Ir al contenido

Ciencias Agronómicas

Especialistas U. de Chile abordan el impacto de las lluvias en la producción de fruta y las cosechas

Especialistas U. de Chile abordan impacto de lluvias en la fruta
Lluvias y frutales
Sin duda, las lluvias han generado diversos efectos en el norte, centro y sur del país. Uno de ellos es el impacto que tiene y tendrá en la producción de frutales y cosechas.
.
Rodrigo Callejas, académico del Departamento de Producción Agrícola.
.
Marcela Esterio, académica del Departamento de Sanidad Vegetal.
.
Óscar Seguel, académico del Departamento de Ingeniería y Suelos.
.
José Ignacio Covarrubias, académico del Departamento de Producción Agrícola.
.
Izabela Rampasso, académica del Departamento de Gestión e Innovación Rural.

Sin duda, las intensas precipitaciones que se han registrado en las últimas semanas -en el norte, centro y sur del país- no han dejado indiferente a nadie. Una de las preocupaciones que existen, de persistir las lluvias, es el impacto que puedan generar en la producción de frutales y las cosechas en la temporada de primavera. Ante este escenario, cinco académicos de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile analizan las repercusiones y efectos en la cosecha y producción agrícola y de frutales.

El académico de la Facultad de Ciencias Agronómicas e integrante del Centro de investigación de suelos y funciones ecosistémicas de Chile, Óscar Seguel Seguel analiza la situación y plantea que “en los campos agrícolas afectados por las crecidas, el daño puede venir por pérdida de suelo cuando el río es capaz de arrastrar materiales, o por sepultación, cuando el río deposita dichos materiales”.

Y añade que, en el primer caso, “la pérdida es total, pues no se puede recuperar el material arrastrado por el río, y en el segundo caso el daño dependerá de la magnitud y características del depósito”.

El especialista asegura que “el daño a los cultivos será inevitable, con afectación que depende del tipo de cultivo (hortalizas, cultivos, frutales con o sin receso invernal), época del evento (invierno, primavera), duración de la inundación (días, semanas) y, por supuesto, tipo de suelo (textura, estructura, drenaje)”.

Marcela Esterio, académica del Departamento de Sanidad Vegetal de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la U. de Chile, plantea que el inicio de la temporada 2026-2027 “será muy difícil, como consecuencia de las lluvias de marzo y del diluvio de julio, debido al fenómeno del Súper Niño”.

Las lluvias de marzo, dice la experta, “además de afectar a la fruta que aún no se había cosechado, como es el caso de parrales localizados en el Valle de Colchagüa de la región de O'Higgins, en donde se perdió más de un 30% de la uva por pudriciones, favoreció el incremento de inóculo en los predios, particularmente de Botrytis spp., agente causal de la pudrición gris, que es la principal limitante de producción de fruta de calidad”.

Ahora, dice la experta, las recientes lluvias de julio “incrementaron aún más este inóculo en las distintas especies frutales, favoreciendo además las infecciones por Pseudomonas spp. en carozos (Pseudomonas syringae pv. syringae) causantes de tizón de flor y de cáncer bacterial; de la bacteriosis del kiwi (Ps. syringae pv. actinidiae); o sea, será una temporada de mucho tizón, por bacteria como también por patógenos fungosos”.

A esto se suma, según explica la profesora Marcela Esterio, que en carozos y vides y otras especies, estas lluvias de julio, en algunos casos, “coincidieron con labores de poda, las que debieron atrasarse, y se debieron realizar más aplicaciones protectoras de cortes de poda, para evitar las pudriciones causadas por hongos degradadores de madera en estas especies”.

Aspectos positivos: abundancia hídrica y reservas

No todo es negativo. Dentro de los impactos positivos, se considera el suministro hídrico, en medio de una intensa sequía que venía afectando a nuestro país. “Los sistemas frontales que han afectado a Chile en las últimas semanas han generado mejoras significativas en algunos embalses de la Región de Coquimbo”, señala la doctora Izabela Rampasso, académica del Departamento de Gestión e Innovación Rural de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la U. de Chile.

