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Jóvenes, voto y medios digitales

Rosalía Winocur: “Comprender es más importante que condenar o etiquetar”

Rosalía Winocur: “Comprender es más importante que condenar o etiquetar”
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“Comprender es más importante que condenar o etiquetar. Comprender supone asumir la complejidad”, señala la investigadora Rosalía Winocur.

Rosalía Winocur es una reconocida investigadora argentina invitada por el proyecto Fondecyt Regular N° 1240145 de ANID y el Núcleo de Investigación en Televisión y Sociedad (NitsChile) de la Facultad de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile.

Winocur es doctora en Ciencias Antropológicas por la UAM Iztapalapa de México. Profesora Titular e investigadora en la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República del Uruguay, es coordinadora de la Sección Lenguajes Multimediales y Tecnologías de la Comunicación y miembro del Sistema Nacional de Investigadores de Uruguay. Ha coordinado numerosas investigaciones sobre la apropiación de los medios electrónicos y digitales en la vida cotidiana de diversos sectores socioculturales, particularmente en el caso de jóvenes y familias de contexto crítico en México, Argentina y Uruguay.

- En esta investigación sobre jóvenes, primeros votantes y apropiación de información política, ¿cuál es el principal desplazamiento respecto de los enfoques tradicionales sobre consumo y recepción de medios?

La investigación parte de un desplazamiento epistemológico respecto de los estudios dominantes sobre el tema. No nos interesaba centrarnos exclusivamente en los recursos y estrategias individuales que las personas utilizan para seleccionar, interpretar, compartir y establecer la credibilidad de las noticias. El punto de partida fue asumir que las personas -en este caso, jóvenes y primeros votantes- opinan, comparten, socializan e intercambian información siempre en comunidades interpretativas. Esto tiene antecedentes importantes en los estudios culturales latinoamericanos, particularmente en los trabajos de Guillermo Orozco, y también en autores como David Morley y Roger Silverstone, que desplazaron la atención desde el impacto de los mensajes hacia los procesos de apropiación. Lo que intentamos es recuperar esa tradición para pensar una realidad contemporánea en la que las tecnologías digitales han transformado profundamente las formas de relacionarnos.

- ¿Por qué los contextos electorales resultaron particularmente relevantes para estudiar estas prácticas?

Porque permiten observar fenómenos que en otros momentos pueden pasar desapercibidos. Muchos jóvenes dicen que las noticias políticas no les interesan. Sin embargo, cuando se enfrentan a su primera votación sienten que tienen que informarse, buscar, corroborar y validar información porque perciben que tienen una responsabilidad respecto de la decisión que van a tomar. En Uruguay esto apareció de manera muy consistente. No puedo afirmar que sea generalizable a otros países, pero resulta interesante como caso para observar cómo determinadas contingencias sociales y personales pueden transformar las prácticas de información. Un joven puede decir un año que la política no le interesa y, al año siguiente, mostrar un interés muy intenso. Para comprender ese desplazamiento necesitamos investigaciones capaces de observar los procesos a lo largo del tiempo.

- Uno de los aspectos que planteas es una crítica a los estudios que observan el comportamiento de las personas principalmente en ambientes digitales. ¿Cuál es el problema de ese enfoque?

El problema es que muchas veces se estudian los fenómenos de manera unilateral y deslocalizada. Podemos observar a una persona reaccionando ante una noticia en una red social, pero esa persona tiene un antes y un después. Tiene comunidades de pertenencia, relaciones afectivas, una historia y espacios cotidianos donde conversa sobre los asuntos que le interesan. Si registramos únicamente lo que ocurre en tiempo real en las redes sociales, dejamos fuera una multiplicidad de espacios donde las personas intercambian y discuten información. Además, los jóvenes no están interesados en todos los asuntos de la agenda pública: sus intereses son selectivos y contingentes. Por eso el desafío es comprender una apropiación que es parcialmente individual, pero que siempre está situada y localizada en relación con otros.

- En ese sentido, ¿qué importancia tiene el contexto doméstico?

