Palabras Ceremonia Reconocimiento Profesores Eméritos Iñigo Díaz y Santiago Urcelay

Es un gran honor dirigirme a ustedes, en representación de la Universidad de Chile, en esta ceremonia que celebra el reconocimiento como Profesores Eméritos a dos queridos y emblemáticos profesores de la Universidad de Chile, los Profesores Iñigo Díaz y Santiago Urcelay.

Ambos dan cuenta de una vida de compromiso con la Universidad y de una amistad profunda, que encarna de manera ejemplar lo que entendemos como la mejor expresión de comunidad. Trabajo leal hacia la institución, académicamente riguroso, políticamente comprometido y con visible presencia, tanto en los momentos luminosos como en los oscuros.

Esta ceremonia compartida es elocuente en representar esa historia de construcción común y solidaria, y es la señal más clara de que esta difícil tarea solo puede realizarse con todos y todas, que aprendemos unos de otros, mientras vamos construyéndonos como personas y, al mismo tiempo, que se construye la institución.

Es el momento de agradecer sus múltiples contribuciones a la formación, la investigación, la vida universitaria, la política universitaria y, por cierto, especialmente el liderazgo que ha hecho trascender sus contribuciones hacia el ámbito nacional e internacional. Un liderazgo siempre generoso, alegre, esperanzado y valiente que fue tan esencial en los tiempos más duros.

No es trivial conciliar la capacidad de realización con la amabilidad y el espíritu calmo, y ustedes siempre han dado señales de que es posible, y más aún de que es la mejor forma de convocar los talentos y las voluntades de otros y otras.

Las universidades, en cuanto instituciones comprometidas con la generación de conocimiento y la formación de personas para abrir nuevos futuros, encierran una dualidad que también es la fuerza que las ha hecho perdurar en el tiempo. Por un lado, se identifica un núcleo sólido y resistente que permanece y se profundiza, que da cuenta de su identidad misional e histórica, y por otro, la pulsión de lo nuevo y la inclinación al cambio. Esta disposición es esencial para cumplir con su tarea de creación, para abordar los desafíos de los nuevos problemas que aún no encuentran respuesta y para formar personas para una sociedad que evoluciona y que todavía no comprendemos del todo. Entre lo que es indeleble están el carácter institucional y sus personas, las que han dado su vida a sostener la institución, que han ejercitado la docencia y la investigación, generando y compartiendo el conocimiento, las que serán recordadas como parte de su esencia.

Ustedes representan a esa Universidad que queremos que perdure, y por eso la Universidad les llama a permanecer como Profesores Eméritos, porque solo a partir de ese cimiento firme puede elevarse lo nuevo.

Seguiremos trabajando por el futuro de nuestra Universidad, inspirados en su ejemplo. Buscaremos su consejo en los momentos difíciles y compartiremos las alegrías que son siempre más que los dolores en esta Universidad querida.

Muchas gracias.

Rosa Devés Alessandri
Rectora de la Universidad de Chile

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