Palabras 85° Aniversario Orquesta Sinfónica Nacional de Chile
Un saludo muy afectuoso a todos y todas, a las autoridades e invitados especiales, y a quienes han hecho ya uso de la palabra, la Directora Dominique Thomann y el maestro Alberto Dourthe. Saludo también especialmente a la Directora Barbara Dragan y a cada integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, cuyos 85 años celebramos hoy para destacar su invaluable aporte a la historia cultural de nuestro país.
Este ha sido un año trascendental, en el que la tristeza y la alegría se han manifestado con igual intensidad. Por una parte, hemos sufrido la partida de nuestro querido maestro Rodolfo Saglimbeni y, por otra, hemos podido cumplir la promesa de la casa nueva con una magnífica temporada. Cuánto se habría alegrado el maestro al constatar cómo cada concierto ofrecido en la nueva Gran Sala Sinfónica Nacional reafirma el sentido profundo de este proyecto artístico, pues la Sala no solo acoge a la Orquesta, dialoga con ella y la vincula amorosamente a su público, algo que nuestro querido maestro no se cansó nunca de enseñarnos.
Estoy cierta de que todas y todos los presentes agradecemos profundamente la posibilidad de disfrutar del talento y la maestría de las y los integrantes de la Orquesta, y de revivir así, semana a semana, el valor de este proyecto iniciado hace más de ocho décadas, fundado en una concepción de la cultura y el arte no como privilegios, sino como bienes públicos.
Nacida en 1941, tras la llamada crisis sinfónica, la Orquesta fue fundada al alero de la Universidad de Chile, inspirada por un profundo acto de fe en lo público, en la cultura entendida como derecho y en la música como una forma de conocimiento. Desde su primer concierto, el 7 de enero de ese mismo año, ha llevado el repertorio universal y las composiciones chilenas a públicos diversos, contribuyendo a la formación de pensamiento, sensibilidad y comunidad.
Su sonido ha sido construido por generaciones de músicos que comprendieron la exigencia artística como una responsabilidad ética, y por equipos que, menos visibles, han sostenido con constancia la continuidad de un proyecto colectivo. A lo largo de su historia, la Orquesta no solo ha protegido y proyectado la actividad musical chilena, ha sido también una comunidad viva, que ha hecho de la excelencia artística una forma de servicio al país.
Su historia vive de esta manera en la memoria de quienes, por primera vez, escucharon una orquesta; en la emoción compartida de una sala en silencio; en el instante en que una nota logra decir lo que las palabras no alcanzan.
En este aniversario número 85 renovamos nuestro compromiso con su presente y su futuro, con la certeza de que la música seguirá siendo una voz necesaria para imaginar un Chile más justo, sensible y humano. Porque, como dijera Juvenal Hernández, “esta delicada pero llena de vida fibra de nuestro ser universitario, es a la vez una de las raíces más puras y entrañables del alma nacional”.
Muchas gracias.
Rosa Devés Alessandri
Rectora de la Universidad de Chile