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Una mirada desde lo sensible

Enfermedades Preciosas: De fragmentos, cuerpos y otras formas de existir

Enfermedades Preciosas: De fragmentos, cuerpos y otras formas de existir
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Enfermedades Preciosas llega a la Facultad de Medicina para abrir un diálogo entre arte, salud y experiencia humana.
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De izquierda a derecha, el vicedecano, doctor Juan Pablo Torres; la artista de Enfermedades Preciosas, Cecilia Avendaño; la directora de Extensión, doctora Lorena Tapia, y el decano de la FMUCH, doctor Miguel O'Ryan.
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La muestra invita a recorrer el cuerpo desde una mirada distinta a la estrictamente clínica.
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En sus obras, Cecilia Avendaño construye identidades inexistentes a partir de fragmentos de múltiples personas.
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Así, cada rostro cuestiona los límites entre lo individual, lo colectivo y aquello que reconocemos como identidad.
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Sus figuras también interrogan los cánones que determinan qué cuerpos consideramos bellos, normales o deseables.
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Frente a ellas, la enfermedad aparece como experiencia corporal y emocional, más allá del diagnóstico.
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La contemplación abre entonces un espacio para aproximarse al dolor desde la aceptación y la transformación.
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En la Facultad de Medicina, estas preguntas encuentran nuevas miradas entre quienes diariamente estudian y habitan la salud.
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La Galería se convierte así en un lugar donde arte y medicina vuelven a encontrarse en lo humano.
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La doctora Lorena Tapia, directora de Extensión de la FMUCH.
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La galerista y gestora cultural, Isabel Croxatto.
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La artista visual y curadora, Andrea Jösch.
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Cecilia Avendaño, artista de Enfermedades Preciosas.
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El decano de la Facultad de Medicina, doctor Miguel O'Ryan.

¿Qué ocurre cuando aquello que entendemos como enfermedad deja de observarse únicamente desde la ciencia y comienza a ser interrogado desde el arte? Esa pregunta marcó las reflexiones la tarde del jueves 27 de agosto de 2026, cuando la Galería de Arte de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (FMUCH) inauguró Enfermedades Preciosas, de Cecilia Avendaño: una exposición que fragmenta y reconstruye rostros, explora el cuerpo y propone detenerse ante aquello que suele resultar incómodo de mirar: el dolor, la vulnerabilidad y las múltiples formas de habitar lo humano.

La inauguración dio continuidad a un proyecto que comenzó a tomar forma en diciembre de 2025, cuando la FMUCH abrió este espacio permanente para acercar el arte y la cultura a su comunidad. La directora de Extensión del plantel, doctora Lorena Tapia, recordó que detrás de esa decisión existe una voluntad de ampliar las formas de encuentro dentro de la Universidad. “Desde la Dirección de Extensión entendemos que tenemos que abrir la universidad y la facultad a la comunidad. Y eso significa generar este tipo de espacios que favorezcan el encuentro, la participación y el diálogo”, señaló.

En una facultad acostumbrada a estudiar el cuerpo desde la medicina, Enfermedades Preciosas invita a observarlo desde otro lugar. “Esta exposición nos propone acercarnos a la enfermedad y a la experiencia humana desde una perspectiva artística, reflexiva y sensible”, explicó la doctora Tapia, destacando la posibilidad de abordar la salud y la enfermedad también desde las emociones y las experiencias de las personas.

Un rostro nunca es solo uno

La mirada de Cecilia Avendaño sobre la condición humana se construye, literalmente, a partir de fragmentos. La galerista y gestora cultural Isabel Croxatto, quien ha acompañado la trayectoria de la artista durante más de una década, ha sido también testigo de cómo su obra ha abierto conversaciones en distintos lugares del mundo. “He tenido el honor de llevar su trabajo a distintas partes del mundo, a distintos continentes, y ser testigo de las conversaciones que su trabajo sensible abre en públicos en Asia, Europa, Estados Unidos y Australia; trabajo en el que retrata, de una manera muy particular, a la sociedad contemporánea”.

Fotografías reales se transforman en archivos de ojos, pupilas, cejas y otros detalles que, posteriormente, son reorganizados hasta dar origen a nuevos retratos. “Todo lo que vemos ahí está presente, es real, es vivo; solo que ella tiene la capacidad para mezclar estas genéticas y devolvernos un retrato de esta sociedad contemporánea que habla precisamente de los tiempos que estamos viviendo, pero con una sensibilidad estética tremenda y con una profundidad única”, explicó Croxatto.