Es fundamental y no debería ser despreciado ni minimizado. En América Latina, muchos jóvenes pasan una parte importante de su vida en el hogar, aunque tengan una vida digital, social y universitaria relativamente autónoma. Existe un habitus de compartir y socializar noticias que tiene una historia de varias generaciones. Los jóvenes pueden declarar que no miran televisión o que no les interesan las noticias, pero cuando uno explora con quién viven y qué ocurre cotidianamente aparecen la madre, el padre, la abuela, el informativo y la conversación familiar. No se trata de una realidad paralela a la experiencia digital. Todo eso se integra en la experiencia de las personas. Por eso es importante reconstruir cómo se articulan esos diferentes espacios.

- Has insistido también en la necesidad de recuperar la perspectiva del sujeto. ¿Qué implica esto metodológicamente?

Es más que recuperar la opinión del sujeto. Es un compromiso epistemológico con la perspectiva del sujeto situado en sus coordenadas biográficas. En una entrevista antropológica, por supuesto que existe una pauta y hay bloques asociados a las preguntas de investigación. Pero lo interesante no es simplemente obtener una respuesta coherente a una pregunta. Lo importante es comprender cómo la persona entendió la pregunta y tener la posibilidad de repreguntar. La entrevista genera una situación de reflexividad compartida. Nadie se pregunta cotidianamente cómo establece la credibilidad de una noticia. Sin embargo, cuando uno formula esa pregunta, la persona comienza a reflexionar sobre algo que normalmente realiza de manera automática. En ese proceso aparecen permanentemente las biografías. Para explicar el presente, las personas recurren a su historia, a experiencias anteriores y a detalles de su vida cotidiana. Cuando uno identifica paradojas o contradicciones en sus prácticas mediáticas, ellas mismas recurren a su trayectoria para explicarlas. Por eso la biografía se convierte en un lugar fundamental para comprender lo que está ocurriendo.

- ¿Cómo fueron transformándose las categorías teóricas durante el proceso de investigación?

El diseño se fue construyendo y reconstruyendo durante la investigación. Al comienzo trabajábamos con determinadas variables y preguntas, pero a medida que avanzaban las entrevistas aparecían elementos que no habíamos previsto. Por ejemplo, surgieron personas que decían haberse enterado de una noticia en la peluquería o a través de un taxista. Entonces la peluquera o el taxista pasaron a convertirse en informantes relevantes. También aparecieron otros actores que no habíamos considerado inicialmente. Esto supone aceptar cierta incertidumbre en el diseño. Si las preguntas de investigación tienen desde el comienzo un sentido de clausura, es muy difícil que puedan abrirse hacia nuevos problemas. En nuestro caso, la investigación permitió que las preguntas, las hipótesis y el propio diseño fueran transformándose. Una hipótesis inicial terminó convirtiéndose, en términos de la teoría fundamentada, en parte de la teorización. Ese proceso es muy importante porque permite que las categorías emerjan del trabajo empírico.

- ¿Qué encontraron respecto de las formas en que los jóvenes establecen la confianza y la credibilidad de la información?

Encontramos que los jóvenes necesitan informarse, validar y ampliar la información para tomar una decisión electoral. Pero esos procesos no son lineales. Son porosos y están atravesados por códigos familiares y por experiencias anteriores. Por ejemplo, algunos jóvenes decían que seguían un determinado periódico porque se identificaban con él, pero que para contrastar una información podían consultar otro medio de orientación política diferente y luego un tercero. Es decir, comparaban y hacían sus propias "sumas y restas". Eso no significa que crean mecánicamente en los medios. Lo que aparece es una lectura entre líneas, un proceso de evaluación basado en recursos y experiencias acumuladas. Esos recursos también están socialmente situados: un joven de sectores populares no necesariamente tiene los mismos consumos ni los mismos criterios de evaluación que otro joven de un sector social diferente. En este sentido, los habitus intergeneracionales funcionan como recursos para reducir la complejidad frente a una situación de sobreabundancia informativa.

- ¿Qué cambia cuando pensamos a los jóvenes como integrantes de múltiples comunidades interpretativas?

