Discurso Semanas Musicales de Frutillar
Muy buenas noches a todas y todos.
Es un gran privilegio representar a la Universidad de Chile frente a ustedes con ocasión de la versión 58° de las Semanas Musicales de Frutillar en este bello Teatro del Lago, acompañando a la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, al Coro Sinfónico Universidad de Chile, y a las y los solistas invitados en su concierto de clausura.
Nuestro agradecimiento a la Sra. Presidenta de la Corporación Cultural, maestra Karina Glasinovic, a las y los integrantes del directorio y a todos quienes hacen posible este magnífico encuentro.
Este ha sido un año de sentimientos intensos para la comunidad musical de la Universidad de Chile. Con profunda tristeza hemos visto partir a nuestro querido Maestro Rodolfo Saglimbeni, al mismo tiempo que se hacía realidad el sueño –que él tanto esperó– de la inauguración de la Gran Sala Sinfónica Nacional. Así, el dolor y la alegría nos han acompañado en nuestra labor de permanente resguardo de este patrimonio inmaterial que representan nuestros elencos.
En este último tiempo también hemos celebrado los 85 años de vida de la Orquesta y los 80 años del Coro Sinfónico: ocho décadas –y más– de amor por la música como derecho y espacio de encuentro.
Esta noche escucharemos El Mesías de Händel que nos entrega un mensaje universal de trascendencia: un mensaje de esperanza en la justicia y en la renovación; de afirmación de la vida; que nos habla de la ética del cuidado y de la compasión y de la confianza en el porvenir, entendida como una fuerza colectiva. Son valores que necesitamos reconocer como comunidad amplia en tiempos difíciles.
Cuenta Stefan Zweig, respecto a esta extraordinaria obra, que en el último ensayo de El Mesías antes de su estreno, tan pronto empezó el coro, los pocos oyentes que asistían y escuchaban dispersos comenzaron a agruparse, como si cada uno, por sí solo, careciera de la fuerza suficiente para resistir el ímpetu de la música, la que de esta forma podría pasar de unos a otros como a través de un solo cuerpo. Esos son los regalos que nos hace la música con su lenguaje tan misterioso como universal. Concluido el ensayo –escribe Zweig– fueron contando de puerta en puerta que habían escuchado una obra de arte musical como no había otra sobre la Tierra. Y la ciudad se estremeció de impaciencia y de alegría por escuchar aquella obra maestra.
Es la misma fuerza espiritual que les trae a muchos de ustedes año a año a reunirse en las Semanas Musicales de Frutillar, porque saben que aquí escucharán la mejor música interpretada por grandes artistas, pero seguramente también motivados por la lealtad a un bien cultural desarrollado a lo largo de mucho tiempo y quizás buscando también sentir por unas horas que somos un solo cuerpo.
Que sea este momento uno de afirmación de la vida celebrada como el triunfo de la luz sobre la oscuridad.
Muchas gracias.
Rosa Devés Alessandri
Rectora de la Universidad de Chile