investigación que por sí solo transforme toda una ciencia social y puede ser más importante que libros mucho más largos o que centenares de otros artículos o miles de ellos. De modo que cuantifiquemos, pero sepamos de los límites de la cuantificación, porque hay aspectos cualitativos que de ningún modo quedan allí suficientemente captados. Podríamos medir, por ejemplo, cuántos parpadeos hay en una sala en un momento determinado, pero salvo que uno se dedique a fenómenos ópticos, es una cuestión irrelevante. Un número puede ser muy preciso y no servir para nada; es la pertinencia del número la que lo hace valioso. Ahora, teniendo ya esa pertinencia, por supuesto que la precisión siempre es necesaria y tiene que ser lo más lograda posible."