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Comunidad FCFM reflexiona sobre los riesgos de la huella digital y el autocuidado en redes sociales

FCFM aborda riesgos de la huella digital y refuerza autocuidado en RR.SS.

¿Qué ocurre con una fotografía, una conversación o una opinión cuando pasa al espacio digital? ¿Quién puede acceder a esa información y qué usos puede tener después? Estas fueron algunas de las preguntas que guiaron el conversatorio "¿Quién ve mis historias?", realizado el 3 de septiembre en la FCFM como un espacio de información y reflexión sobre privacidad, datos personales y uso responsable de plataformas digitales. La actividad fue organizada por la FCFM, el Departamento de Ciencias de la Computación (DCC), la Escuela de Ingeniería y Ciencias, y los centros de estudiantes de Ingeniería (CEI) y de Plan Común (CEPC). 

El encuentro reunió a Jessica Matus, abogada especialista en privacidad y protección de datos; Claudio Gutiérrez, profesor titular del DCC e investigador del Instituto Milenio Fundamentos de los Datos; y Alejandro Hevia, profesor asociado del DCC y director del Laboratorio de Criptografía Aplicada y Ciberseguridad (CLCERT). La actividad fue moderada por la directora del DCC, Jocelyn Simmonds.

Al abrir la jornada, la decana de la FCFM, Susana Mondschein, puso el acento en la necesidad de que estas conversaciones formen parte de una reflexión permanente de la comunidad y no surjan únicamente frente a situaciones críticas.

"Mi expectativa es que estos espacios de conversación levanten también una reflexión ética, que es igual de importante. Si nosotros fuéramos más cuidadosos con las cosas que decimos, la privacidad no sería un tema prioritario en la discusión de cómo usamos las redes sociales. Cada vez vamos a tener más desafíos y espero que esta conversación y reflexiones sea un continuo en nuestra comunidad", comentó.

Lo personal puede dejar de serlo

Claudio Gutiérrez explicó que una de las principales transformaciones del mundo digital es la facilidad con que los datos pueden reproducirse, reutilizarse, combinarse o modificarse. Una vez que determinada información entra al espacio digital, señaló, su circulación puede escapar del control de quien originalmente la compartió. 

El académico propuso distinguir entre tres ámbitos: personal, grupal y público, cuyos límites suelen ser reconocibles en la vida cotidiana, pero se vuelven mucho menos claros en internet. "El problema en lo digital es que confunde estos niveles (...) y uno empieza a confundir lo personal con lo grupal con lo público", comentó.

Frente a ese escenario, planteó tres responsabilidades: cuidar el espacio personal, ser conscientes de cómo compartimos información con otras personas y contribuir también al cuidado del espacio público digital. La educación y el desarrollo de hábitos de autocuidado, sostuvo, resultan fundamentales.

Privacidad no significa solamente guardar secretos

Jessica Matus profundizó en la diferencia entre privacidad, comunicaciones privadas y protección de datos personales. Explicó que la privacidad supone también la posibilidad de decidir quién accede a determinada información y recordó que el avance de las tecnologías está generando nuevas situaciones que desafían las categorías tradicionales de protección.  

Entre las advertencias planteadas, relevó el cuidado que requiere publicar voluntariamente información sensible sobre aspectos como salud, orientación sexual, identidad de género, convicciones religiosas u opiniones políticas.

La especialista llamó así a comprender que las decisiones que se toman al publicar información pueden modificar las posibilidades posteriores de controlar su circulación y tratamiento.

¿Quién más está mirando?

Alejandro Hevia abordó la privacidad desde la idea de control y autonomía sobre la propia información. Explicó que las personas actúan en distintos contextos sociales, tales como los círculos de amistades, de relaciones laborales, de atención médica, entre otros, y esperan que la información entregada en uno de ellos permanezca dentro de ese ámbito.

El problema, señaló, es que las redes sociales pueden romper esas fronteras: amplifican contenidos y son operadas por plataformas que, dependiendo del servicio, pueden tener acceso a los datos que circulan por ellas. 

"Las redes sociales nos dan todo este beneficio donde podemos conectar con otras personas (...) pero ojo, hay que acordarse que la información que transmito se tiende a amplificar en redes sociales, a llegar a otros lugares y lo peor es que esta es una plataforma que está controlada por alguien".

Hevia distinguió además entre controlar la audiencia de una publicación y garantizar su privacidad. Poder definir quién ve determinado contenido no significa necesariamente que este permanezca oculto para la propia plataforma o que no pueda salir posteriormente de su contexto.

También llamó a reflexionar sobre la vigilancia y el acceso a información digital con fines comerciales o de seguridad, señalando que debe existir un equilibrio entre estas prácticas y la protección de derechos, ya que una supervisión excesiva puede tener efectos sobre la libertad de expresión y favorecer la autocensura.

Informarse antes de compartir

Más que proponer abandonar las plataformas digitales, el conversatorio puso el énfasis en comprender cómo funcionan, distinguir los distintos espacios en los que nos comunicamos y tomar decisiones informadas sobre aquello que compartimos. 

Como sintetizó Hevia al cierre de su presentación, "es muy importante informarse y entender qué es lo que ustedes piensan que es privacidad, porque lo que ustedes piensan de privacidad debe calzar con lo que realmente está sucediendo en redes sociales”.

La directora del DCC, Jocelyn Simmonds, explicó que esta jornada forma parte de la preocupación institucional por generar espacios de reflexión sobre uso de tecnologías, privacidad y cuidado de las personas en entornos digitales, un ámbito que adquiere nuevos desafíos a medida que evolucionan las plataformas, los sistemas de inteligencia artificial y las formas de circulación de la información.