Saludo Presentación del libro de Miguel Rivera “La escuela ha muerto ¡Viva la Escuela! Desafíos para un futuro común: la mirada de un director”
Es un gran gusto saludarles y darles la bienvenida a esta presentación del libro La Escuela ha Muerto. Viva la Escuela de Miguel Rivera, profesor y director del Liceo Bicentenario Víctor Jara de Peralillo.
Tengo también el privilegio de recibir hoy a un amigo, una amistad forjada en el compromiso y el amor por la educación pública.
En estas breves palabras introductorias quisiera, ante todo, agradecer a Miguel la invitación que nos hace, a través de este bello libro, a conversar sobre la escuela y sus transformaciones, poniendo a nuestra disposición no solo su conocimiento y reflexión, sino también una valiosa experiencia de vida.
En este texto la conversación nunca es entre dos, es siempre plural, y nace del reconocimiento de que la educación es una obra colectiva. De hecho, una vez que se abre el libro, la habitación se llena de niños, niñas y jóvenes; de sus familias; y –por cierto– con sus profesores y profesoras, y los distintos miembros de la comunidad educativa.
Se escuchan sus voces en el recreo, esas que alguna vez un amigo francés me hizo notar que sonaban igual en cualquier idioma, las conversaciones entre los y las docentes que comparten experiencias y aprendizajes, y también las voces de la política que tanta dificultad tiene para escuchar antes de emitir declaraciones.
Si bien el libro recorre la historia de la institución escolar, no constituye una advertencia ni una interpelación; es, más bien, un llamado amoroso y responsable a dar vida nueva a la escuela, a reconocer lo que en la escuela tradicional ha cumplido su ciclo, y un llamado a cuidar lo que merece permanecer para atrevernos juntos (en el más amplio sentido posible) a imaginar lo que aún no existe.
Desde la herida y desde ese aprendizaje de tiempos difíciles, como fue la pandemia, el libro aborda con honestidad las preguntas sobre la validez y el sentido de la escuela. No idealiza lo que fue ni desconoce sus fragilidades, pero tampoco renuncia a su promesa. Más bien, invita a preguntarnos qué tipo de escuela necesita hoy una sociedad que ha experimentado la fragilidad de sus certezas y la profundidad de sus interdependencias.
En el texto se revisan diversos ejemplos de experiencias iluminadoras que abren caminos posibles. No se presentan como recetas ni como soluciones milagrosas, sino como fruto del trabajo sostenido de comunidades que han definido un horizonte compartido hacia el cual avanzar, sabiendo que se tratará de una marcha larga, durante la cual nos iremos conociendo y valorando mutuamente, y que cuando alguien se canse o pierda el paso –algo que inevitablemente nos ocurre a todos–, otros estarán ahí para ayudar a sostener la marcha.
Cuando me han preguntado en estos meses qué es lo que viene después de la Rectoría, aún no tengo una respuesta del todo clara, pero sí sé que me uniré a esa marcha por la educación pública y que, juntos y juntas, iremos pasando por pueblos y comunidades que quizás nunca antes vieron a tantas personas reunidas y cantaremos, como nos enseña Miguel: “Larga vida a la escuela”.
Muchas gracias.
Rosa Devés Alessandri
Rectora de la Universidad de Chile