Palabras Develamiento de la Placa de VM20
Esta ceremonia de develamiento de la placa del Complejo VM20 no solo marca la culminación de una obra material; es, ante todo, un acto de gratitud y reconocimiento. Hoy tenemos la oportunidad de agradecer en nombre de toda a Universidad a quienes sembraron y cultivaron lo que hoy Chile celebra.
Hemos escuchado con emoción a distintas personas que han contribuido a dar vida a este proyecto, provenientes de muy diversos ámbitos de la Universidad, y sus voces son testimonio de que esta es una obra colectiva, fruto del compromiso de la Universidad de Chile en su conjunto.
Muchos se preguntan cómo fue posible concretar una iniciativa de esta magnitud, que –por momentos– parecía demasiado ambiciosa y que, además, debió enfrentar distintas dificultades: el estallido social, la pandemia, las alzas en los costos de la construcción, a lo largo de más de 7 años.
Una respuesta es que la Universidad no retrocede ante la complejidad, ni se paraliza frente a los obstáculos, sino que los enfrenta y los supera gracias al empuje y el compromiso de las personas que la conforman. A lo largo de todo este proceso hubo capacidad y hubo voluntad para construir algo grande para la Universidad y para el país. Y ese propósito nunca se abandonó; por el contrario, con el paso del tiempo, el proyecto fue creciendo, elevando sus estándares y se reorientaron ciertas decisiones con flexibilidad y fundamento, buscando siempre hacer más.
El trabajo comenzó como una propuesta más acotada, destinada a responder a una necesidad legítima de dotar al Instituto de Asuntos Públicos (INAP) y a la Escuela de Gobierno de un espacio acorde a las aspiraciones y el talento de sus estudiantes.
Así, mediante un concurso de ideas impulsado por la Rectoría y el entonces director del INAP, Eduardo Dockendorff, y convocado por el Colegio de Arquitectos en noviembre de 2009, se concibió el primer proyecto que se dio a conocer en mayo de 2010. Eso pudo ser todo, pero la idea y el sueño fueron creciendo.
Así surgió, en 2012, la decisión de impulsar una gran obra en la que convivieran la actividad académica y la extensión artística, incorporando al CEAC como parte esencial del proyecto. Ya no sería solo una nueva casa para el INAP u otras unidades académicas que pudieran integrarse, sino también una nueva casa para el CEAC y sus elencos.
Bajo el liderazgo de tres rectores y el trabajo de los equipos de distintas Vicerrectorías, el Complejo fue haciéndose realidad. Un afectuoso saludo al Director de Finanzas de ese período, Carlos Castro, quien hoy nos acompaña.
También un reconocimiento a los tres directores del CEAC, quienes cumplieron roles decisivos: Ernesto Ottone, en el proceso de integrar al CEAC al proyecto; Diego Matte, en la fase de transformar las dos salas –originalmente concebidas para la danza y la música– en una gran sala de conciertos de excelencia acústica; y Dominique Thomann, quien ha tenido la importante misión de dar vida a la Gran Sala Sinfónica Nacional.
Agradecimiento a los arquitectos Jorge Iglesis y Marcial Diéguez por el hermoso proyecto que deslumbra y por la paciencia con las sucesivas modificaciones. También a los ingenieros de Ferrovial, quienes demostraron en todo momento una lealtad notable con la obra.
Quiero agradecer especialmente a cada Vicerrector y Vicerrectora de Asuntos Económicos y Gestión Institucional que tuvo responsabilidad en este camino. Un reconocimiento particular al Profesor Sergio Olavarrieta por enfrentar el desafiante tema financiero y por liderar –prácticamente desde la misma obra– la construcción, trabajando codo a codo con los equipos de la VAEGI, la DSI y la constructora Ferrovial para sacar adelante este proyecto.
Mi gratitud también para los equipos de la primera línea: Carmen Gloria Bravo y Jimmy González, protectores del Complejo en la actualidad, y a quienes trabajan junto a ellos día tras día para los mejores resultados. Al decano Leonardo Letelier, al vicedecano Ariel Ramírez y a las directoras Dorotea López y Macarena Silva, muchas gracias.
Gracias a los equipos de Rectoría: a Carlos Rilling, Simón Boric y Juan Carlos Gimeno; a la Sra. Contralora Universitaria, Magdalena Gandolfo; a la Directora Jurídica, Profesora Liliana Galdámez, y a sus respectivos equipos; también a la Municipalidad de Providencia, representada aquí por el alcalde Jaime Belollio. Gracias nuevamente a Dominique Thomann, a Cecilia Reyes y el equipo del CEAC, a los elencos artísticos, a la comunidad universitaria de Gobierno, Estudios Internacionales y Educación, y a las y los estudiantes que lucharon y que decidieron que esta era su “Tierra Prometida” y que iban a llegar fuera como fuese. Gracias por su presencia exdiputada Camila Rojas, estudiante de Administración Pública y Presidenta de la FECH en esos tiempos.
Esta placa recordará nombres, fechas y esfuerzos. Pero, por sobre todo, recordará que aquí hubo una comunidad que soñó unida, perseveró frente a las dificultades y dejó esta obra como herencia para la Universidad y para Chile.
Muchas gracias.
Rosa Devés Alessandri
Rectora de la Universidad de Chile