El seminario “A 10 años de la gratuidad universitaria: balance y proyecciones” reunió en la Universidad Alberto Hurtado a autoridades nacionales, investigadores en educación superior y referentes del área para revisar, a partir de evidencia académica, el impacto de una de las políticas públicas más relevantes de la última década en la educación superior chilena: la gratuidad.
La jornada incluyó un panel de conversación integrado por tres figuras con destacadas trayectorias en el campo de la educación, la gestión universitaria y la regulación económica: la rectora de la U. de Chile, Alejandra Mizala; Harald Beyer, académico de la U. Católica y exministro de Educación; y Andrea Butelmann, exministra del Tribunal de Defensa de la Libre Competencia. La instancia fue moderada por Nicolas Fleet, decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UAH.
“Estas instancias son muy significativas para discutir lo ocurrido con políticas tan importantes como la gratuidad en la educación superior en Chile, porque implican muchos recursos y tienen impacto en la población y en la capacidad de los estudiantes para ingresar a universidades, centros de formación técnica e institutos profesionales”, señaló la rectora Alejandra Mizala.
La jornada comenzó con palabras del rector de la Universidad Alberto Hurtado, Cristián del Campo SJ, quien destacó el valor de generar espacios de discusión académica en torno a una política de esta magnitud: “En un tema tan trascendental, como es la política de gratuidad, tenemos la oportunidad de presentar trabajos académicos con datos, evidencia y análisis, precisamente para ser discutidos y conocer las distintas opiniones y perspectivas al respecto. Eso es muy importante para fortalecer la política”.
Por su parte, la subsecretaria de Educación Superior, Fernanda Valdés, planteó “volver a revisar la gratuidad para hacer sostenible el desarrollo de la educación superior”. “Nuestra educación superior es robusta y tenemos que impulsar su desarrollo y, para eso, tenemos que mirar lo que ha sido y hacerle las perfecciones en su diseño de manera que sea sostenible en adelante”, afirmó.
Evidencia y discusión
El seminario incluyó la presentación de investigaciones desarrolladas por especialistas de la UAH, quienes abordaron diversas aristas de la gratuidad universitaria. Belén Cumsille, jefa de Inteligencia de Datos de la UAH, expuso resultados sobre el desempeño académico de estudiantes beneficiarios de la gratuidad en comparación con quienes acceden a otros beneficios estudiantiles. A su turno, Bárbara Boggiano y José Heresi, académicos de la Facultad de Economía y Negocios de la UAH, presentaron evidencia sobre los efectos de la política en la riqueza de las personas beneficiarias. Finalmente, el decano de esa facultad, Eduardo Saavedra, y el académico Carlos García analizaron el impacto de la gratuidad en diversos indicadores macroeconómicos.
Luego, en el panel de cierre, la Rectora Mizala compartió las conclusiones de algunas de sus investigaciones que ayudan a comprender los alcances de la gratuidad, como un estudio sobre el "undermatching" en la educación superior, que analiza el número de graduados de educación media que no continúan sus estudios, pese a que tienen un alto rendimiento académico en la educación media. “Encontramos que un 23% de los estudiantes que podrían haber accedido no lo hacían, y si mirábamos las universidades selectivas, subía al 35%. En niveles socioeconómicos donde los padres contaban con educación superior era del 12%, y un 44% en aquellos con padres con sólo educación básica”, expuso.
“Lo que impide que las y los estudiantes ingresen a las universidades, sobre todo a las selectivas, no es solamente lo académico: tiene que ver con la búsqueda de información, con expectativas, con modelos de rol cercanos, con redes y con el conocimiento del sistema de postulación. No es sólo preparación académica. La gratuidad elimina la barrera económica, pero no las desigualdades previas”, dijo la Rectora Mizala.
“Efectivamente, la gratuidad suprime una restricción real, pero las desigualdades son acumulativas y una política que llega al final puede no compensar los años de desigualdad que se han venido acumulando”, añadió. “Necesitamos políticas complementarias antes, durante y después”, cerró la rectora de la U. de Chile.
Andrea Butelmann coincidió con el diagnóstico de la Rectora Mizala sobre la necesidad de evaluar constantemente las políticas públicas: esa revisión permanente es una forma de garantizar que la política siga cumpliendo su propósito original, especialmente para quienes dependen de ella para acceder a la universidad. Desde su experiencia en el ámbito de la regulación económica, la exministra del Tribunal de Defensa de la Libre Competencia planteó que la gratuidad exige incluso un escrutinio mayor que el de otras políticas.
“Todas las políticas públicas tienen que ser evaluadas a lo largo de su vida útil, porque siempre se pueden mejorar y afinar. Esta, en especial, tiene que ser más revisada y discutida para darle la mejor oportunidad a todos los jóvenes de Chile, sobre todo a quienes carecen de recursos para pagar la universidad por sí mismos”, dijo.
Harald Beyer, en tanto, puso el foco en el perfeccionamiento progresivo de los instrumentos de política pública en educación superior. El académico de la Universidad Católica sostuvo que las instancias de discusión, como el propio seminario, son las que permiten ir corrigiendo el rumbo con base en evidencia.
“Es un asunto sobre el que tenemos que seguir conversando. Este panel y estas investigaciones permiten entender mejor las opciones de política pública y, a través de esa vía, ir perfeccionando los distintos instrumentos para que nuestro sistema de educación superior sea cada vez de mejor calidad”, afirmó.
Así, el encuentro permitió revisar la evidencia acumulada durante una década de implementación de la gratuidad y abrir una conversación sobre sus resultados, desafíos y proyecciones.