Palabras Otorgamiento Medalla Rectoral a Carlos Castro Sandoval
Con gran emoción, agradezco a todas y todos ustedes su compañía en este homenaje que la Universidad de Chile rinde a Carlos Castro Sandoval por su contribución al progreso de la institución, otorgándole la Medalla Rectoral. Agradecemos tanto la compañía de su familia personal, como de su familia universitaria, de la cual somos parte.
Nuestra Universidad, con sus casi dos siglos de vida, debe su historia y su lugar en Chile –y en el mundo– a quienes, desde los más distintos ámbitos de su complejo quehacer, han puesto su talento, su esfuerzo y su conocimiento al servicio de su misión. Así, nuestras vidas orientadas por la lealtad a la institución y a una tarea común al servicio del país, se han hermanado y nos reconocemos como miembros de un mismo cuerpo: la comunidad de la Universidad de Chile.
Todas y todos entendemos que una responsabilidad principal, sea cual sea nuestro rol en la institución, es cuidar a esta Universidad como un bien mayor que nos ha sido confiado, para preservar y desarrollar. Esa doble característica de la misión de una universidad de conservar lo más valioso del pasado, examinándolo siempre críticamente, al mismo tiempo que se desarrollan nuevas formas de comprender y se avanza el conocimiento. Pero, además, mientras más se comprende, más importante se vuelve la obligación moral de usar ese conocimiento y esas capacidades con integridad, responsabilidad y generosidad.
La responsabilidad con el cuidado de una institución requiere de agentes morales, que sean respetados y sirvan de modelos. Carlos Castro, con su actuar íntegro y generoso, es uno de esos agentes morales que nos han servido de guía, y es por ello que la Universidad de Chile lo distingue.
Recuerdo muy claramente que Carlos fue el primero de nosotros en volver a su puesto de trabajo durante la pandemia, ese tiempo difícil de tantos dolores que nos llevó a recluirnos en nuestros hogares como medida de protección. Estoy segura que nadie se sorprendió, era esperable; quién si no él sería el primero en regresar físicamente a la Universidad y darnos ese ejemplo de entrega total.
Preocupado del orden, de la disciplina, de las cuentas claras, del respeto a los acuerdos y a los compromisos, muchas veces nos dijo “no se puede” y, sobre todo, “no se debe”. Y esos “no” de Carlos Castro siempre fueron respetados, así como agradecido fue el impulso que dio en sus años de ejercicio como Director de Finanzas y Administración Patrimonial a tantos proyectos que han hecho más grande a esta Universidad.
Agradezco a todos quienes han compartido hoy su admiración y afecto, que han aportado a perfilar las distintas dimensiones de su persona y de su contribución, demostrando que somos una comunidad viva que reconoce a sus integrantes, que señala el mérito y, por sobre todo, que continúa caminando por las sendas que con esfuerzo otros han construido.
Querida Clarisa y queridos Carlos, María Francisca y Felipe, a ustedes debemos agradecer principalmente. Sabemos que esta Universidad, que se integra a las vidas familiares como un habitante más, es poderosamente exigente con sus complejidades, y es por eso que esta Medalla Rectoral que la Universidad otorga a su esposo y a su padre es también para ustedes.
En todo momento de su historia, la fortaleza fundamental de la Universidad de Chile ha estado dada por la capacidad de sus integrantes de expresar todo su potencial en el marco de los valores institucionales, y, por ello, su capacidad de incidir en el bien común depende de nuestra capacidad de ofrecer un espacio seguro para el crecimiento personal y comunitario. Carlos Castro ha entregado parte importante de su vida a construir ese espacio seguro y ese terreno fértil para otras y otros, y por ello hoy su Universidad le rinde homenaje.
Muchas gracias.
Rosa Devés Alessandri
Rectora de la Universidad de Chile