Palabras entrega de la Condecoración al Mérito Amanda Labarca a la Prof. María Olivia Mönckeberg
Es un honor dirigirme a ustedes, en representación de la Universidad de Chile, en esta solemne ceremonia, en la cual se distingue a la Profesora María Olivia Mönckeberg con la Condecoración al Mérito Amanda Labarca.
Se trata de una distinción que no solo reconoce trayectorias sobresalientes, sino que también celebra una forma de estar en el mundo y de comprender el sentido de lo público, desde el ser mujer y académica.
Ha sido emocionante y un privilegio escuchar los discursos de Beatrice y María Olivia, y rememorar a través de ellos historias de valentía y de compromiso con ideales superiores, que son herencia de tantas luchas que nos precedieron.
Con una presencia calma y respetuosa, María Olivia Mönckeberg emprendió causas desafiantes, que estaban a la espera de alguien como ella para ser abordadas. Pero en esa calma también han habitado tempestades –tempestades de bien– que se levantan cada vez que la verdad debe ser dicha, aunque incomode; cada vez que el poder debe ser examinado, aunque resista.
Su defensa, y muchas veces su denuncia, han estado siempre sostenidas en la investigación y en la responsabilidad pública.
Con rigor y determinación ha movido los límites de lo posible desde el periodismo, abriendo espacios de transparencia donde antes hubo silencio. Ha dicho lo que otros callaron cuando al hacerlo implicaba poner en riesgo la vida, por una comprensión radical del deber de informar.
Esa capacidad de defender con pasión las ideas, de cuidar las instituciones democráticas, de denunciar el abuso, le otorga un lugar singular en nuestro país y en nuestra Universidad, y la vincula con las grandes mujeres de nuestra historia, como Amanda Labarca, Elena Caffarena y Olga Poblete.
Todas ellas supieron tomar la voz para decir algo distinto, para enunciar su condición de mujer y defender derechos de igualdad. Todas comprendieron que el conocimiento y la palabra son herramientas de transformación. Todas entendieron que la universidad debe ser conciencia crítica de su tiempo.
En esa tradición se inscribe la obra de María Olivia Mönckeberg. Su contribución al periodismo de investigación no solo ha enriquecido el debate público chileno, sino que ha formado generaciones de estudiantes en una ética profesional exigente, donde el rigor no es negociable y la verdad no es relativa. ¿Qué mejor maestra pueden tener nuestras y nuestros estudiantes que alguien que ha hecho del coraje intelectual una práctica cotidiana?
La Universidad de Chile le agradece también su liderazgo institucional. Condujo el ICEI con visión estratégica y espíritu democrático en el proceso que inició el camino que lo llevó a transformarse en Facultad. Fue un tránsito cuidadoso, pausado, pero determinado; un proceso que observé de cerca y que reflejó su manera de hacer las cosas: con diálogo, con respeto, con claridad de propósito. Esa transformación fortaleció no solo a una comunidad académica, sino a la Universidad en su conjunto.
Agradecemos igualmente su labor como representante del Presidente de la República ante nuestro Consejo Universitario, donde ejerció hasta hace un par de semanas su rol con sentido de Estado y lealtad institucional, siempre atenta a que la Universidad avanzara en su desarrollo, resguardando su carácter público y su vocación nacional.
La Condecoración Amanda Labarca reconoce méritos académicos y contribuciones excepcionales, y hoy, al entregarla a María Olivia Mönckeberg, reconocemos también un carácter: la coherencia entre palabra y acción; la serenidad que no claudica; la firmeza que no necesita estridencia; la pasión que se expresa en servicio.
Su trayectoria honra a nuestra Universidad y proyecta hacia el futuro el legado de aquellas mujeres que abrieron caminos que no parecían posibles.
Muchas gracias a todas y todos.
Rosa Devés Alessandri
Rectora de la Universidad de Chile