Palabras Homenaje de Despedida a Catherine Connelly

Es un honor dirigir estas palabras, en representación de la Universidad de Chile, para honrar la memoria de la doctora Catherine Connelly. La Universidad de Chile no es un concepto abstracto; es su comunidad la que hoy se hace aquí presente para despedir a una gran científica y maestra que admiramos y quisimos. Y en este caso, la relación de la Universidad con su académica es aún más íntima porque la Universidad vive también en su familia, la Universidad son también Jorge y Miguel Allende.

Y es así como en el hogar Allende-Connelly, persona y Universidad comparten esencia, se han nutrido mutuamente, y en ese acto han dado vida buena a muchas personas y a nuestro país.

Reconocida internacionalmente por su excelencia científica, practicó la academia de manera sobria y generosa, sin estridencias, pero con solidez admirable.

Muchos habrán dicho o escuchado decir “la Catherine estaba en el laboratorio”, ese saber “estar en el laboratorio” que requiere curiosidad, esfuerzo, persistencia y generosidad.  “Estar en el laboratorio” es hacer las preguntas importantes, encontrar las metodología y caminos para responderlas, acoger y formar personas, adquirir y mantener equipos, concursar, escribir, comunicar el conocimiento que va emergiendo. Catherine Connelly y Jorge Allende crearon escuela y trajeron la biología molecular a Chile, estudiando la relación entre estructura y función de las proteínas que regulan la expresión génica. No se equivocó el rector Juan Gómez Millas cuando los conoció en Estados Unidos y les invitó a incorporarse a la Universidad.

También es importante destacar que fue una notable profesora que enseñó en los cursos de Biología Molecular y Bioquímica, supervisó estudiantes de postgrado y dirigió el Doctorado de Biología Molecular y Celular. Y fue capaz de hacer vida académica en dos facultades: la Facultad de Ciencias, donde enseñaba, y la Facultad de Medicina, donde investigaba, sirviendo de puente entre esos dos importantes espacios académicos. Sabemos lo exigente que es una carrera académica completa en un lugar, ella logró hacerlo en dos al mismo tiempo.

Integridad, solidez, amor, es lo que deja como la más importante enseñanza. “Estar en el laboratorio”, no seguir con tanta pasión las luces, lo que hoy nos confunde y a veces angustia, “estar” de verdad, “estar” serenamente. Es hoy nuestra responsabilidad colectiva defender esa forma de hacer ciencia.

Además, es preciso recordar que si bien tuvo la fortuna –al igual que nuestro  querido Jorge Allende– de formarse al mejor nivel con un doctorado en Yale y postdoctorados y  estadías en grandes laboratorios, como los de Efraim Racker, Marshall Nirenberg  y Gordon Sato,  también vivió dificultades debiendo hacer ciencia  en los tiempos en que Chile estuvo bajo la dictadura, y que entonces también fue modelo de honestidad con un ejercicio orientado por principios claros y sólidos que consistía en resistir trabajando, construyendo y manteniendo lazos internacionales como una forma de no entregar la Universidad a quienes quisieron destruirla.

Pero además de investigar y formar científicos, aportó a la educación de niños y niñas acompañando a Jorge en la gran aventura del Programa de Educación en Ciencias Basada en la Indagación (ECBI) con sus distintas expresiones en enseñanza básica y media. Siempre cumpliendo al máximo nivel, respetuosa y colaborativamente, vinculando internacionalmente a la educación pública chilena. Jorge y Catherine dieron a ese esfuerzo épica y fuerza, la que transmitieron a las comunidades educativas, enseñándoles a soñar y a atreverse a la aventura de lo desconocido, sin importar la edad. Ampliaron así su familia, y a través de su Fundación Allende-Connelly nos han dejado la tarea de continuarlo.

Catherine, inseparable de su familia personal y universitaria, representa la capacidad de amor en su grado máximo y deja una huella que nos compromete.

Muchas gracias.

Rosa Devés Alessandri
Rectora de la Universidad de Chile

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