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Salud y biodiversidad

Estudio U. de Chile demuestra que conejos silvestres pueden transmitir el parásito de Chagas a vinchucas

U. de Chile evidencia que conejos transmiten parásito de Chagas a vinchucas
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Registro mediante cámara trampa de un conejo europeo (Oryctolagus cuniculus). Esta especie introducida se ha establecido en distintos ambientes naturales de Chile y, según el estudio, puede participar en el ciclo silvestre de Trypanosoma cruzi.
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Área protegida de la Región de Coquimbo donde se desarrolló el estudio. En este ambiente, conejos europeos y vinchucas silvestres (Mepraia spinolai) cohabitan, permitiendo que estos insectos se alimenten de los conejos y participen en el ciclo silvestre de Trypanosoma cruzi.
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Equipo de investigación durante el trabajo de terreno realizado para estudiar la presencia de Trypanosoma cruzi en conejos europeos silvestres y su participación en el ciclo de transmisión del parásito.
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La comercialización y consumo de conejos capturados en zonas naturales adquiere relevancia considerando que el estudio confirmó que algunos ejemplares silvestres pueden estar infectados con Trypanosoma cruzi y transmitir el parásito a las vinchucas.

Los conejos europeos, una especie introducida, habitan múltiples zonas del país; sin embargo, específicamente en ambientes silvestres de la zona central, algunos de ellos podrían ser portadores del parásito causante de la enfermedad de Chagas, Trypanosoma cruzi, lo que supone la posibilidad de transmitirlo directamente a las vinchucas, principales vectores de la enfermedad.

Esta es la principal evidencia del estudio titulado “Multi-Method Evidence of Trypanosoma cruzi Infection in Wild European Rabbits in Chile: Implications for Reservoir Ecology and Surveillance”, publicado en la revista científica Zoonotic Diseases. La investigación examinó ocho conejos europeos capturados en un área protegida de la Región de Coquimbo.

Si bien investigaciones anteriores ya habían detectado Trypanosoma cruzi en conejos silvestres en Chile y confirmado que las vinchucas se alimentan de ellos, aún faltaba determinar si estos animales podían transmitir el parásito a los insectos. Para estudiar la infección, el equipo combinó análisis moleculares de sangre y órganos, observación de tejidos y xenodiagnóstico, una técnica que permite determinar si vinchucas libres del parásito pueden infectarse al alimentarse de un animal.

En este estudio colaboraron los investigadores Christian Hidalgo y Antonella Bacigalupo (Universidad de Las Américas), Gemma Rojo (Universidad de O’Higgins), Rodolfo Paredes (Universidad Andrés Bello), Juana P. Correa (Universidad San Sebastián) y Aldo Solari, Carezza Botto-Mahan, Esteban San Juan y Nicol Quiroga (Universidad de Chile).

“El enfoque de estudiar a los animales silvestres que forman parte de la dieta de la vinchuca es menos común en los estudios sobre la enfermedad de Chagas y nos revela información sobre lo que puede estar ocurriendo en ambientes naturales”, explica Nicol Quiroga, autora principal y estudiante de doctorado en Ecología y Biología Evolutiva del Departamento de Ciencias Ecológicas de la Facultad de Ciencias.

El parásito en sangre, órganos y tejidos

Tal como indica el estudio, los análisis detectaron material genético de T. cruzi en la sangre de siete de los ocho conejos estudiados y en al menos un órgano de todos los ejemplares. Entre los órganos y tejidos en los que apareció con mayor frecuencia están el diafragma, los órganos reproductivos, el bazo y el riñón.

Además, la observación de los tejidos permitió identificar formas del parásito en cuatro de los ocho animales. Para el equipo, combinar distintas técnicas fue clave para obtener una visión más completa de la infección, ya que T. cruzi puede circular por la sangre, pero también permanecer en las células de distintos órganos. “Un enfoque basado en varios métodos de detección es apropiado para determinar si un animal silvestre está infectado, ya que nos permite examinar distintos órganos y tejidos, y así evaluar si el parásito desarrolla su ciclo de vida en el conejo”, señala Quiroga.

Una de las pruebas centrales de la investigación fue el xenodiagnóstico: el equipo permitió que ninfas de vinchuca silvestre (Mepraia spinolai), criadas en laboratorio y libres de T. cruzi, se alimentaran de los conejos. Como resultado, dos de los siete conejos evaluados transmitieron el parásito a las vinchucas que se alimentaron de ellos, lo que evidencia que algunos animales portaban parásitos viables capaces de transmitirse al insecto.

El resultado se suma a una línea de investigación que estudia esta relación desde hace más de una década. El primer trabajo que vinculó a T. cruzi con el conejo en Chile fue publicado en 2009 y, posteriormente, investigadores del equipo demostraron que M. spinolai se alimenta de estos animales y que su abundancia puede aumentar en lugares donde hay una mayor presencia de conejos.

La nueva investigación incorpora una pieza que hasta ahora faltaba: demostrar que algunos conejos infectados también pueden transmitir el parásito a las vinchucas. “Si bien el trabajo se basa en un número bajo de animales, creemos que sí se puede considerar un reservorio de Trypanosoma cruzi, y es una conclusión a la que hemos llegado luego de varias investigaciones”, sostiene Quiroga.

El rol del conejo en el ciclo silvestre

Comprobar que algunos conejos pueden transmitir T. cruzi a las vinchucas también permite avanzar en la comprensión del papel que cumple esta especie dentro del ciclo silvestre del parásito. En Chile, más de 25 especies de mamíferos han sido encontradas infectadas con T. cruzi, pero conocer cuánto contribuye cada una a su transmisión sigue siendo uno de los desafíos para estudiar la circulación del parásito en ambientes naturales.

“Una de las dificultades del estudio de la transmisión de agentes etiológicos de enfermedades infecciosas en ambientes silvestres es que hay múltiples hospederos participantes y desconocemos en qué medida cada uno contribuye a dicha transmisión”, explica Carezza Botto-Mahan, académica del Departamento de Ciencias Ecológicas de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y autora del estudio.

En el caso del conejo europeo, además, se trata de una especie introducida que comparte hábitat con la vinchuca silvestre M. spinolai. Esto se torna más relevante al considerar que investigaciones anteriores del laboratorio han mostrado que este insecto es más abundante en lugares donde existe una mayor presencia de conejos y que se alimenta de ellos con frecuencia.

Para la investigadora, los nuevos resultados permiten ir más allá de saber que el conejo puede estar infectado. “Pudimos demostrar que el conejo europeo es capaz de transmitir el parásito a las vinchucas; es decir, tiene una mayor participación directa en el ciclo de transmisión que una especie que solo se había descrito como infectada”, señala.

La investigadora advierte que esta interacción adquiere especial importancia en algunas zonas del centro de Chile. “Es preocupante descubrir cómo esta especie introducida cobra importancia al cohabitar con la vinchuca, especialmente considerando que en algunas zonas del Mediterráneo de Chile la frecuencia de infección de M. spinolai por este parásito supera el 90%, y que las personas consumen conejos capturados en estas zonas naturales”, agrega.

A partir de estos resultados, el equipo plantea la importancia de considerar al conejo silvestre dentro de la vigilancia de T. cruzi. Entre los próximos pasos está conocer qué ocurre en otras localidades donde conejos y vinchucas cohabitan, además de estudiar la situación de los conejos mascota o de crianza presentes en zonas endémicas de la enfermedad de Chagas.