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Experto del Congreso IEI 2026 en la U. de Chile

William Acree: “La interdisciplina tiene que tener un lugar más fuerte institucionalmente”

William Acree: “La interdisciplina necesita un lugar más fuerte”
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“La universidad es la institución que tiene esa responsabilidad y la única realmente posicionada para entrenar a las futuras generaciones con ese tipo de conocimiento multifacético”, destacó el investigador sobre el rol de las universidades en la formación interdisciplinaria.
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“Si algo no forma parte realmente de un currículum, entonces siempre es un extra, y las cosas extra pueden desaparecer fácilmente”, sostuvo el investigador sobre la necesidad de integrar la interdisciplina de manera permanente en los programas de estudio.
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“No tenemos más ese lujo de poder decir: tenemos 150 años de tradición, vamos a seguir así”. Acree llamó a las universidades a adaptar sus programas a los desafíos actuales.
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“Lo que escuchamos de nuestros socios industriales es que buscan estudiantes que tengan cada vez más conocimiento interdisciplinario”, explicó Acree sobre el valor de cruzar saberes en la formación de posgrado.

Entre el 1 y el 4 de septiembre, la Casa Central de la Universidad de Chile reunió a especialistas de distintos países en el Congreso de Investigación y Educación Superior Interdisciplinaria 2026, encuentro orientado a discutir el presente y futuro de la interdisciplina y la transdisciplina en las instituciones universitarias.

Uno de sus invitados internacionales fue el Dr. William Acree, profesor de Washington University in St. Louis, Estados Unidos, especialista en cultura e historia cultural de América Latina, quien actualmente se desempeña como vicedecano de Innovación y Asuntos Interdisciplinarios de la Facultad de Artes y Ciencias de dicha institución.

En el encuentro, el académico presentó la conferencia “Inter y transdisciplina en el diseño de programas de maestría y doctorado: políticas, perspectivas y por qué”, en la que expuso distintas experiencias desarrolladas en Estados Unidos y destacó los beneficios de incorporar una formación interdisciplinaria en los programas de posgrado.

El especialista plantea que estos enfoques no solo permiten enfrentar problemas que requieren conocimientos provenientes de diferentes campos, sino también preparar a quienes egresan de doctorados para desarrollar trayectorias profesionales más diversas. Para avanzar, advierte que las universidades necesitan mayor respaldo institucional, flexibilidad y capacidad para adaptar sus programas.

—Durante su conferencia, abordó principalmente la incorporación de la interdisciplina y la transdisciplina en los programas de posgrado. ¿Por qué estos enfoques han vuelto tan relevantes para la formación de nuevas generaciones? 

El espacio del postgrado, sobre todo el doctorado, es muy importante en las universidades dedicadas a la investigación, por varios motivos; uno de ellos es que el doctorado, principalmente, tiene que ver con la supervivencia universitaria. En ese espacio del postgrado estamos formando a los futuros docentes e investigadores; por lo tanto, es un lugar fundamental para la existencia universitaria.

En segundo lugar, es muy importante pensar en este espacio, en lo que se ofrece o en cómo se entrena a los futuros docentes, porque tiene mucho que ver con la capacidad de una universidad para atraer a los mejores profesores. Muchos profesores quieren formar parte de programas de doctorado por las oportunidades de enseñar y de trabajar con estudiantes. Entonces, hay una parte de la identidad de un profesor o una profesora que se vincula estrechamente con el trabajo que realiza en un programa de doctorado. 

A partir de las experiencias desarrolladas en Estados Unidos para integrar la interdisciplina en programas de postgrado, ¿qué condiciones permiten que los programas interdisciplinarios se consoliden y no queden como iniciativas aisladas?

Es la pregunta del millón. Estos programas necesitan muchas cosas, pero subrayo dos en particular. Una es el respaldo institucional, y esto significa, bueno, financiamiento para llevarlos a cabo, pero también, digamos, un lugar simbólico para la institución, que la institución crea firmemente en el beneficio y el valor de este tipo de actividad.

Por otro lado, para que la inter y la transdisciplina crezcan como queremos en el futuro, necesitan insertarse cada vez más en el currículum para estudiantes de todos los niveles, de grado y de posgrado, porque si algo no forma parte realmente de un currículum, de un programa de estudio, entonces siempre es un extra, y las cosas extra pueden desaparecer fácilmente. Mientras que si es parte de un programa de estudio, o si es el programa de estudio, entonces ya es parte del ADN de la institución.

