Cada 14 de abril se conmemora el Día Mundial de la Enfermedad de Chagas, una iniciativa impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para visibilizar esta enfermedad tropical desatendida que afecta a entre 6 y 8 millones de personas en el mundo.
En Chile, si bien se han registrado avances en el control vectorial, el desafío hoy se concentra en el diagnóstico oportuno, la continuidad del cuidado y la comprensión del Chagas como un problema complejo, marcado por determinantes sociales y cambios epidemiológicos.
La enfermedad de Chagas, causada por el parásito Trypanosoma cruzi, se transmite principalmente por insectos vectores conocidos como vinchucas. No obstante, en las últimas décadas su perfil ha cambiado e incorporado nuevas formas de transmisión, como la congénita, además de desplazarse hacia contextos urbanos, lo que exige una respuesta sanitaria más integral.
En este contexto, Franco Fernández Guardiola, tecnólogo médico y doctorando en Salud Pública de la Universidad de Chile, aborda los principales desafíos actuales desde una perspectiva epidemiológica y social.
"El Chagas es una enfermedad que ha estado históricamente invisibilizada, tanto en lo clínico como en lo político. El Día Mundial permite reposicionar el problema, mostrar que sigue vigente y que genera una carga importante no solo en términos de enfermedad, sino también de discapacidad y costos sociales", señala.
A continuación, el investigador profundiza en los principales nudos críticos que enfrenta el país.
- ¿Qué impacto tienen iniciativas globales como el Día Mundial del Chagas en la realidad local?
"Estas iniciativas son muy relevantes porque ayudan a sacar al Chagas de una doble invisibilidad: la clínica y la política. Sin embargo, esa visibilidad no siempre se traduce en financiamiento suficiente a nivel local. Existe una tensión permanente: hay reconocimiento internacional, pero los recursos siguen siendo limitados o discontinuos. Aun así, permiten instalar el tema en la agenda pública y abrir discusiones necesarias sobre diagnóstico, tratamiento y seguimiento".
- ¿Desde la salud pública, cuáles son las estrategias más efectivas para prevenir el Chagas hoy?
"Más allá del control químico con insecticidas, la clave está en intervenir los determinantes sociales del riesgo. Prevenir Chagas también es prevenir el abandono territorial. Esto implica mejorar viviendas, fortalecer la atención primaria, promover la educación comunitaria y asegurar vigilancia continua. Hoy sabemos que el problema no depende solo del vector, sino de las condiciones en que viven las personas".
- ¿Qué obstáculos persisten para lograr un diagnóstico oportuno y una atención efectiva?
"El principal obstáculo es pensar que el problema termina cuando se hace el examen. Chile ha avanzado en la pesquisa, especialmente en embarazadas y donantes de sangre, pero no necesariamente en el acompañamiento posterior. Muchas personas reciben un diagnóstico positivo sin una explicación clara, sin una ruta de atención definida. Esa incertidumbre también es una forma de desatención".
En este sentido, el investigador subraya que las barreras no son únicamente técnicas o de acceso, sino también relacionales. "El trato, la comunicación y la empatía son fundamentales. Una mala experiencia en el sistema de salud puede alejar a las personas del seguimiento, lo que aumenta el riesgo de complicaciones".
De enfermedad rural a desafío urbano y crónico
- ¿Cómo han influido la migración y la urbanización en el cambio del Chagas?
"La migración y la urbanización transformaron completamente la imagen clásica del Chagas. Hoy no es solo una enfermedad rural. Muchas personas infectadas viven en ciudades, y la transmisión congénita ha adquirido mayor relevancia. Esto obliga a integrar el Chagas en distintos niveles del sistema de salud, desde la atención primaria hasta especialidades como cardiología o salud materno-infantil".
- ¿Qué evidencia aporta su investigación sobre el impacto del Chagas en Chile?
"En mi investigación analizamos más de 17 mil casos notificados entre 2007 y 2021. Observamos que la mortalidad por Chagas se concentra en grupos específicos, como personas mayores y pacientes con formas crónicas avanzadas. Pero lo más relevante es que la carga de enfermedad está dominada por la discapacidad: el 72,74% de los DALY corresponde a años vividos con discapacidad. Eso cambia completamente la forma de entender el problema".
Además, el estudio evidencia que las hospitalizaciones recurrentes son un indicador crítico de deterioro clínico. "Esto sugiere que el sistema de salud podría intervenir de manera más oportuna, fortaleciendo el seguimiento y evitando complicaciones prevenibles", explica.
- ¿Cómo debería responder el sistema de salud tras un diagnóstico de Chagas?
"Lo primero es entregar una explicación clara y comprensible. Luego, realizar una evaluación clínica ordenada, definir si corresponde iniciar tratamiento y establecer una estrategia de seguimiento a largo plazo. También es clave la pesquisa familiar y el apoyo psicosocial. El diagnóstico no puede ser un punto final, debe ser el inicio de una trayectoria de cuidado".
Finalmente, en el marco del Día Mundial del Chagas, Fernández plantea la necesidad de avanzar hacia una mirada más integral: "El Chagas hoy es también una enfermedad del envejecimiento, de la desigualdad territorial, de la migración y de la continuidad insuficiente del cuidado. No basta con contar casos o muertes. Hay que mirar la discapacidad, los costos económicos, las trayectorias de atención y el trato digno. El desafío no es solo hacer visible la enfermedad, sino todo lo que la rodea", concluye.