La artista visual y curadora Andrea Jösch situó esa exploración en una trayectoria de más de dos décadas. “Desde sus primeros años como estudiante de Artes Visuales de la Universidad de Chile —señaló—, Cecilia ya manifestaba el interés por acercarse a conocer la condición humana a través del retrato”. Con el tiempo, esa búsqueda se extendió hacia la naturaleza, el entorno y la propia experiencia de habitar un cuerpo.

En esa forma de componer una identidad a partir de cientos de fragmentos, Jösch reconoció también una reflexión sobre la naturaleza colectiva de lo humano. “Si uno puede hacer una relación con el trabajo de Ceci, que es una construcción de cientos, a veces de muchos cientos de imágenes para solo un retrato, esa condición también habla de que el individuo o el sujeto es colectivo y que necesita de sus múltiples espejos que están alrededor de nosotros para poder habitarlo”.

La idea adquiere una resonancia particular en Enfermedades Preciosas, donde el cuerpo deja de entenderse únicamente como una experiencia individual para abrirse a aquello que lo rodea y lo constituye. Para Jösch, esa dimensión también explica la pertinencia de que la exposición dialogue con una comunidad dedicada al estudio y cuidado de la salud: “Creo que el lugar preciso es aquí, para entrar en diálogo justamente con esa posibilidad de comprender que necesitamos habitar un cuerpo de manera más holística y de manera más colectiva”.

La belleza de aquello que duele

En el centro de ese diálogo apareció entonces la voz de Cecilia Avendaño. Frente a un presente en el que, señaló, el dolor y el sufrimiento forman parte de la experiencia cotidiana de muchas personas, la artista planteó el encuentro y el cruce de disciplinas como una posibilidad para volver a preguntarse por lo humano. “Para mí, de eso se trata la búsqueda de Enfermedades Preciosas: en reconocer que el dolor es también un acto de belleza”, expresó.

La contradicción contenida en el propio nombre de la exposición adquiere así otra lectura: no busca borrar aquello que duele, sino detenerse frente a ello y observarlo desde una sensibilidad distinta. “Estos son los momentos donde compartimos como comunidad, podemos hacernos preguntas y generar vínculos. Creo que reconocer el dolor es algo que involucra también a la belleza”, agregó.

Antes de iniciar el recorrido por las obras, el decano de la FMUCH, doctor Miguel O’Ryan, se detuvo en una escena poco habitual: al finalizar la jornada, la galería permanecía llena. Para la autoridad, esa imagen da cuenta de una transformación que trasciende la instalación de una exposición. “Lo que estamos logrando hoy día es un avance notable para una facultad tan histórica, muy tradicional, a veces un poco fría, que hoy se llena de arte, se llena de humanismo, se llena de una visión de presente y de futuro”, mencionó.

La muestra ya había comenzado a despertar curiosidad horas antes de su inauguración. Instalada desde aquella mañana, coincidió con la ceremonia de graduación de la Escuela de Posgrado y atrajo las primeras miradas de quienes transitaban por el lugar. Para el decano, fue una primera señal de la vida que puede adquirir la nueva galería. “Estoy contento, satisfecho y esperanzado en esta nueva manera de hacer las cosas también dentro de la academia, que es acercar nuestra acción común al arte, a una proyección que va mucho más profunda que solamente el quehacer de la enseñanza”, afirmó.

Enfermedades preciosas queda así abierta no solo para ser recorrida, sino también para ser interrogada. Entre rostros femeninos construidos a partir de otros rostros, cuerpos, fragmentos y nuevas formas de mirar aquello que duele, la exposición comienza ahora una nueva etapa: la de las conversaciones que pueda provocar entre quienes transiten por la Facultad de Medicina durante los próximos días, semanas y meses.

En conversación con Cecilia Avendaño: Habitar lo precioso, habitar la herida

Más allá de la inauguración, Cecilia Avendaño profundizó en las claves que atraviesan Enfermedades Preciosas: el origen y transformación de la serie, la construcción de sus cuerpos e identidades, el uso de tecnologías digitales y la relación que propone entre arte, dolor y sanación. Una mirada a la obra desde la voz de su propia autora.

