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Palabras acto de presentación del libro “Anticipar para Transformar Chile: Una propuesta de Institucionalidad del Futuro” del Senador Francisco Chahuán

1. Introducción

Saludo a todas y todos muy afectuosamente, especialmente al Presidente electo José Antonio Kast y al Senador Francisco Chahuán, quien nos ha convocado a reunirnos en torno a su libro “Anticipar para Transformar Chile: Una propuesta de Institucionalidad del Futuro”. También a todas las autoridades presentes y al amplio público que nos acompaña.

Escribe el Senador Chahuán en la primera frase del libro: “Este libro expresa una convicción que ha orientado mi vida pública: la política cobra verdadero sentido cuando es capaz de construir bienes comunes duraderos y cuando asume la responsabilidad de pensar más allá del presente inmediato”.

Lo dice y lo ha demostrado dando ejemplo de perseverancia y capacidad para liderar una reflexión política e institucional desde el trabajo parlamentario, y también abocándose a la investigación académica, desde donde precisamente surge este libro.

La obra que nos reúne es una obra intelectual, pero es también resultado de un proceso colectivo, que es ejemplo de buena política, aquella que es capaz de construir consensos amplios, de promover y sostener el diálogo entre distintas visiones y de centrar el debate en lo que apunta al bien común.

Agradecemos esta invitación a pensar el futuro “con responsabilidad, con generosidad política y con una visión que supere las urgencias coyunturales”, y nos hacemos parte de este llamado a desarrollar colectivamente una mentalidad anticipatoria y una capacidad institucional orientada al largo plazo.

La aceleración de los cambios globales está tensionando la forma en que se toman decisiones públicas. La disminución de consensos básicos, la crisis de confianza y la disputa por la “verdad” hacen más difícil sostener procesos deliberativos de calidad, especialmente cuando se requiere actuar con rapidez y, al mismo tiempo, con mirada de largo plazo.

En este contexto, la anticipación se vuelve un puente crítico entre conocimiento y decisión. Permite construir marcos compartidos, identificar riesgos emergentes y diseñar respuestas antes de que la urgencia cierre el espacio para evaluar alternativas.

Es evidente que, en esta tarea, nos cabe a las universidades un rol principal.

2. El rol estratégico de las universidades públicas  

Enfrentar los desafíos del futuro no es algo nuevo para las universidades. A lo largo de los siglos, han sabido asumir ese reto educando a las personas que darán forma al mañana, generando el conocimiento necesario para comprender el mundo y nuestro lugar en él, y así contribuyendo al desarrollo de la sociedad.

La propia Universidad de Chile, desde su fundación, ha estado indisolublemente ligada al devenir del país. Quienes la conformamos sabemos que nuestra labor trasciende lo individual y cobra pleno sentido en su vínculo con la sociedad. Ese es nuestro ethos y la fuente de nuestra fortaleza.

Sin embargo, la complejidad del presente nos llama a jugar un rol más activo en las definiciones del futuro. Podríamos decir que nos llama a volver al origen. Tenemos evidencia de que nuestras universidades públicas están preparadas para enfrentar el desafiante futuro próximo que exige tanta creatividad como ética, tanta libertad como responsabilidad y tanta apertura al cambio como compromiso con los valores fundamentales.

Las universidades, especialmente las universidades públicas, deben ocupar una posición estratégica en la gobernanza anticipatoria. Su aporte no se limita a la generación de conocimiento especializado, sino que reside en su capacidad para articular saberes disciplinarios, sostener horizontes de largo plazo, formar capacidades críticas y ofrecer espacios legítimos de deliberación sobre el futuro. En un escenario marcado por la aceleración tecnológica, la fragmentación social y la erosión de la confianza, el protagonismo de la ciencia desde las universidades resulta clave para fortalecer una gobernanza anticipatoria democrática, reflexiva y orientada al bien público.

En ese sentido, valoramos la iniciativa Proyecta Chile 2050 por su propósito de construir, de manera colectiva, el futuro que queremos desde la perspectiva de 4 dimensiones esenciales de nuestra vida en común: cuidar y profundizar nuestra democracia, crecer de manera sostenible, desarrollar nuevas capacidades y contribuir al bienestar social fortaleciendo la confianza pública.

3. El valor de la ciencia

El hecho de que Chile haya sostenido un esfuerzo para generar capacidades intelectuales, científicas y humanas, debe ser motivo de orgullo y de esperanza, porque el desarrollo del sistema de ciencia-tecnología-innovación no es principalmente cuestión de recursos económicos; es cuestión del talento y oficio de sus personas y de la calidad de las ideas que lo estructuran y proyectan.

Los desafíos país en ámbitos como la construcción de capacidades para la anticipación requieren de base científica, la que a su vez es uno de los pilares fundamentales de la idea de futuro. Nuestra responsabilidad colectiva debe entenderse como una tarea de esfuerzos de largo plazo de inversión pública, de colaboración con el sector privado, entendiendo que las capacidades se construyen y consolidan de manera paulatina y sostenida. Y, por lo mismo, debemos estar conscientes de que esta base, lamentablemente, también puede verse interrumpida y gravemente dañada mediante cambios irreflexivos respecto de las orientaciones de la política.

