Chile vuelve a enfrentar una señal de alerta en materia de aprendizajes. Los resultados de PISA 2025, publicados por la OCDE, muestran que los estudiantes chilenos de 15 años disminuyeron su desempeño respecto de 2022 en Lectura y Matemática. El retroceso fue de 12 puntos en Lectura y 9 puntos en Matemática, mientras que en Ciencias la variación fue de apenas un punto y no resultó estadísticamente significativa. Así, Chile alcanzó 442 puntos en Ciencias, 436 en Lectura y 403 en Matemática, ubicándose por debajo del promedio de la OCDE en las tres áreas.
Para el director del CIAE, Juan Pablo Valenzuela, la magnitud de las caídas en Lectura y Matemática es especialmente relevante. “En una perspectiva histórica, lo que no hemos logrado es el incremento, sino por el contrario, un efecto de la pandemia es que tenemos un retroceso en lenguaje y matemática similar al de la OCDE en promedio y que equivale a la pérdida de aproximadamente medio año de aprendizaje”.
Al observar la evolución desde 2015, el retroceso es aún mayor: Chile presenta una caída de 21 puntos en Lectura y 19 puntos en Matemática, lo que equivale a un año de aprendizaje. En esta última área, los 403 puntos obtenidos en 2025 constituyen el resultado más bajo registrado por el país en las últimas dos décadas. En Ciencias, en tanto, la caída acumulada desde 2015 es de cuatro puntos.
El deterioro de los aprendizajes tampoco es exclusivamente chileno. En la década, el promedio de los países de la OCDE cayó 22 puntos en Matemática y 28 puntos en Lectura, mientras que Ciencias registró un retroceso menor, de siete puntos.
Chile retrocede, pero sigue entre los mejores de América Latina
Los resultados deben leerse también en perspectiva regional. Chile continúa mostrando uno de los desempeños más altos entre los países latinoamericanos que participaron en PISA 2025.
En Ciencias, Chile obtuvo 442 puntos, por debajo de Uruguay (445), pero por encima de Colombia (414), México (414), Brasil (409) y Perú (406). En Lectura, sus 436 puntos también lo sitúan entre los mejores resultados de la región. En Matemática, en tanto, alcanzó 403 puntos, ligeramente por debajo de Uruguay (405), pero por encima de Colombia (381), Brasil (377), México (388) y Perú (382).
Sin embargo, cuando la comparación se amplía al conjunto de sistemas educativos participantes, la distancia aumenta considerablemente. Mientras Chile obtuvo 442 puntos en Ciencias, Singapur alcanzó 560 puntos y el sistema B-S-J-Z (China) llegó a 591 puntos, mientras el promedio de la OCDE fue de 482.
La posición relativa de Chile en América Latina, por tanto, no debe confundirse con un desempeño cercano al de los sistemas educativos de mayor rendimiento. “Chile está, respecto al promedio de la OCDE, a más de 2 años de distancia de los aprendizajes en matemáticas del promedio de la OCDE y 1 año en el caso de lenguaje. Es decir, tenemos un alto porcentaje de jóvenes que van a salir del sistema escolar sin las condiciones básicas para poder interactuar en el mundo real cada vez más incierto y complejo”, advierte Valenzuela.
La comparación internacional también permite observar que el retroceso no es inevitable. Mientras Chile redujo sus resultados en Lectura y Matemática, otros sistemas lograron mejorar en las tres áreas, entre ellos algunos países que históricamente han presentado desempeños inferiores al promedio de la OCDE.
“La pandemia y el cierre muy prolongado de los establecimientos educativos, uno de los más largos del mundo, explican en parte significativa el descenso en los resultados, como ya hemos visto en el SIMCE de 2º medio”, señala Xavier Vanni, investigador del CIAE. Agrega que “la recuperación de los logros de aprendizaje en educación media ha sido más lenta que en educación básica, en parte porque las acciones y estrategias del plan de Reactivación Educativa pospandemia tuvieron como foco la educación básica, y no han existido en este nivel políticas significativas y comprensivas desde hace más de 15 años”.
Cristián Bellei, investigador del CIAE, cree también que el estancamiento del país se explica, en parte, por la falta de una agenda de desarrollo de capacidades docentes. “Esa es una agenda pendiente. Y la otra es que el país en general se orienta más hacia un currículum de una pedagogía de contenidos y de habilidades básicas que hacia habilidades más complejas que son las evaluadas por PISA”, afirma.
