De niño Ngũgĩ wa Thiong’o vivió en el seno de una numerosa familia en la Provincia de Limuru, en la Kenia colonial, donde caminaba descalzo diez kilómetros diarios para llegar a la escuela. Sus inicios, aunque humildes, marcaron su camino como novelista, cuyas raíces se remontan a los cuentos que se contaban por las noches en su núcleo familiar.
Su historia de vida, su reconocimiento como uno de los mayores teóricos de la traducción de nuestra era, y sus numerosas obras, entre las que destacan la novela “Un grano de trigo” o el ensayo “Descolonizar la mente”, lo trajeron por primera vez a Chile en el marco del encuentro internacional “Desafíos de la Traducción. Problemas teóricos, densidades prácticas: violencia, memoria y lo intraducible”, organizado por el Centro Interdisciplinario de Estudios en Filosofía, Artes y Humanidades (CIEFAH) de la Universidad de Chile.
El candidato al Premio Nobel de Literatura y académico de la Universidad de California Irvine participó de la cita internacional a través de la charla magistral titulada “El poder de la traducción: uniendo el abismo entre culturas”, que se realizó el pasado jueves 25 de julio en la sala Eloísa Díaz de la Casa Central. En la ocasión, profundizó en las dos formas de relación entre idiomas existentes: la generación de una red de interacciones democráticas, que concibe una relación simétrica entre lenguas donde la traducción es protagonista, y a través de las jerarquías, siendo esta última la dinámica imperante.
El escritor comentó que en la Kenia del siglo XX se les aplicaba un castigo físico para reprimir el uso del idioma colonial en las escuelas, manifestándose una relación de poder a través del lenguaje. “El monolingüismo del conquistador es el mecanismo deseable en la formación de las naciones. Se ha normalizado tener un solo idioma, lo que nos ha llevado a suprimir los demás”, comentó.
Para Ngũgĩ wa Thiong’o se ha vuelto prioritario abandonar esa noción de superioridad que imponen unas lenguas sobre otras y empezar a valorar las características propias de cada una de ellas. “Los idiomas son como los instrumentos musicales. No existe un instrumento que sea más importante que otro, porque todos tienen una musicalidad única (…) Cada idioma es capaz de expandir y adquirir nuevas experiencias y conocimientos”, enfatizó.
El poder de la traducción
El activista social –que cree profundamente que la misión del arte es soñar con cambiar las condiciones que confinan la vida humana, como la colonización- hizo un llamado a ver en la traducción a un actor clave en el diálogo global entre idiomas y culturas. “Podemos usarla como una forma de asegurar la conversación entre idiomas. La traducción es el idioma común”, señaló.
Asimismo, se debe concebir como una herramienta de reparación, ya que para el novelista la traducción se ha transformado en la única manera de salvar a las lenguas originarias de la extinción. “Estoy de luto por todos los idiomas que hemos dejado morir”, expresó el autor, quien también ha incursionado en la dramaturgia.
Ngũgĩ wa Thiong’o ha luchado activamente por la sobrevivencia de las lenguas originarias y ha dedicado su trabajo a visibilizarlas. Cuando fue encarcelado durante la dictadura keniana por unirse al campesinado para representar una obra en gikuyo (su lengua materna), decidió abandonar el inglés como el idioma de su trabajo. Esto, luego de profundizar en el análisis acerca del poder de la lengua en los procesos de colonialismo e imperialismo. Su acto de resistencia se materializó en su primera novela “El diablo en la cruz” (escrita en gikuyo), plasmada sobre papel higiénico.
De esta forma, su batalla contra la extinción de las lenguas es también una pelea en contra el monolingüismo, que estaría envenenando nuestros saberes. “El multilinguismo es el oxígeno de las culturas”, concluyó.