Iván Jaksic, Premio Nacional de Historia 2020:

"La Universidad de Chile me dio impronta e interés por la vida de mi país"

Su celular no ha parado de sonar. Innumerables llamados telefónicos, mensajes y correos ha recibido el académico Iván Jaksic desde que el viernes 21 de agosto, fuera notificado por el ministro de Educación, Raúl Figueroa, de que era merecedor del Premio Nacional de Historia 2020. Incluso, relata que antes de que le comunicarán oficialmente de manera virtual, ya había personas y amigos que querían comunicarse con él. “Me pasé gran parte del día contestando esos llamados de teléfono y también agradeciendo porque esto fue un esfuerzo colectivo, gente que me apoyó muchísimo de la Universidad de Chile”, asegura.

Ha dedicado gran parte de su carrera, a estudiar la obra del fundador de la Universidad de Chile, Andrés Bello. Además, destacan obras tales como “Ven conmigo a la España lejana” y “Rebeldes académicos”. También es editor, entre otros trabajos, de “El Censor Americano”, “Repertorio Americano, de Andrés Bello”, “Cuadernos de Londres”, e “Historia política de Chile, 1810-2010”. Hoy, además, adelanta que esta trabajando en la publicación de un libro que recopila entrevistas realizadas en los años ochenta a filósofos, donde destacan las conversaciones con los académicos, Humberto Giannini, Juan Rivano, Gaston Gomez Lasa, Juan de Dios Vial Larraín, Felix Schwartzmann y Jorge Millas.

Iván Jaksic, quien inició sus estudios en la Universidad de Chile, y que vio su trayectoria interrumpida por la dictadura, le envía un mensaje a las nuevas generaciones: “Que protejamos a nuestra universidad. Qué siga siendo una universidad fuerte, abierta, para la gente que como yo tuvo una gran oportunidad”.

¿Cómo recibió este premio? ¿Siente que es un estimulo para las humanidades que muchas veces quedan de lado frente a otras disciplinas?

Creo que sobre todo es el reconocimiento de que nuestra disciplina es cada vez más diversa, plural, interdisciplinar. Yo confío en que eso haya marcado una diferencia en el sentido en el que el trabajo que he hecho dialoga mucho con filosofía, también con literatura y con otras ciencias sociales. Creo que ese es un aspecto, y el otro es que por haber vivido tanto tiempo fuera, veo la historia de Chile muy en el contexto de un concierto Latinoamericano y transatlántico. Es decir, de que he trabajado siempre pensando en que Chile no es excepcional, que tiene las mismas dinámicas o parte de las mismas dinámicas con otros países que pasaron por situaciones similares, incluyendo Estados Unidos con su guerra de Independencia. También, con influencia de muchas ideas europeas y también el desarrollo de una capacidad intelectual, una enseñanza universitaria de primer nivel que me va a llevar a Bello, evidentemente. Confío en que eso fue lo que quiso distinguir el jurado y estoy muy contento; es un gran estímulo para mi evidentemente, pero confío en que para mucha otra gente que trabaja en ideas políticas y como dialogan las diferentes disciplinas en las humanidades y en las ciencias sociales.

Este no es el primer premio en su familia. Su hermano obtuvo hace dos años el Premio Nacional en Ciencias Naturales. Recientemente usted destacó el rol de la educación pública en sus formaciones académicas.

Sí, absolutamente. El venir de regiones marca. Mi hermano y yo somos producto de la educación pública, estudiamos en una Escuela en Punta Arenas. Hicimos lo que se llamaba en esa época, la preparatoria, pero desde entonces teníamos un estímulo que venía desde la escuela, por ser una escuela que no enfatizaba algún carácter religioso, o inmigratorio. Alcanzamos a estudiar también en la escuela que ahora se llama Liceo Industrial de Punta Arenas y continuamos nuestros estudios en la Escuela Superior Industrial de Puente Alto. Yo estudié mecánica industrial y creo que eso me dio una gran formación, muy útil, que además me ayudó a entender la importancia y los valores de la educación pública en Chile, porque cuando yo estudié mecánica no teníamos muchas opciones en términos de estudios universitarios. Eso se abrió con la Reforma de 1968 que me permitió a mí y a otras personas -éramos un puñado de cinco personas- que logramos entrar a la Universidad de Chile, que en esa época, era la más importante del país y lo sigue siendo.

En esa trayectoria, ¿qué fue lo que gatilló el gusto y admiración por la filosofía?

Los años '70 fueron una época de grandes transformaciones políticas y sociales. Yo fui dirigente del centro de alumnos de la Escuela Industrial, fui delegado nacional ante la federación de Escuelas Industriales, entonces a mi generación le tocó ese despertar social con una sociedad civil muy activa. Allí, evidentemente uno empieza a pensar en los problemas de su país y el desafío era cómo conciliar mi formación con los estudios de filosofía.

A mí me interesaba mucho la filosofía política, pero hay algo que une ambas cosas, con mucha fuerza y es que en la Escuela Industrial teníamos una fuerte formación matemática y de ciencia, de modo que cuando uno estudia filosofía encuentra su hogar en la lógica. Tuve la fortuna de tener un gran profesor de lógica que me enseñó tanto lógica clásica como matemática, así que creo que tenía los instrumentos que me dio la educación media para poder conectarme con la disciplina, así que no es tan extraño. Sigo pensando que la Universidad de Chile me dio también una cierta impronta o interés por la vida de mi país, y es por eso que cuando hice mis estudios de postgrado combine filosofía e historia, mi doctorado de hecho es en historia, porque como nos pasó a muchos en mi generación, queríamos también saber que pasó en nuestro país.

