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Brechas y acceso al conocimiento

De la lectura a las pantallas: expertas U. de Chile analizan los desafíos de la alfabetización

Expertas U. de Chile abordan los desafíos de la alfabetización
niños y niñas leyendo
Según el estudio de CIAE, el 45% de los estudiantes de tercero básico presentó dificultades lectoras en decodificación y comprensión, el 30% en comprensión y el 10% en decodificación.
grupo de niñas leyendo
En 2024 aún había cerca de 739 millones de jóvenes y adultos en el mundo que no tenían competencias básicas en lectura y escritura. El mismo documento expone que los avances han sido desiguales entre países.
retrato de carmen sotomayor
Carmen Sotomayor, investigadora principal del CIAE, plantea que la lectura desde una edad temprana es importante para lograr la comprensión lectora y formar un hábito lector.
retatro lorena berríos de CIAE
Para Lorena Berríos, investigadora del CIAE, el concepto de alfabetización ha evolucionado lentamente en nuestro país.

A comienzos del siglo XX, la población analfabeta en el país representaba el 60%. Pero esta cifra ascendía al 71% en los sectores rurales. En la actualidad y, de acuerdo con el último Censo, en Chile hay más de 400 mil personas que no saben leer ni escribir.

Además, una reciente investigación del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile reveló otros datos interesantes sobre la lectura y su comprensión en alumnos y alumnas de segundo a sexto básico de establecimientos públicos.

Según el estudio, el 45% de los estudiantes de tercero básico presentó dificultades lectoras en decodificación y comprensión, el 30% en comprensión y el 10% en decodificación. Esto supone un desafío para el desarrollo de las niñas y niños en cursos superiores.

Para Carmen Sotomayor, investigadora principal del CIAE, una de las principales dificultades de comprensión lectora que enfrentan las y los estudiantes en general es el vocabulario. “Los estudiantes no tienen un conocimiento amplio de vocabulario que les permita entender los textos”, explica.

Plantea que la lectura desde una edad temprana es importante para lograr la comprensión lectora y formar un hábito lector. “Es fundamental aprender el alfabeto y lograr asociar los sonidos (fonemas) con las letras (grafemas). Este mecanismo llamado sistema alfabético es el que permite decodificar cualquier texto con que se encuentre el niño”, expresa.

Libros, noticias, instrucciones, cuentos. Escuchar este tipo de textos permite además desarrollar la comprensión oral, que sirve como un predictor relevante de la comprensión lectora, según la académica.

Acceso a la lectura

Por otro lado, y de acuerdo con un documento de Unesco, en 2024 aún había cerca de 739 millones de jóvenes y adultos en el mundo que no tenían competencias básicas en lectura y escritura. El mismo documento expone que los avances han sido desiguales entre países.

África subsahariana y el sudeste asiático concentran el 77% de las personas analfabetas. Las mujeres representan el 63%. Al menos en Chile, existen distintas políticas públicas relacionadas con la medición y el acceso a la lectura.

La Encuesta Nacional de Participación Cultural y Comportamiento Lector de 2024 (Enpccl) reveló que, en promedio, se leyeron 5,5 libros por gusto u ocio durante los últimos doce meses, mientras que el 77,7% leyó con una frecuencia diaria o semanal.

En el estudio, el 39,6% se consideró poco lector y el 4,9% se consideró lector muy frecuente. Asimismo, el 21,4% declaró no leer porque no le gusta. En ese sentido, Sotomayor entrega algunas recomendaciones para fomentar el hábito lector entre los más pequeños y los adultos de la familia.

Es importante que los familiares también lean, porque los modelos lectores influyen en que los niños y niñas valoren que leer es útil y entretenido”, menciona. También se refiere a las políticas llevadas a cabo por los gobiernos, que desde su punto de vista deberían ser de Estado para promover el acceso a la lectura.

“Creo que las políticas focalizadas de literacidad en sectores desfavorecidos tienen que ser una política permanente del Estado, más allá de cualquier gobierno. Se deben entregar los mejores materiales, las mejores colecciones de libros, y se debe estar formando y motivando a los docentes para que asuman esta labor crucial para los estudiantes y ciudadanos de nuestro país”, dice.

Alfabetización digital

Pero la forma de aprender, leer y comunicar ha cambiado con el paso de los años, adaptándose a la introducción de la tecnología. La Enpccl reveló además que los diarios, periódicos o revistas son los productos más leídos en formato digital. Por el contrario, los libros encabezaron el formato físico con el 81,8% de las preferencias.

Para Lorena Berríos, investigadora del CIAE, el concepto de alfabetización ha evolucionado lentamente en nuestro país. “Está vinculado con la habilidad de descifrar el código escrito, por lo tanto, su marco de aplicación se limita a textos que reflejan un solo tipo de código, el lingüístico, el cual permitiría acceder a la cultura letrada”, enuncia.

La literacidad, explica, comprende “diversas prácticas que hacemos las personas para comunicarnos, aprender y conocer”. En el marco de las nuevas tecnologías y espacios virtuales, las redes sociales ya forman parte del primer acercamiento a la lectura, la comprensión y el habla.

Por ello, ya existe un concepto que se refiere a la alfabetización digital. De acuerdo con Ciudadanía Digital del Ministerio de Educación, este concepto se entiende como la adquisición de conocimientos y el desarrollo de habilidades para usar, comprender y evaluar las tecnologías digitales.

En cuanto a las diferencias con la alfabetización tradicional, Berríos enfatiza que las literacidades digitales “son dinámicas, cambiantes y no permanentes”. Estas combinan sonido, movimiento e imágenes en un solo mensaje. Este aprendizaje, según la especialista, es más bien informal y ocurre a través de familiares o amistades.

“La alfabetización tradicional carga con ideologías de exclusión o de visión de mundo. En cambio, las literacidades digitales poseen ideologías que emergen de los usuarios y que se manifiestan generalmente en redes sociales”, puntualiza la académica.

No obstante, ambas formas de aprendizaje se complementan, pues desde el punto de vista de Berríos se debe partir por la alfabetización tradicional. “Una vez automatizado el código alfabético, y cuando ya los niños pueden leer y escribir fluidamente, se puede incursionar en la lectoescritura digital. Según la evidencia, antes no es conveniente”, sugiere.