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Balance hídrico 2026

Roberto Pizarro, académico U. de Chile: "Las megasequías no se terminan con un año lluvioso"

Roberto Pizarro: "Un año lluvioso no termina con la megasequía"
Aunque hay zonas que presentas superávit, hay otras que siguen bajo los límites, esto debido a que se necesitan una serie de años con lluvia.
Aunque hay zonas que presentan superávit, otras siguen bajo los niveles normales, ya que se necesitan varios años con lluvias favorables.
El académico Roberto Pizarro  asegura que “las mega sequías no se terminan con un año lluvioso, se terminan con una serie de años".
El académico Roberto Pizarro asegura que “las megasequías no se terminan con un año lluvioso, se terminan con una serie de años”.

Aunque representan un respiro para la crisis hídrica que vive el país, las lluvias del último mes, que en distintas zonas han registrado importantes aumentos en comparación con 2025, no alcanzan para revertir la megasequía. De acuerdo con el último informe de la Dirección General de Aguas (DGA), las reservas de agua en los embalses de Chile aumentaron un 26,89% respecto del año anterior, pasando de 5.244 millones de m³ en agosto de 2025 a 6.654 millones de m³ en agosto de 2026.

El académico del Departamento de Gestión Forestal y su Medio Ambiente de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile, Roberto Pizarro Tapia, asegura que “las megasequías no se terminan con un año lluvioso, se terminan con una serie de años”. Explica que no todos deben ser necesariamente lluviosos, pero sí se requiere un conjunto de años que supere el promedio histórico y permita generar una mayor oferta de agua. “Un año en una serie de 10 o 15 años no es suficiente”, enfatiza.

Pizarro pone como ejemplo el embalse La Paloma, ubicado en la Región de Coquimbo y con una capacidad de 750 millones de metros cúbicos. Actualmente, de acuerdo con la DGA, se encuentra al 41% de su capacidad, con 304,7 millones de m³ de agua almacenada. El académico recuerda que, en periodos anteriores, fueron necesarios varios años consecutivos de precipitaciones favorables para alcanzar niveles elevados de almacenamiento. “Hubo tres años seguidos de lluvia y eso permitió el almacenamiento y alcanzar una capacidad importante o casi total del embalse La Paloma”, señala.

“Es un año favorable y está ayudando a superar un déficit histórico. No obstante, ayudar a superar un déficit no significa que ese déficit se elimine”, indica. Pizarro advierte que una zona podría terminar el año con un importante superávit de precipitaciones, pero que ese escenario puede cambiar rápidamente. “Si el próximo año es seco, ese superávit no durará nada y el próximo año estaremos nuevamente con problemas”, afirma.

Cómo están las distintas zonas de Chile

El académico explica que la extensa geografía de Chile hace que no todas las zonas enfrenten el mismo escenario. El último boletín de la DGA muestra superávit de precipitaciones en estaciones representativas de la macrozona norte, incluidas localidades de Arica y Parinacota, Tarapacá, Antofagasta, Atacama y Coquimbo. En la estación Los Vilos, en la Región de Coquimbo, el superávit alcanza un 45,9%.

La situación es distinta en otros puntos del país. En la Región de O’Higgins, la estación San Fernando registra un déficit de 12,6% y La Rufina, de 17,9%. Más al sur, la estación Coyhaique, en la Región de Aysén, presenta un déficit de 35,1%. Para Pizarro, estos contrastes muestran que, pese al mejor escenario general, “no en todo el país está esta situación” y todavía existen estaciones con problemas de déficit.

Otro problema, indica Pizarro, tiene que ver con el sobreuso del agua. “Estamos sobreutilizando nuestros recursos”, advierte. Explica que buena parte de las actividades productivas vinculadas a materias primas y recursos naturales, como la agricultura y la minería, requieren grandes cantidades de agua. “La pregunta es: si tuviésemos el suelo suficiente, el suelo adecuado y el clima adecuado, ¿tendríamos el agua para llevar a cabo procesos agrícolas o mineros? Y la respuesta es que se ve difícil”, sostiene.

“Se ve difícil porque tenemos una menor oferta de agua y sobreusos ya existentes que se evidencian, por ejemplo, en la caída del nivel piezométrico de los pozos”, explica. Este indicador corresponde a la altura que alcanza el agua subterránea en un pozo. Según el académico, los pozos que abastecen de agua subterránea deben ser cada vez más profundos o terminan secos, lo que evidencia un sobreuso de estas reservas. A esto se suman problemas de gestión relacionados con el hurto de agua, controles ineficientes y una fiscalización insuficiente.

Roberto Pizarro finaliza señalando que, si bien el superávit de precipitaciones favorece la recarga de acuíferos, sus efectos pueden ser temporales. “Lo importante es que, con una visión de largo plazo, podamos estructurar elementos de gestión que nos aseguren sostenibilidad en el uso del recurso a futuro, porque esa sostenibilidad también tiene componentes ambientales, sociales y no solo productivos, que también son relevantes”, concluye.