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Palabras Distinción como Profesor Emérito del Prof. Ricardo Ffrench-Davis

Es un honor representar a la Universidad de Chile en esta ceremonia solemne que distingue como Profesor Emérito al Profesor Ricardo Ffrench-Davis.

Hoy reconocemos no solo una trayectoria sobresaliente, sino también una forma de comprender el conocimiento como compromiso con la sociedad; una manera de ejercer la docencia y la investigación inseparable de la responsabilidad pública; y una vida intelectual guiada por la convicción de que la economía debe estar al servicio de las personas y del desarrollo integral de los pueblos.

El Profesor Ricardo Ffrench-Davis –como hoy se ha destacado– ha sido una de las voces más lúcidas del pensamiento económico latinoamericano. Su obra académica, ampliamente reconocida, ha contribuido a comprender los desafíos del crecimiento, la estabilidad macroeconómica, la equidad social y la inserción internacional de nuestras economías. Ha mostrado que las políticas económicas no son ejercicios abstractos, sino decisiones que inciden directamente en la dignidad y en las oportunidades de las personas.

Desde esa perspectiva, su pensamiento ha enriquecido el debate público con una combinación de excelencia técnica y sentido ético. Su trayectoria nos recuerda que el saber universitario busca integrar ambas dimensiones.

Las universidades públicas, como la nuestra, están llamadas a cultivar el conocimiento y a orientarlo hacia los grandes desafíos de su tiempo, a abrir oportunidades para nuevas generaciones y a contribuir, desde la razón crítica y la deliberación democrática, al bienestar colectivo. Esa misión histórica encuentra en la vida académica del Profesor Ffrench-Davis una expresión clara.

Su obra demuestra que la investigación puede dialogar con los problemas concretos de la sociedad; que la academia debe estar asociada a la preocupación por la equidad; y que la especialización más alta no excluye, sino exige, responsabilidad ética y vocación pública.

Su labor de servicio público constituye igualmente una expresión de esa vocación. A través de su participación en la deliberación democrática, ha contribuido al diseño de políticas orientadas al desarrollo sostenible y a una mayor inclusión social.

Ese enfoque dialoga con lo que nos compromete como universidad al buscar la excelencia con equidad.

Hemos sostenido con fuerza, y hemos desarrollado programas, para demostrar que no existe contradicción entre ambos propósitos y que una comunidad más diversa y más inclusiva es también una comunidad académicamente más rica. El Profesor Ffrench-Davis ha encarnado esa síntesis a lo largo de toda su vida universitaria.

También lo hace la FEN, con su preocupación por el desarrollo de cada estudiante, afianzando vocaciones y respetando sus caminos propios. Especialmente inspirador es el trabajo en enseñanza media a través de la Escuela de Desarrollo de Talentos con liceos y colegios Técnico Profesionales que potencia las capacidades de cientos de estudiantes en cada generación, posibilitando su acceso a la educación universitaria de calidad.

Ninguno de nosotros se desarrolla fuera de la comunidad que le acoge, nadie se hace solo y por eso no es sorprendente que institución y persona compartan los mismos valores.

Todo lo anterior tiene como fundamento, por cierto, sus grandes virtudes humanas: la generosidad intelectual, el respeto por los demás, la disposición al diálogo y el constante apoyo a las nuevas generaciones.

En momentos en que el mundo necesita instituciones confiables, capaces de sostener el pensamiento crítico y de abrir horizontes de esperanza, las universidades necesitan referentes que muestren cómo ejercer esa misión con integridad. Por eso la Universidad, al reconocerle como Profesor Emérito, no solo lo distingue, sino que le solicita que permanezca.

Hace unos días tuvimos el honor de rendir homenaje a los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad con la Cantata de los Derechos Humanos, interpretada por la Orquesta Juvenil de la Facultad de Artes en la Catedral de Santiago. Esta cantata se presentó por primera vez en 1978 en un simposio que conmemoraba los 50 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Con letra del padre Esteban Gumucio y música de Alejandro Guarello, refiere a la historia de Caín y Abel, y representó, en esa época, un acto de enorme coraje.

Uno de los versos del padre Gumucio, que refiere a Abel, dice: “La paz en su frente tenía una historia de humilde grandeza”. Pienso que ese verso expresa lo que reconocemos en el Profesor Ricardo Ffrench-Davis quien ha transitado a lo largo de su vida por caminos de paz, dejando un legado de humilde grandeza.

Muchas gracias.

Rosa Devés Alessandri
Rectora de la Universidad de Chile

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