El 20 de agosto, el Senado Universitario aprobó la Política de Bienestar y Salud Mental de la Comunidad Universitaria, que establece un marco institucional para responder a una de las preocupaciones más sentidas de la comunidad y reconoce el bienestar y la salud mental como condiciones fundamentales para el desarrollo de la misión de la Universidad de Chile.
Si bien la casa de estudios cuenta con iniciativas en esta materia, dichas acciones se han implementado de manera descentralizada y con distintos grados de consolidación entre unidades, estamentos y trayectorias formativas.
El presidente de la Comisión de Bienestar y Salud Mental del Senado Universitario, Camilo Llanquimán, planteó que es importante reconocer la existencia de brechas en la institución, ya que “no todas las unidades académicas cuentan con las mismas capacidades, recursos o mecanismos para responder a las necesidades de su comunidad”.
“El desafío, por lo tanto, será avanzar hacia una mayor equivalencia institucional, de manera que el acceso al bienestar y la salud mental no dependa exclusivamente de la facultad a la que pertenezca cada integrante de la comunidad universitaria”, enfatizó.
Por su parte, la vicerrectora de Asuntos Estudiantiles y Comunitarios, Pamela Díaz-Romero, señaló que esta iniciativa impulsa a la Casa de Bello a consolidar un sistema institucional integrado, con estándares transversales. Explicó que la Política propone “un marco compartido, gradual y sostenible, para abordar la promoción y prevención de la salud mental universitaria como una responsabilidad común para toda la Universidad de Chile”.
“Su principal innovación es que no solo abarca al pregrado, sino que extiende de forma explícita la preocupación por el bienestar y la salud mental hacia el postgrado y la comunidad académica y funcionaria, abordando determinantes clave como la convivencia, la gestión de la carga académica y de los entornos de trabajo”, declaró.
En materia de prevención, el instrumento busca fortalecer la identificación y el abordaje de factores de riesgo asociados a las condiciones académicas, laborales, organizacionales e institucionales, junto con mecanismos de detección temprana y orientación.
Considera también acciones destinadas a fortalecer la comunidad universitaria y el sentido de pertenencia, favoreciendo espacios de encuentro, integración y convivencia. A ello se suman iniciativas de información, sensibilización y formación en bienestar y salud mental, y la promoción de prácticas que propicien una vida saludable.
En paralelo, plantea articular las capacidades existentes para avanzar hacia un modelo que permita orientar, apoyar, atender y derivar a las personas según sus necesidades y niveles de complejidad, recurriendo a redes externas cuando corresponda.
La directora de Gestión y Desarrollo de Personas, Fabiola Divín, destacó que la Política permitirá articular y potenciar las estrategias y acciones que la Universidad ya desarrolla en materia de bienestar laboral, prevención del acoso y la violencia, y promoción de ambientes de trabajo saludables, integrándolas en un marco institucional común.
“Todas estas estrategias y acciones se integran y se potencian a partir de la Política de Bienestar y Salud Mental de la Universidad, buscando avanzar hacia ambientes laborales saludables, libres de violencia y con pleno respeto a las personas”, señaló.
Desde y para la comunidad universitaria
La elaboración de la Política fue conducida por la Comisión de Bienestar y Salud Mental del Senado Universitario e incluyó instancias de trabajo con autoridades y equipos de distintas vicerrectorías, direcciones, facultades e institutos, además de representantes estudiantiles y del personal de colaboración.
Este proceso permitió recoger distintas experiencias y perspectivas sobre el bienestar y la salud mental en la Universidad, contribuyendo a la construcción de un diagnóstico institucional y a la definición de los principios, objetivos, líneas de acción, mecanismos de gobernanza y criterios de implementación de la Política.
Como etapa final del proceso, antes de su presentación al pleno del Senado Universitario, la propuesta fue sometida a un taller abierto a la comunidad universitaria, realizado el 4 de agosto de 2026. Durante esta actividad, estudiantes, académicas y académicos, personal de colaboración y autoridades realizaron observaciones sobre los distintos componentes de la Política. Los aportes fueron posteriormente analizados por la Comisión, que determinó cuáles incorporar al documento.
Próximos pasos
Para su implementación, la Política establece una estructura de gobernanza compuesta por tres instancias complementarias: un Comité Institucional de Bienestar y Salud Mental, encargado de la conducción estratégica; un Comité Ejecutivo, responsable de la coordinación técnica; y los Comités Locales de Bienestar y Salud Mental, que estarán a cargo de su implementación en las facultades y otros organismos universitarios.
Asimismo, considera la elaboración de un Plan Institucional de Implementación dentro de los seis meses siguientes a su entrada en vigencia. Este instrumento permitirá definir prioridades, acciones y mecanismos de seguimiento, así como identificar avances, brechas y necesidades para orientar la implementación de la Política y su mejora continua.
Para el senador Llanquimán, existen acciones concretas que pueden implementarse incluso antes de que la Política se encuentre plenamente operativa. “Una medida sencilla es facilitar que los espacios deportivos, de estudio, recreación y encuentro disponibles en la Universidad de Chile puedan ser utilizados por toda la comunidad universitaria, sin que el acceso se restrinja únicamente por pertenecer a otra facultad. Avanzar hacia una perspectiva común de Universidad también significa comenzar a vivirla en los espacios cotidianos que compartimos”, concluyó.