“De acuerdo con el Laboratorio de Prospección, Monitoreo y Modelación de Recursos Agrícolas y Ambientales (PROMMRA), los niveles de algunos de estos embalses están altos, destacando Culimo, Corrales, Recoleta y Cogotí. Sin embargo, Puclaro, La Laguna y La Paloma siguen con volúmenes de agua considerados bajos (entre 22,2% y 30,1%), lo que evidencia que las mejoras observadas aún son parciales y puntuales, sin garantizar un alivio sostenido de la sequía en los próximos años”, afirma Rampasso.

Coincide el doctor Rodrigo Callejas, académico del Departamento de Producción Agrícola de la Universidad de Chile, quien plantea que las lluvias de julio, con una proyección que se extiende hacia la primavera, “han propiciado escenarios de carácter ambivalente, con impactos favorables y adversos sobre la actividad agrícola y el mundo rural”.

El principal beneficio de las lluvias recientes, dice el especialista, “ha sido la mitigación de la sequía en gran parte del país, con especial énfasis en la Región de Coquimbo”. Y agrega que, en esta zona, “los sistemas frontales han impulsado la recuperación de los embalses y la recarga de las napas freáticas”.

Y suma un dato. “Al 3 de agosto, se registra un incremento del 18% en el volumen de agua acumulada respecto al año anterior, cifra que se espera que aumente significativamente durante la primavera debido a las reservas de nieve cordillerana”, dice.

Como segundo efecto positivo, menciona que “se proyecta el desarrollo de un exuberante desierto florido en las regiones de Atacama y Coquimbo. Este fenómeno incrementará la biodiversidad y aumentará significativamente la disponibilidad de forraje tanto para la ganadería local (cabras y burros) como para la fauna silvestre (principalmente guanacos, liebres y aves). Asimismo, es relevante considerar el impulso al turismo, actividad que genera importantes beneficios para las comunidades rurales”, sentencia.

Sin embargo, Callejas también identifica aspectos negativos. Entre ellos, menciona “los importantes daños sobre la infraestructura de riego, tales como rotura y embanques de canales, tranques intraprediales y sistemas de riego (líneas de gotero)”.

También advierte sobre “daños en la infraestructura vial, dificultando el traslado de productos hacia centros de ventas y la adquisición de productos e insumos. En muchos predios destruyó puentes pequeños importantes para la movilización de la maquinaria. Hay zonas alejadas de las ciudades que están totalmente aisladas”.

Además, evidencia que también existe “daño en casas, bodegas y corrales. Y finalmente, si se intensifican las lluvias en primavera, los productores deben cambiar sus estrategias de riego, ojalá monitorizar el suelo y no provocar una saturación permanente y falta de oxígeno, ya que generarán daños importantes al sistema radical y proliferación de enfermedades en especies más susceptibles, como paltos y nogales”, sentencia el académico.

Finalmente, José Ignacio Covarrubias, profesor asociado de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la U. de Chile, advierte de efectos sobre los suelos saturados o anegados. “Estos generan condiciones de hipoxia radicular que restringen el crecimiento activo de raíces justo en el período de mayor flujo de calcio hacia el fruto en formación, proceso que depende en gran medida de raíces jóvenes en crecimiento y del flujo transpiratorio, ambos comprometidos por la falta de oxígeno y por las menores temperaturas de suelo asociadas al exceso de humedad”, advierte.

Es esperable que las lluvias intensas hayan lixiviado una fracción relevante de los nutrientes que se desplazan en el suelo por flujo de masas: principalmente nitratos y cloruros, pero también sulfatos y boro -este último especialmente móvil por su baja retención en el complejo de intercambio-, y, en suelos de textura gruesa o baja capacidad de intercambio catiónico, también potasio, calcio y magnesio. Por esta razón, resulta indispensable respaldar cualquier ajuste nutricional con análisis de suelo, evitando decisiones basadas únicamente en la observación visual del huerto”, recomienda.

Finalmente, dado que estos suelos probablemente no ofrecerán en el corto plazo las condiciones físicas óptimas de aireación y estructura para el desarrollo radicular, Covarrubias dice que “conviene incorporar en el manejo estrategias que lo promuevan activamente: mejorar el drenaje, evitar la compactación por tránsito de maquinaria sobre suelo húmedo y apoyar con programas nutricionales que estimulen la emisión de nuevas raíces tan pronto las condiciones de suelo lo permitan”, puntualiza.