4. Las fragilidades del funcionamiento de nuestra institucionalidad científica

Como se sostiene en el libro, es necesario convertir la anticipación en una función estructural y permanente de la gobernanza.

Afirmamos que esa nueva institucionalidad debe incluir como elemento central a la institucionalidad científica, que en los últimos años ha mostrado un debilitamiento.

Una de las razones de este fenómeno es la disminución de la presencia de la comunidad científica en las definiciones de la política científica, algo que en los primeros tiempos de esta institucionalidad habría resultado inconcebible. En su lugar, han adquirido mayor peso la lógica política y la tecnocracia, en desmedro de la ciencia.

Otra razón es la renuncia a la priorización, lo que dialoga directamente con el tema que hoy nos convoca. En la actualidad, la política científica resulta lo suficientemente difusa como para elevar a la categoría de estratégica casi cualquier investigación o proyecto que se proponga. No hemos definido con claridad qué se entiende por estratégico ni qué constituye un interés nacional; y cuando algún organismo lo establece, otro –que posee los recursos y la capacidad de ejecución– lo desconoce.

La convocatoria de ANID para financiar Centros de Investigación de Interés Nacional en 2025 y sus resultados son un buen ejemplo de lo que anda mal.

El Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, a través de ANID, llamó a la comunidad científica a presentar propuestas de Centros de investigación de Interés Nacional, sin priorización, renunciando a fijar prioridades para el desarrollo nacional.

El resultado del concurso, que ha sido ampliamente comentado en los medios, ha dejado sin financiamiento, a pesar de la excelente calificación por parte del Panel Internacional, al CR2 (Centro para la Investigación del Clima y la Resiliencia). Su exclusión del financiamiento ha generado conmoción transversal porque deja sin apoyo institucional continuo a la investigación sobre cambio climático, tema indispensable para Chile dada su alta vulnerabilidad ambiental, así como con débil interlocución científica a Chile respecto de las decisiones internacionales en la materia.

Algo similar ha ocurrido con el Instituto de Sistemas Complejos de Ingeniería, cuyo trabajo se estima contribuyó a salvar más de 2.800 vidas durante la pandemia del COVID-19. El ISCI lideró un equipo formado, principalmente, por ingenieros y médicos de la Universidad de Chile, que junto a los ministerios de Ciencia y de Salud de la época y la empresa Entel, permitió monitorear la movilidad de la población durante las cuarentenas, optimizar la búsqueda activa de casos asintomáticos en zonas críticas, vigilar la respuesta de anticuerpos a las diferentes vacunas contra el COVID-19 y orientar la asignación de pacientes entre hospitales a nivel nacional. Por ello recibieron el Premio Edelman, que es el Premio Internacional más importante en Ingeniería de Operaciones.

El mismo grupo de ingenieros y médicos fue responsable en 2024 de diseñar e informar, a partir de evidencia, la campaña de inmunización contra el virus respiratorio sincicial, que llevó a cero las muertes por esta causa y descongestionó el sistema hospitalario.

Pues bien, este Centro también ha quedado sin financiamiento en el reciente concurso.

Es importante destacar cómo los científicos chilenos han estado protegiendo la vida de los niños, proponiendo cómo utilizar energías renovables, cómo combatir la delincuencia con tecnologías de punta, cómo mitigar o adaptarnos al cambio climático. Historias de éxito que demuestran el impacto que puede tener nuestra ciencia en el bienestar de las personas cuando los escenarios se anticipan.

Sin duda necesitamos otras formas de proyectar y cuidar estas capacidades. El experimento ya fue realizado y muestra que, sin prioridades, sin prospectiva, sin estabilidad programada, solo se cosecha destrucción.

Por ello, valoramos y celebramos el llamado que hace el Senador Chahuán respecto a asegurar estabilidad política, la coordinación interministerial y vínculos sistemáticos entre la prospectiva y la deliberación parlamentaria para, de la mano del conocimiento, anticipar transformaciones y ser capaces de generar una visión de largo plazo que trascienda los ciclos políticos.

En esto, la ciencia no debe aparecer como insumo técnico subordinado, sino como infraestructura epistémica que habilita la construcción de escenarios, la identificación de señales emergentes y la evaluación anticipada de impactos. El libro es especialmente lúcido al advertir que, sin interfaces estables entre ciencia y política, la prospectiva queda relegada a informes sin incidencia real en la toma de decisiones.

Destacamos que la anticipación sea presentada en el libro como un acto de responsabilidad histórica y de cuidado hacia las generaciones futuras, pero también como una vía para recomponer la confianza colectiva y reordenar el presente desde el futuro.

Anticipar es, en último término, un acto de cuidado. Cuidado del país, de sus capacidades, de su democracia y de las generaciones que vendrán. Cuando la anticipación falla, no solo se pierde eficiencia, se erosiona la confianza, se destruyen capacidades y se hipotecan futuros posibles.

Por eso, valorar este libro es también asumir un compromiso. El compromiso de pensar el país desde el futuro, de cuidar lo que hemos construido colectivamente y de entender que, en esta tarea, el conocimiento no es un accesorio, sino una condición indispensable para transformar Chile con sentido y con justicia.

Muchas gracias.

Rosa Devés Alessandri
Rectora de la Universidad de Chile

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