El propósito del clásico juego Jenga es retirar bloques de la base de la torre y apilarlos en la parte superior, sin que la estructura se derrumbe. El juego continúa hasta que la torre colapsa, momento en el cual se determina el perdedor. El jugador que realizó la última jugada con éxito antes del colapso es el ganador de la partida.
En estos días el tema del suicidio en Chile ha sido un tema por el aumento de casos y la conmemoración del 10 de septiembre como Día Mundial de la Prevención. A nivel mundial ocurre un suicidio cada 40 segundos, siendo la primera causa de muerte prevenible. Esto equivale a 700.000 muertes al año, según la OMS.
Al igual que este clásico juego, la salud mental atiende a la misma circunstancia en relación al equilibrio y la fragilidad de las personas. Pese a que muchas veces la gente se muestra firme o en apariencia su vida parezca estable, basta un movimiento para que todo se derrumbe. ¿Cuántos soportes o pilares le podríamos sacar a una persona? ¿Cómo afectaría esto a su base segura o que creía que era segura? Y al poner cada uno de estos como un peso sobre él, ¿Cuánto tiempo puede tambalear esta torre o la salud mental? ¿Cuántos bloques somos capaces de sacar, o quizás poner, para sostenerla en nuestra sociedad? Trabajo, relaciones de pareja, amistades, redes sociales, problemas económicos, acoso sexual, acoso laboral o violencia. ¿Cuántos apoyos puedo sacar de la base de la torre antes de que se derrumbe?
Cuando la torre ya no se sostiene más, llega el colapso: el suicidio no siempre es un acto impulsivo y repentino, a veces es el proceso en el que poco a poco se va debilitando la estructura interna.
Este no es un problema individual, es un problema social, cultural y estructural. En el juego Jenga muchas veces nos reímos cuando la estructura colapsa. A veces nos falta empatía, tiempo de conexión para escuchar y ver a las personas cercanas o a nuestros vínculos. Necesitamos cambiar esta lógica de esperar a que caiga la torre completa. Es importante acompañar, reforzar y sostener antes de que ocurra. Entendemos que nadie es tan omnipotente para hacer que una persona se quite la vida o pueda evitarlo, pero cada acto importa y suma o resta.
De acuerdo con el informe de mortalidad por suicidio en Chile realizado el 2022, el suicidio es la principal causa de muerte en población entre 15 y 49 años para el 2020 y es la cuarta principal causa de muerte en todo el mundo.
En cuanto a la ideación suicida en Chile, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud, se estima que un 10,7% de la población ha pensado seriamente en suicidarse al menos una vez en la vida (Ministerio de Salud, 2022).
Con los datos más recientes, tenemos que el 2020 hubo 1.602 defunciones por suicidio en total, de las cuales 1.322 fueron de hombres y 280 fueron mujeres. Esto quiere decir que alrededor de un 83% de las muertes por suicidio son de hombres. Esta información, sin embargo, contrasta con la cantidad de egresos hospitalarios por intentos suicidas: en el año 2024 se registraron 7.642. El 73% son mujeres y el 27% son hombres.
Si bien se venía observando una disminución en la cantidad de suicidios desde el 2019 al 2021 y también en los egresos hospitalarios entre 2019 y 2020, los datos más recientes demuestran un aumento importante en la cantidad de egresos hospitalarios por lesiones autoinfligidas intencionalmente, desde el 2020 al 2024, después de la pandemia.
En contextos laborales, se reconoce que “las personas pasan en el trabajo una parte muy significativa de su tiempo”, por lo que “la OIT ha elevado el derecho a un entorno laboral seguro y saludable a la categoría de Derecho Fundamental” (SUSESO, 2025). De esto, a partir de las estadísticas y de datos solicitados por transparencia al Servicio Médico Legal, observamos que desde el 2018 a la fecha se han suicidado 204 personas en sus lugares de trabajo, lo que corresponde a alrededor de un 2% del total de suicidios a nivel nacional cada año, con 40 personas que se suicidan, en promedio, en su lugar de trabajo.
La cantidad de suicidios que se producen en un año no se reparten homogéneamente mes a mes, sino que reflejan una estacionalidad que contempla dos períodos: “el primero, caracterizado por la baja en el número de suicidios, desde el mes de febrero hasta el mes de agosto; y un segundo, que muestra un alza en el mes de septiembre, manteniendo niveles altos hasta noviembre y alcanzando los niveles más altos en los meses de diciembre y enero” (Ministerio de Salud, 2022). Esta estacionalidad no es algo particular de Chile, sino que en otros países también se observan alzas en la primavera. Los factores asociados a una estacionalidad más marcada corresponden a temperaturas más frías en invierno, por lo que habría menor actividad en general en esas fechas, tasas de desempleo más bajas y una proporción de población mayor a 65 años, quienes muestran una estacionalidad más marcada en el suicidio.
A veces en los colegios, universidades y lugares de trabajo no somos conscientes de los factores de riesgo y protectores. En cuanto al suicidio adolescente, surge la preocupación de un fuerte aumento en 2022, luego de años en los que descendieron entre 2019 y 2021. Factores como acceso a la atención de salud mental y tratamientos, contar con vínculos afectivos, familiares y redes de contención, realizar deporte, actividades artísticas o actividades colectivas, tener psicoeducación sobre cómo estar atentos y atentas a algunas señales y poder pedir ayuda.
Los factores de riesgo son claros: exceso de cargas laborales y situaciones de estrés sostenidas, ser víctima de violencia en cualquier expresión, bullying o acoso laboral, consumo de drogas o alcohol, automedicarse con pastillas sin seguir tratamientos bajo supervisión, así como también el hecho de que los hombres piden menos ayuda o no siguen tratamientos psicológicos o psiquiátricos.
Chile tiene una deuda con la salud mental: lo colectivo cada vez importa menos. El sistema económico no da tiempo de ser empáticos, cuidarnos y cuidar nuestros vínculos. Tenemos avances como la Ley Karin, la Ley de 40 horas y los programas AUGE y GES, que constituyen algunos pequeños avances. Sin embargo, necesitamos reconectar, conectar con nuestra vulnerabilidad, ser más amables y entender que la salud mental es un desafío colectivo. No estás solo, no estás sola. Pedir ayuda o escuchar salva vidas.
Si crees que padeces de ideación suicida, la línea *4141, “No estás solo, no estás sola”, es completamente gratuita y se puede llamar desde celulares de lunes a domingo, las 24 horas del día.