Presentación libro “México - Chile. una historia de asociación estratégica”
Un saludo muy cordial a las autoridades presentes: a la Sra. Subsecretaria Gloria de la Fuente; a la Sra. Embajadora de México en Chile, Laura Moreno Rodríguez; a las y los representantes del cuerpo diplomático; a académicas, y a todas y todos quienes hoy nos acompañan.
Es un honor participar, como Rectora de la Universidad de Chile, en la presentación del libro México–Chile. Una historia de asociación estratégica, a través del cual se conmemoran y proyectan los vínculos que han unido a nuestras naciones desde el inicio de su vida republicana.
La historia que se revisita ha estado marcada por la solidaridad, la defensa de la soberanía y una visión compartida de América Latina como proyecto político, cultural y humano. Estos rasgos fundamentales se recogen en el texto al situar los orígenes de la relación entre México y Chile en el contexto de las independencias y del siglo XIX, cuando nuestras jóvenes Repúblicas buscaban afirmar su autonomía y comprendieron que la cooperación y el apoyo mutuo era necesario.
Recibo esta invitación como un reconocimiento a que esta historia compartida se encuentra sólidamente enraizada en relaciones culturales, así como en un conjunto de principios e ideales que se expresan en nuestras universidades públicas, comprometidas con la generación y transmisión del conocimiento, la formación integral de personas y el fortalecimiento de la vida democrática.
En su visita a Chile en 1922, el Secretario de Educación Pública de México, José Vasconcelos, se refirió con elocuencia a esos principios en un discurso pronunciado en la Facultad de Filosofía, Humanidades y Bellas Artes de nuestra Universidad, diciendo: “la ciencia tiene por objeto mejorar la condición social de los hombres; las Universidades las paga el Estado con el dinero, con el trabajo de los pobres, y primero que otra cosa alguna deben enseñar a los hombres su condición económica individual y a romper las desigualdades injustas”. “Romper el privilegio, romper la casta; estudiar los métodos por los cuales se logre dar la tierra a quien la labre y el pan a quien lo trabaja; ese es el objeto primordial de la filosofía económica moderna y de la universidad moderna”, señaló.
No es de extrañar, entonces, que la estadía de Gabriela Mistral en México entre 1922 y 1924 –gracias a la invitación de José Vasconcelos– representara para ella una experiencia decisiva de aprendizaje humano, político y espiritual. En México encontró Gabriela una América viva y profunda, donde la educación se concebía como una tarea ética ligada a la dignidad del pueblo, al reconocimiento de las culturas originarias y al amor por la tierra. México fue para Mistral una patria elegida, un espacio donde su pensamiento pedagógico y su sensibilidad americana se afirmaron, y desde donde consolidó una visión de la cultura como bien común, inseparable de la justicia social y de la identidad de los pueblos. Allí participó activamente en el ambicioso proyecto educativo posrevolucionario mexicano, contribuyendo a la reforma de la educación rural, a la formación docente y a la expansión de una educación pública orientada a la justicia social. México fue para ella también un lugar de reconocimiento y proyección continental, que marcó profundamente su pensamiento pedagógico y humanista, como se señala en el libro.
El libro también dedica un espacio fundamental a uno de los capítulos más dolorosos y, al mismo tiempo, más importantes de esta historia compartida: el exilio chileno tras el golpe de Estado de 1973. México aparece aquí no solo como país de acogida para los perseguidos, sino como un espacio de continuidad académica, intelectual y cultural. Universidades, centros de investigación y espacios culturales mexicanos permitieron que el pensamiento crítico chileno siguiera vivo. Para la Universidad de Chile, este capítulo tiene un significado profundo y constituye parte inseparable de nuestra memoria institucional. Y como chilenos y chilenas nos enseña a comportarnos “a la mexicana”, abrirnos responsable y generosamente a ser lugar de acogida, y ofrecer la posibilidad de una vida nueva y plena a quienes, por distintas razones, hoy sufren el destierro.
Por ello, esta historia común nos enorgullece, pero al mismo tiempo nos desafía, especialmente en tiempos difíciles de la humanidad, a fortalecer en conjunto la tradición latinoamericana de universidades públicas comprometidas con la justicia, la cultura y la integración regional.
Con esa convicción estamos colaborando activamente con la UNAM para proyectarnos en unidad hacia el futuro. En agosto recién pasado participamos con una delegación de 120 personas de la Universidad de Chile en la Feria del Libro de las Universitarias y los Universitarios de esa universidad, delegación que incluyó a personalidades del mundo de la cultura ligados a nuestra universidad, como Mono González, Cecilia Vicuña y Elvira Hernández, entre otras.
Fue una forma de darnos un abrazo amplio para comprometernos a recorrer y construir juntos un camino de futuro. En este sentido, ha sido especialmente significativa la instalación del Centro de Estudios Mexicanos de la UNAM en el seno del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile. Ambas directoras, Sandra Lorenzano y Dorotea López Giral –respectivamente– están aquí presentes. Gracias a ellas por su liderazgo generoso y transformador.
Este hito dialoga directamente con el espíritu del libro y con la vocación de la colección de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México. No es un gesto aislado ni meramente administrativo. Es la institucionalización de una historia de cooperación académica, cultural y científica de larga data.
El Centro de Estudios Mexicanos permitirá profundizar la investigación asociativa, la movilidad académica y estudiantil, la docencia compartida y la difusión de la cultura mexicana. Representa una apuesta concreta por fortalecer el diálogo intelectual latinoamericano desde dos universidades públicas que comparten valores, compromiso social y una vocación regional profunda.
Desde la Universidad de Chile reafirmamos nuestro compromiso con esta relación histórica y con los principios que la han sustentado y renovamos nuestra voluntad de seguir proyectándola desde la responsabilidad compartida.
Muchas gracias.
Rosa Devés Alessandri
Rectora de la Universidad de Chile