Enfermedades Preciosas no es hoy exactamente la misma obra que comenzó a tomar forma hace más de una década. Desarrollada entre 2015 y 2019, la serie nació mirando hacia afuera, interrogando los cánones occidentales de belleza a través de cuerpos femeninos construidos digitalmente e intervenidos con formas vegetales. Con el tiempo, sin embargo, esa mirada comenzó también a dirigirse hacia adentro. La enfermedad, el dolor y la naturaleza fueron adquiriendo nuevos sentidos, hasta transformar la obra en un territorio donde la vulnerabilidad puede convertirse también en una forma de conocimiento.

“Hoy la miro como un proyecto que maduró desde una crítica a los cánones de belleza hacia una poética del dolor, la aceptación y la sanación. Con los años, la obra ha adquirido una capa más íntima: la enfermedad como umbral de autoconocimiento y la naturaleza como vía de regreso a lo auténtico”, explica Cecilia Avendaño.

Quizás por ello Enfermedades Preciosas encuentra en una Facultad de Medicina un escenario especialmente provocador. Aquí, su propio nombre tensiona dos maneras de aproximarse al cuerpo: una que observa, conoce, diagnostica y trata; y otra que admite aquello que no siempre puede medirse ni nombrarse. Entre ambas aparece un espacio para preguntarse qué entendemos por normalidad, qué cuerpos logramos leer y qué dimensiones de la experiencia quedan fuera de la mirada clínica.

“No se trata de romantizar la enfermedad, sino de abrir un intervalo donde el dolor pueda ser pensado y nombrado de otra manera: como parte de una experiencia humana que también involucra aceptación, transformación y búsqueda de sentido”, plantea la artista.

Pero los cuerpos que habitan la exposición tampoco entregan respuestas sencillas. Sus rostros parecen familiares sin pertenecer a nadie; pueden evocar juventud, fragilidad o infancia, aunque no retratan literalmente a niñas ni a personas determinadas. Ojos, facciones, cuerpos y proporciones provenientes de distintos modelos adultos se encuentran digitalmente para crear seres inexistentes. Es justamente en esa indefinición donde Avendaño instala otra de sus preguntas: cuánto de nuestra identidad nos pertenece y cuánto ha sido moldeado por aquello que aprendimos a reconocer como bello, normal o deseable.

“Me interesa la idea de una identidad que aún no está completamente fijada por los códigos sociales, culturales o de género. Por eso estas figuras funcionan como identidades abiertas. No son retratos individuales, sino cuerpos construidos que permiten hablar de transformación, vulnerabilidad y de nuestra necesidad permanente de reconocer y clasificar al otro”.

Nada de esa extrañeza visual es accidental. Mucho antes de que la inteligencia artificial instalara nuevas preguntas sobre la frontera entre lo verdadero y lo construido, Avendaño ya trabajaba con postproducción digital, fotomontaje y composición por capas para crear identidades que nunca existieron. La tecnología, sin embargo, permanece detrás de una decisión humana: escoger un fragmento y no otro, unir, descartar, intervenir y, sobre todo, decidir qué pregunta sostendrá finalmente una imagen.

“La tecnología puede generar posibilidades, pero la construcción del lenguaje, la mirada crítica y la intención siguen perteneciendo al autor. Por eso me interesa pensar la IA como una herramienta de exploración y no como un generador automático de sentido”.

Al final del recorrido permanece el dolor, pero ya no necesariamente en el mismo lugar desde donde comenzó. Enfermedades Preciosas no pretende convertirlo en algo bello ni prometer que el arte pueda curarlo. Propone, en cambio, mirarlo; darle una imagen cuando las palabras resultan insuficientes y abrir la posibilidad de que una experiencia íntima encuentre eco en la experiencia de otro. Allí aparece una frontera que para Avendaño resulta esencial: aquella que separa curar de sanar.

“No creo que el artista pueda proponerse ‘sanar’ a otro de manera directa. Lo que sí puede hacer es ofrecer una experiencia, una imagen o una pregunta en la que alguien pueda reconocerse. Y a veces ese reconocimiento puede ser el comienzo de un proceso de transformación”.

En ese territorio entre lo visible y lo íntimo, lo individual y lo colectivo, la herida y su transformación, Enfermedades Preciosas encuentra en la Facultad de Medicina un nuevo lugar desde donde ser mirada. No para ofrecer respuestas definitivas sobre el cuerpo o aquello que lo atraviesa, sino para abrir preguntas y permitir que, allí donde la medicina observa, estudia y cuida, el arte también encuentre una forma de detenerse frente a lo humano.