Muchos estudiantes de bajo desempeño y muy pocos en los niveles más altos
Los resultados muestran otro elemento preocupante: Chile no solo tiene una alta proporción de estudiantes que no alcanza las competencias básicas, sino que también presenta una participación muy reducida de estudiantes en los niveles más altos de desempeño. En el conjunto de la OCDE, uno de cada cinco estudiantes de 15 años presenta un bajo desempeño simultáneamente en Ciencias, Lectura y Matemática, proporción que aumentó respecto de 2022.
En Chile, en la última década, la proporción de estudiantes por debajo del nivel 2 —considerado el umbral de competencias básicas— creció en alrededor de 10 puntos porcentuales en Lectura y 9 puntos porcentuales en Matemática. Así, en 2025, 6 de cada 10 estudiantes no alcanzaron el nivel mínimo en Matemática y el 38% no lo alcanzó en Lectura. “En lectura, no llegar al nivel 2 implica que el estudiante puede tener dificultades para comprender e interpretar los textos cuando necesita ir más allá de información muy explícita o literal, puede tener dificultades para relacionar información, hacer inferencias, evaluar aspectos del contenido o hacer una reflexión más crítica sobre los textos”, explica Elvira Jéldrez, investigadora del CIAE.
En el nivel más alto de desempeño de Matemática, casi no hay estudiantes chilenos, mientras que en la OCDE se ubica allí el 8%, en promedio, y en el sistema B-S-J-Z (China), alrededor del 57% de los estudiantes. “Estos niveles representan la capacidad de enfrentar situaciones complejas, construir modelos matemáticos, comparar distintas estrategias de solución y justificar por qué una respuesta tiene sentido”, explica la directora alterna del CIAE y académica del Instituto de Estudios Avanzados en Educación, Farzaneh Saadati. Para la experta, entonces, “los resultados sugieren una dificultad más profunda: estamos teniendo problemas para desarrollar en nuestros estudiantes una matemática que les permita pensar, tomar decisiones y resolver situaciones nuevas, y no solamente aplicar procedimientos conocidos”.
En Lectura, solo el 2% de los estudiantes chilenos se ubica en los niveles superiores de desempeño, que miden la capacidad de comprender textos largos y conceptos abstractos, establecer distinciones entre hechos y opiniones y utilizar pistas implícitas provenientes tanto del contenido como de la fuente de información.
La situación adquiere especial relevancia considerando que PISA evalúa a jóvenes que se encuentran próximos a terminar su educación obligatoria. “Es decir, tenemos un alto porcentaje de jóvenes que van a salir del sistema escolar sin las condiciones básicas para poder interactuar en el mundo real, cada vez más incierto y complejo”, señala Valenzuela.
Bajan los grupos altos y se reduce la brecha socioeconómica
Otro dato que arroja PISA es que en Chile los grupos socioeconómicos que más disminuyeron sus resultados son los de nivel medio-alto y alto, mientras que los estudiantes de NSE bajo y medio-bajo más bien se mantuvieron. En efecto, en Lectura los grupos medio-altos bajaron 14 puntos desde 2022 y 21 puntos si se considera la última década. En Matemática, la caída en el grupo alto llega a 27 puntos desde 2015 y 8 puntos desde 2022, aunque en esta materia casi todos los grupos disminuyeron levemente en los últimos tres años.
En Ciencias, entre 2015 y 2025, la brecha en el rendimiento entre el 25% de los alumnos con mejor situación socioeconómica y el 25% con peor situación socioeconómica se redujo, así como en la media de los países de la OCDE. Durante este periodo, el rendimiento mejoró entre los alumnos desfavorecidos, pero se mantuvo estable entre los alumnos más favorecidos. Para Cristián Bellei, “una explicación que el país tiene que darse y reflexionar es por qué los estudiantes que asisten a los colegios con más recursos, y que tienen en sus familias las mejores condiciones son precisamente los que están empeorando su desempeño”.
