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Discurso Concierto “Carmina Burana” en el Estadio Nacional

Es con gran emoción que volvemos a encontrarnos en el Estadio Nacional, con un amplio público amante de la música, junto a la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile y el Coro Sinfónico Universidad de Chile.

Saludo con afecto a las ministras y ministros presentes, a las autoridades universitarias y nacionales, al cuerpo diplomático, y a todas y todos quienes nos acompañan hoy, ya sea en el Estadio o a lo largo de Chile, a través de la transmisión de Televisión Nacional y de nuestros medios universitarios.

También saludo afectuosamente a quienes integran la Orquesta y el Coro, y a sus directores Carlos Vieu y Juan Pablo Villarroel.

Hace un año nos reunimos en este emblemático lugar para escuchar la Novena Sinfonía de Beethoven. Hoy lo hacemos con Carmina Burana de Carl Orff, dos obras extraordinarias del repertorio universal.

Lo hacemos en familia. No solo con nuestras familias personales, sino también como parte de una familia más grande: la familia de Chile, que valora reunirse y reconocerse como comunidad.

Les contamos con orgullo que, en julio del año pasado, la Universidad de Chile inauguró su Gran Sala Sinfónica Nacional, en el corazón de la ciudad, a pocos pasos de la Plaza Italia. Se trata de un espacio excepcional, comparable con las mejores salas internacionales, que fue levantado con esfuerzo y perseverancia, con la convicción de que Chile y sus elencos artísticos requerían de un espacio público de primer nivel.

Y no solo para que los músicos nos maravillen con su talento y maestría, sino también para que los niños y niñas, que sueñan con ser músicos, sepan que esta Gran Sala Sinfónica Nacional existe y que les está esperando.

Pero nada de ello nos hizo olvidar nuestro vínculo con el gran público, con ustedes, que hace un año demostraron cuánto valoraban que el Estadio Nacional acogiera un concierto de esta calidad, para celebrar en unidad nuestra historia cultural. Por eso, una vez más, estamos aquí.

En esta oportunidad, celebramos además los 85 años de vida de la Orquesta y los 80 años del Coro: ocho décadas —y más— de amor por la música y de vocación de servicio al país, sostenida en la comprensión de que la cultura es un bien público y no un privilegio.

Generaciones de músicos han pasado por estos elencos. Varios de quienes hoy tocan o cantan fueron niños que acompañaban a sus padres, revoloteando entre instrumentos y partituras. Eso es una comunidad de destino, que se hace cargo de una obra mayor, que importa a todos más allá de sus diferencias, que es capaz de mantenerse unida en la diversidad, de superar las crisis y de seguir caminando.

Porque junto con las alegrías hemos sufrido una pena muy grande, con la muerte prematura, en junio recién pasado, del maestro Rodolfo Saglimbeni, quien fuera por 6 años nuestro director titular.  Este concierto lo ofrecemos en su homenaje.

El maestro Saglimbeni fue un hombre sabio y bueno. Nos ayudó a perseverar en tiempos difíciles, a cuidarnos mutuamente, a valorar el encuentro con los grandes públicos y a trabajar por la educación musical. Ha sido duro sobreponernos, pero lo hemos hecho en su nombre, con la convicción de que el sueño y la esperanza no deben abandonarse nunca.

Este espíritu de esfuerzo ha distinguido también a nuestra Universidad en sus 183 años de historia. En un mundo dinámico y crecientemente complejo, las universidades —especialmente las públicas— tenemos un rol imprescindible.

Por ello, seguiremos trabajando por la ciencia, por las humanidades, por las artes, por la educación pública, por la libertad académica, por la cultura y por los Derechos Humanos.

Que esta noche, aquí en el Estadio Nacional, la música nos recuerde quiénes somos, lo que podemos ser juntos y la responsabilidad que compartimos de cuidar lo que nos une.

Muchas gracias.

Rosa Devés Alessandri
Rectora de la Universidad de Chile

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