Ha desarrollado una larga trayectoria, ha editado libros. ¿Cómo confluye en esta trayectoria la historia y la filosofía?

El Andrés Bello que conocí en la universidad estaba en los cuadros, en las estatuas pero realmente no lo leíamos, no había un curso dedicado al pensamiento latinoamericano o específicamente al pensamiento de Bello, así que para mí estando fuera fue un descubrimiento. No he parado de admirar y de estudiar eso interdisciplinar que tenía Andrés Bello que estaba tan cómodo en gramática, como en derecho civil, como en astronomía. Tenía escrito de todo, para todo, pero todo confluía, como dice en el gran discurso inaugural, ‘todo confluye en un servicio al país’, entonces reunir esas dos cosas -lo intelectual, pero también contribuir a pensar en nuestra sociedad- es algo muy inspirador. Empecé estudiarlo en los años '70 y después por varias razones, muchas de ellas muy fortuitas, pude empezar a trabajar seriamente en el pensamiento de Bello y hacer su biografía.

¿Con qué Andrés Bello se queda? ¿El intelectual o el político?

Creo que cuando estaba pensando en qué podía hacer diferente -porque sobre Bello se han escrito bibliotecas enteras, pero siempre enfocados en lingüística, en gramática, en derecho civil- lo que me preocupaba era cómo se unían todas estas cosas; pero -más que eso, que también se ha intentado- cómo se relacionaba con su experiencia humana. O sea, es un hombre, que no lo veíamos así hasta que mi generación tuvo que padecer el destierro y que tuvo que empezar a pensar en estos seres que eran tan de mármol.

Cuál era el lugar de esta experiencia personal, el destierro en el caso de Bello, el colapso de su patria Venezuela, el estar 19 años en muchos casos en la miseria en Inglaterra y llegar a Chile, con mucha oposición y viviendo experiencias muy extremas como la muerte de los hijos, ese aspecto humano a mí me despertó un gran interés. Porque es un Bello que le habla al presente no desde la fama o desde la comodidad de haber tenido una vida segura, sino que desde las rupturas. Eso para mí ha sido realmente la inspiración que me ha dado Bello. Hablar de Bello como un exiliado era poco menos que un pecado mortal. Ahora podemos hablar que sí, era un exilio con todo lo que significa eso para comprender su poesía, para comprender el hecho de que para él la Patria es la convivencia social, las leyes, un orden institucional y que esas son experiencias que hemos vivido sin realmente reconocerlas después del fallecimiento de Bello. Los quiebres, las rupturas y después la búsqueda de una reconstitución del tejido social.

Nuestro país estaba viviendo – antes de la pandemia – un proceso intenso, que se inicia en octubre, con el estallido social. Usted decía en una entrevista a inicios de año que Bello en este contexto estaría  "llamando a la cordura, al diálogo". ¿Por qué?, ¿qué diría él del Chile de hoy?

A él le tocó vivir un periodo de mucha polarización a finales de los años '40 y a principio de los años '50. Una guerra civil que cae preso su hijo y es exiliado. Por ello piensa que la forma de superar la ideología, la polarización es mediante el fortalecimiento de las instituciones. ¿Por qué nos puede decir algo eso a nosotros? Es porque en los últimos 30 años hemos visto un debilitamiento de las instituciones. Es un mundo más globalizado, es un mundo más pendiente de las diferentes comunidades, las diferentes regiones, pero las instituciones marchan a un paso más lento que las sociedades.

Entonces, esta necesidad de renovar las instituciones cuando estaban en el punto en el que estaban hasta octubre de 2019 -partidos políticos muy desprestigiados, un Congreso muy desprestigiado, una relación muy tensa entre el ejecutivo que parecía muy aparte-, era como que estaban fuera de sincronía con la sociedad. Qué hubiera dicho Bello en circunstancias así, y es lo que están diciendo más y más las personas preocupadas de esta situación, es decir ‘bueno quizás las instituciones están en un punto que tenemos que cambiarlas, tenemos que tener un Estado más preocupado de la sociedad’.

¿Cómo se imagina en los próximos diez o veinte años? ¿Cuáles son sus próximos pasos?

Tengo una deuda pendiente con la historia de la filosofía. Para mí estudiar filosofía, tener maestros como los que tuve, es una deuda y voy a seguir trabajando. Hice un libro que se llama “Rebeldes académicos”, pero ahora estoy publicando una serie de entrevistas que  le hice a los filósofos en los años '80, así que tengo para rato.

Ayer (lunes), precisamente con una gran alegría, recibí una carta de felicitación del Rector Ennio Vivaldi, de modo que es una ocasión para pensar, ya no tanto desde el dolor de haber perdido tantos compañeros, de haber visto ese quiebre, sino que pensarlo en términos más positivos, el aporte que hizo esa generación a la mía en cuanto a los filósofos. Voy a seguir trabajando en Andrés Bello en particular y en la historia de las ideas, e historia de la filosofía.

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