 En muchos casos, quienes ingresan a un doctorado sueñan con seguir el camino de la academia. Sin embargo, en la actualidad muchos doctores no están como ejerciendo sus carreras exclusivamente dentro de la academia. ¿Cómo deberían transformarse estos programas para preparar a sus estudiantes para diferentes trayectorias profesionales?

Primero, es un acto de tomar conciencia de dónde estamos fallando. Hay que poder reconocer y aceptar que muchos egresados no están llegando a puestos académicos, y los empleos que obtienen en muchos casos no tienen que ver con lo que han estudiado al nivel del doctorado. A partir de ahí, uno, colectivamente, tiene que pensar en cómo cambiamos lo que ofrecemos, qué conexiones podemos establecer con ciertos campos, organizaciones, industrias, para perfilar mejor lo que obtienen los estudiantes, para que tengan trabajos que sí tienen mucho más que ver con lo que han estudiado.

Creo que la realidad es que el número de trabajos académicos no va a crecer en muchos casos, pero aun así, los estudiantes de doctorado y los doctores recién egresados pueden obtener trabajos muy ricos y valiosos que sí requieren ese nivel de estudio. Simplemente tenemos que apoyar eso mejor. 

—¿Cómo puede una formación interdisciplinaria ampliar las posibilidades laborales sin sacrificar la profundidad y el rigor académico?

Siempre hay un compromiso ahí. Varios colegas dirían que, si quitamos ciertos cursos, vamos a sacrificar el nivel o la intensidad de estudio. Pero habría que pensar en lo que están buscando muchas organizaciones e industrias hoy: el poder cruzar conocimientos. Un empleado de una industria química necesita llevar a cabo experimentos en laboratorios y, a su vez, argumentar sobre el valor de esos trabajos para distintos públicos dentro y fuera de la compañía. Lo que escuchamos de nuestros socios industriales es que buscan estudiantes que tengan cada vez más conocimiento interdisciplinario.

 No quiere decir que debamos entregar decisiones sobre el currículum a entidades externas, eso nunca va a pasar. Pero lo que sí estoy diciendo es que necesitamos ser mucho más abiertos a lo que son las necesidades a la hora de buscar trabajo para poder incorporar cambios en lo que ofrecemos o cómo enseñamos.

Y eso requiere una flexibilidad de parte de las instituciones, requiere también agilidad en cuanto a los tiempos para implementarlos. Son dos cosas que no han sido puntos fuertes de la academia. Flexibilidad y agilidad. Y creo que no podemos, no tenemos más ese lujo de poder decir, bueno, tenemos 150 años de tradición, vamos a seguir así. 

 —Usted concluyó mencionando que la interdisciplina y la transdisciplina nos están guiando hacia el futuro institucional que queremos construir. ¿Cómo imagina concretamente ese futuro? ¿Y qué deben cambiar las universidades hoy para hacerlo posible?

Hay muchas formas de implementar una presencia más fuerte de la interdisciplina y la transdisciplina. Obviamente, los contextos locales van a determinar cómo eso funciona, pero yo creo que tanto a nivel de licenciatura como de posgrado, este cruce de conocimientos y fronteras tiene que tener un lugar más fuerte, institucionalmente, para satisfacer la demanda de empleos y lo que quieren los estudiantes. Ellos necesitan encontrar en las universidades un camino para formarse en varios campos.

 No va a ser otra institución en la sociedad civil; la universidad es la institución que tiene esa responsabilidad y la única realmente posicionada para entrenar a las futuras generaciones con ese tipo de conocimiento multifacético.  

—¿Qué valor tiene para usted que una universidad pública estatal como la Universidad de Chile impulse este tipo de discusiones y cómo podemos, desde Latinoamérica, desempeñar un papel importante en la construcción del futuro institucional que usted propone?

Creo que es muy significativo que este congreso se realice aquí, en la Universidad de Chile. Por el rol que tiene como líder universitario, no solo en América Latina, sino en el mundo, y por ser una institución pública que organiza este encuentro y está liderando la conversación sobre cambios interdisciplinarios.

Cada institución, cada región del mundo, aporta formas de saber o distintos tipos de conocimiento a los que uno no puede acceder desde otros lugares. En ese sentido, yo creo que la Universidad de Chile y América Latina, en términos mucho más amplios, tienen muchísimo que ofrecer en cuanto a tomar este rol de liderazgo en empujar estas conversaciones.