En este mismo sentido, el estudio de PISA muestra que Chile ha reducido sus niveles de desigualdad educativa. En 2013, la desigualdad socioeconómica explicaba el 23% de las diferencias en los aprendizajes en Ciencias, frente al promedio de la OCDE del 15%. En 2025, la desigualdad socioeconómica había pasado a explicar el 11% de las diferencias de aprendizaje, frente al 12% en promedio en la OCDE. “La disminución de la brecha en ciencias durante la última década se debe a la mejora de los grupos vulnerables y no a una disminución de los grupos más favorecidos, quienes, en realidad, han mantenido sus resultados en el último periodo”, señala Francisco Meneses, investigador asistente del CIAE.
Asimismo, alrededor del 13% de los alumnos desfavorecidos de Chile lograron situarse en el cuartil superior de rendimiento en Ciencias. “Se puede considerar que estos alumnos tienen resiliencia académica porque, a pesar de su situación socioeconómica desfavorable, han alcanzado la excelencia educativa en comparación con el resto de alumnos de su propio país”, señala el reporte de la OCDE.
Otro punto que destaca el informe es que el 70% de la brecha de aprendizajes no está entre los establecimientos, sino al interior de las salas de clases. “No es que un colegio sea mejor que otro, eso explica solo el 30% de las brechas de aprendizaje en Chile. Por lo tanto, lo que requerimos es preparar a las comunidades educativas, a los docentes, a los equipos directivos, a los jefes técnicos para que eso de verdad sea un tema mínimo: que al interior de la sala de clases haya un aprendizaje de calidad para todos los alumnos con unos estándares mínimos que sean los adecuados para aprovechar el aprendizaje”, señala Valenzuela.
No es solo un problema chileno: la crisis de aprendizajes es global
El escenario chileno se inserta en una tendencia internacional de deterioro de los aprendizajes. La OCDE advierte que el debilitamiento del desempeño no comenzó con la pandemia. En numerosos sistemas, las caídas ya eran visibles antes del COVID-19, lo que apunta a problemas más profundos y persistentes.
De hecho, entre 2015 y 2025 el promedio de la OCDE registró sus peores resultados históricos en las tres áreas, con una caída particularmente pronunciada en Lectura y Matemática. En Lectura, además, el descenso se ha extendido a tres cuartas partes de los sistemas educativos con datos comparables entre 2018 y 2025.
La OCDE plantea que, en el caso de Lectura, este deterioro coincide con transformaciones en los hábitos de los estudiantes, entre ellas una menor lectura por placer, una mayor digitalización y un aumento del tiempo dedicado a las pantallas. El informe advierte que estos cambios pueden dificultar la capacidad de los jóvenes para involucrarse con textos complejos y procesar información en profundidad.
Para Roberto Araya, académico del IE e investigador del CIAE, la explicación requiere considerar este nuevo escenario tecnológico. “Tiene muchas explicaciones. Por un lado, el efecto de la pandemia es cada vez menor. Sin embargo, el auge de la tecnología, la digitalización y la inteligencia artificial está incidiendo de forma importante”, plantea.
El académico agrega que los cambios en la manera en que los jóvenes acceden y procesan información pueden estar afectando directamente la práctica de la lectura: “Cada vez se lee menos, la máquina resume todo, incluyendo los textos escolares, los libros y las tareas. Tú le hablas en voz alta y ella te dice qué hacer o cómo, o te da los resultados. Eso, definitivamente, impacta”, sostiene.
“En lectura, deberíamos considerar que estamos frente a un cambio más profundo. Hoy los adolescentes leen muchísimo en dispositivos digitales, pero una parte importante de esa lectura es fragmentada, breve y orientada a obtener información rápidamente. Eso no es lo mismo que una comprensión profunda de un texto extenso, en el que se requiere hacer inferencias y monitorear la comprensión”, explica la investigadora del CIAE, Elvira Jéldrez. Agrega que, por eso, “más que preguntarnos solamente por qué los estudiantes quizás están leyendo menos, deberíamos preguntarnos qué están leyendo, cómo están leyendo, en qué dispositivos, en qué modalidades y qué tipos de procesos cognitivos están poniendo en juego cuando leen”.
¿Más tecnología significa mejores aprendizajes?
PISA 2025 incorpora por primera vez una evaluación específica sobre aprendizaje en el mundo digital y analiza también el uso de herramientas de inteligencia artificial por parte de los estudiantes. Los resultados no muestran que la tecnología sea necesariamente perjudicial. De hecho, el uso moderado de dispositivos digitales con fines de aprendizaje se relaciona con mejores resultados en Ciencias.
