Saludo Inauguración XIV Asamblea General de Rectores y Rectoras de la Red de Macrouniversidades de América Latina y el Caribe
Reciban todas y todos un afectuoso saludo de parte de la Universidad de Chile. Nos honra recibir en nuestra Universidad a las rectoras, rectores y representantes de 15 universidades de la Red MACRO-Universidades, provenientes de 9 países de América Latina con motivo de la XIV Asamblea de la Red.
Saludo también a todas y todos quienes nos acompañan en esta jornada.
Es un privilegio acoger esta Asamblea que nos brinda la posibilidad de reflexionar en conjunto sobre nuestros desafíos; desafíos que, por cierto, no pertenecen solamente a nuestras instituciones, sino que interpelan hoy a las universidades de todo el mundo.
En este contexto, los principios que han orientado a la Red MACRO, mantienen plena vigencia:
- la defensa, promoción y consolidación de la autonomía universitaria;
- la convicción de que la educación superior es un bien público y social no transable;
- la condena de la guerra y de toda forma de violencia;
- y el reconocimiento de la cooperación como fuerza creadora para nuestras instituciones y para nuestros pueblos.
Cuando esta Red se reunió en Chile en 2017, ya existía preocupación –como lo indica la declaración de Santiago de ese tiempo– por las políticas xenófobas y discriminatorias que comenzaban a anunciarse en el escenario internacional y que constituían una afrenta a los derechos humanos y a la dignidad de las personas. Lamentablemente, en los años transcurridos desde entonces, no solo se han exacerbado esos discursos, sino que también se han implementado políticas que los llevan a extremos que hace algunos años parecían inimaginables.
En el intertanto, además, el mundo fue azotado por la pandemia del COVID-19, un acontecimiento que detuvo la vida cotidiana en el planeta. Demostramos –entonces– altos grados de resiliencia y, en medio del sufrimiento y la incertidumbre, fuimos capaces de innovar, de reconocer el valor de la colaboración y nos dispusimos a repensar las formas de relacionarnos. Por un tiempo muchos pensamos que volveríamos distintos: más conscientes de nuestra fragilidad, más abiertos, más solidarios, quizá también más felices al poder reencontrarnos en nuestra humanidad compartida.
Sin embargo, con el paso del tiempo, parte de esa conciencia colectiva ha parecido diluirse. Recordamos, por ejemplo, hoy con menos frecuencia que somos interdependientes y que nuestras vidas están inevitablemente entrelazadas. También hemos debido reconocer las graves secuelas que dejó la pandemia, especialmente, en nuestros jóvenes, con el dramático aumento de los problemas de salud mental.
A todos estos cambios se ha sumado el vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial que, junto con su extraordinaria potencialidad, pone en cuestión la forma en que convivimos, y desde luego la forma en que enseñamos y aprendemos.
En ese escenario quiero afirmar con convicción que las universidades son hoy más necesarias que nunca. Las necesitamos como comunidades humanas, formadas por personas diversas; como espacios abiertos al crecimiento, al reconocimiento de todas las historias de vida, a la construcción de una igualdad sustantiva y a la formación de ciudadanos y ciudadanas capaces de comprender y transformar su tiempo.
Las fracturas que hoy atraviesan nuestras sociedades, el clima de polarización y sus expresiones institucionales, nos desafían a renovar nuestro compromiso con una formación integral, que incluya también las competencias necesarias para una ciudadanía activa, crítica y socialmente responsable; una ciudadanía que fortalezca la democracia y contribuya tanto al desarrollo como a la paz.
Para ello, debemos ampliar y profundizar nuestra capacidad para establecer diálogos razonados, respetuosos y pluralistas, promoviendo la colaboración para resolver constructivamente los conflictos que son propios de toda sociedad diversa.
En nuestra Universidad hemos asumido estas tareas con especial dedicación en los últimos años, porque aspiramos a cultivar una universidad con voz colectiva, pero donde también se expresen con libertad las voces individuales; una universidad sin silencios impuestos por el temor a la crítica, sin miedo a la diferencia, porque precisamente en esa diversidad encontramos nuestra mayor riqueza.
Y en particular, después de la conmemoración de los 50 años del Golpe de Estado en Chile, hemos reafirmado con fuerza nuestro compromiso con la educación para los Derechos Humanos y la democracia.
Estos propósitos buscan proyectar los principios fundantes de nuestras universidades: su compromiso con el conocimiento, con la libertad de pensamiento y con la transformación social.
Quisiera cerrar estas palabras recordando a uno de los grandes intelectuales de nuestra Universidad, el historiador Guillermo Feliú Cruz, quien al inaugurar la Escuela de Temporada de la Universidad de Chile el 2 de enero de 1950 presentó su ensayo “La Universidad de Chile, Universidad de América”, inspirado en el ideal americanista que atraviesa nuestra tradición intelectual.
En la segunda edición de ese texto, publicada en 1953, Feliú Cruz escribió:
“Correrán posiblemente estas páginas entre las manos de profesores y alumnos americanos. Si la lectura de ellas tuviera la virtud de reafirmar, en algunos, los sentimientos americanos que las animan; si lograran despertar, en otros, ideales marchitados por los quebrantos del momento, que son puramente transitorios y que no prevalecerán; si convencieran estas líneas que la grandeza moral de América sólo puede obtenerse con el libre juego de la vida civil de los pueblos, mediante la ley constitucional y el leal ejercicio de la democracia, y que a las Universidades corresponde humillar las tiranías, yo habría obtenido una íntima satisfacción como maestro de la juventud de mi patria y como historiador de los ideales de la libertad”.
Con esos ideales —ideales que, como decía Feliú Cruz, son más permanentes que los quebrantos del momento— les recibimos hoy en la Universidad de Chile. Esperamos que este encuentro renueve nuestro compromiso, fortalezca nuestros espíritus y nos permita seguir trabajando, colaborativa y solidariamente, por nuestras universidades y por nuestros pueblos.
Sean todas y todos muy bienvenidos. Muchas gracias.
Rosa Devés Alessandri
Rectora de la Universidad de Chile