El problema aparece cuando estos dispositivos se convierten en una fuente de distracción o se utilizan principalmente para fines recreativos durante las clases. En Chile, el 48% de los estudiantes señala que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de Ciencias. Aunque esta cifra es muy superior al promedio de la OCDE (28%), para el caso chileno el informe señala que la distracción digital no se asocia con diferencias significativas en el rendimiento, una situación casi excepcional. Sin embargo, el informe también muestra que los sistemas que cuentan con restricciones o pautas específicas para el uso de celulares y dispositivos digitales tienden a presentar menores niveles de distracción.
La irrupción de la inteligencia artificial agrega una nueva dimensión al problema. PISA 2025 muestra que los estudiantes que utilizan chatbots de IA para tareas específicas, como resumir textos, obtienen en promedio menores resultados en Ciencias que quienes no los utilizan. La relación, sin embargo, depende de cómo se emplean estas herramientas. De hecho, ajustados por nivel socioeconómico, los puntajes en Ciencias caen en general cuanto mayor es el tiempo de ocio destinado al uso de la tecnología.
Según Ernesto Guerra, académico del IE e investigador del CIAE, este punto es particularmente relevante en el caso de la comprensión lectora. “Este efecto lo veníamos anticipando. En un reciente estudio elaborado por nuestro equipo, advertimos que estas herramientas están diseñadas para ahorrarnos esfuerzo. Resumen y responden por nosotros, pero la comprensión lectora se construye justamente con ese esfuerzo, leyendo de verdad”, explica.
El investigador advierte que delegar ese proceso cognitivo en una herramienta puede generar una falsa sensación de aprendizaje: “Si le entregamos ese trabajo a la máquina, esa habilidad no alcanza a desarrollarse. Aparece lo que llamamos una ilusión de comprensión”.
Guerra agrega que la evidencia que han generado ha permitido observar esta diferencia: “Quienes usaron el chatbot quedaron más convencidos de haber entendido, pero cuando tuvieron que explicar con sus propias palabras, sus respuestas fueron más pobres que las del grupo que leyó por sí mismo. Es decir, sienten que aprendieron más y, en realidad, aprendieron menos”.
Por ello, plantea cautela frente al uso de estas herramientas en edades escolares: “Mientras no entendamos bien cómo usar la inteligencia artificial para que ayude y no perjudique, deberíamos evitar que niños y adolescentes la usen para hacer sus tareas escolares. Todavía no sabemos hacerlo de manera que sea un beneficio y no un daño”, advierte.
Salomé Martínez propone un consejo permanente para orientar el currículum escolar
A este diagnóstico se suma Salomé Martínez, académica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y directora del Laboratorio de Educación Matemática del CMM (CMMEdu), quien plantea avanzar hacia una institucionalidad permanente que acompañe la evolución del currículum escolar, analice su implementación y aporte evidencia para orientar cambios más allá de los gobiernos de turno.
“El Ministerio de Educación debería tener un Consejo Permanente, cuya misión sea entender y pensar el currículum, a partir de toda la evidencia que hay. Está toda la información que nos arrojan las pruebas SIMCE, la prueba PISA, pero además está la evidencia del terreno: qué es lo que funciona, cuáles son aquellos objetivos de aprendizaje que no están bien diseñados y que hay que cambiar, y eso es un proceso permanente que no está siendo abordado por la institucionalidad existente como el Consejo Nacional de Educación o la Agencia de la Calidad”, expresa.
Para Martínez, esta institucionalidad debería trascender los ciclos gubernamentales y permitir una mejora gradual y basada en evidencia. La académica también subraya que revertir la tendencia requiere fortalecer la formación y el apoyo a los docentes y sostener políticas durante el tiempo necesario para que produzcan resultados. “No basta con acciones que duren poquito tiempo, sino que tienen que ser políticas de largo aliento. Se necesita ser persistente, los cambios no son de un día para otro”, advierte.
Frente a la incorporación de la inteligencia artificial en las aulas, Martínez plantea que el desafío no es excluirla, sino preparar a estudiantes y docentes para utilizarla de manera crítica y sin sustituir el razonamiento ni el criterio pedagógico. “Los niños van a usar lo que tienen disponible y a lo mejor lo van a usar de maneras que no aportan al aprendizaje. En ese contexto, tenemos que preparar a los jóvenes para un mundo donde hay IA, no es un mundo sin IA, es un mundo con IA”, sostiene.