Internet y las redes sociales hicieron posible pertenecer simultáneamente a una multiplicidad de comunidades de naturaleza diferente. Un joven puede pertenecer a una comunidad de videojuegos, a un fandom, a un grupo de amigos, a una comunidad deportiva, a un espacio universitario y a otros grupos de pertenencia. Esto obliga a cuestionar la idea de que las personas están encerradas en una única "burbuja". La cuestión no es solamente analizar la existencia de esas comunidades, sino comprender cómo las personas suturan las experiencias provenientes de comunidades diferentes. Pueden pertenecer a grupos cuyos integrantes tienen posiciones políticas o ideológicas enfrentadas y, sin embargo, compartir otra forma de pertenencia. Una persona puede participar en un grupo feminista, en un grupo animalista y en una comunidad política, por ejemplo, y administrar las contradicciones entre esos espacios. No creo que las personas se fragmenten infinitamente. La hipótesis que estamos trabajando es que debemos reconstruir cómo se suturan esos fragmentos en la experiencia personal y qué efectos tiene esa operación.

- ¿Qué papel juegan las figuras o referentes de autoridad en estas comunidades?

Todas las comunidades tienen figuras de autoridad o referentes, aunque las personas defiendan fuertemente la autonomía de su opinión. Pueden ser familiares, profesores, periodistas, personajes mediáticos u otras personas significativas. En nuestro caso hablamos de referentes de autoridad en un sentido particular, asociado a la investigación sobre las prácticas cotidianas de apropiación de información. No necesariamente estamos hablando de autoridad en el sentido más amplio del orden social o de una relación jerárquica. Me interesa observar cómo, en esos microespacios cotidianos, ciertas personas adquieren legitimidad y se convierten en referentes para interpretar el mundo. Por ejemplo, en Uruguay encontramos el caso de una conductora de televisión que durante décadas estuvo presente en los hogares. Su credibilidad se construyó a partir de esa presencia prolongada y ritualizada. Esto permite observar cómo se entreteje el orden social en situaciones cotidianas y cómo esas experiencias pueden contribuir a la construcción de lo público.

- En tu investigación aparece también la idea de que las comunidades interpretativas son espacios de pertenencia. ¿Qué importancia tiene esa dimensión?

Es fundamental. Para los jóvenes es muy importante sentirse incluidos y formar parte de algo, aunque no necesariamente hablen o expresen una opinión dentro de esas comunidades. Los niveles de compromiso son variables. Mientras más cerrada es una comunidad, más fuerte puede ser el compromiso; mientras más abierta, más fácil es entrar y salir y menor puede ser el compromiso. Además, estas comunidades son paradójicas. No funcionan simplemente mediante apertura y cierre. Las personas pueden pertenecer simultáneamente a distintos grupos y administrar esas pertenencias según las circunstancias. Por eso hay que estudiar cómo se negocian esas pertenencias y cómo las personas administran las contradicciones que pueden surgir entre ellas.

- En relación con los primeros votantes, ¿qué características tenía la muestra y qué encontraron respecto de su responsabilidad frente al voto?

Trabajamos con una muestra intencional que se fue construyendo progresivamente. Procuramos que aproximadamente el 70% fueran hijos e hijas de padres no universitarios y buscamos incorporar distintas trayectorias vitales: jóvenes que no habían terminado la secundaria y trabajaban, jóvenes que habían terminado la secundaria y trabajaban, jóvenes que estudiaban en la universidad tecnológica y jóvenes que no estudiaban ni trabajaban. La sensación de responsabilidad frente al primer voto fue muy significativa, pero no necesariamente correspondía a una idea tradicional de deber cívico. Más bien aparecía como una inquietud: "Tengo que votar y tengo que tomar una decisión". En algunos casos, esa preocupación parecía estar relacionada con lo que estaba en juego políticamente. Por ejemplo, algunas jóvenes estaban particularmente preocupadas por un eventual retroceso de la agenda de género. Pero las posiciones no eran homogéneas y las categorías políticas que utilizaban los jóvenes eran mucho más complejas de lo que podía sugerir una etiqueta ideológica. Por eso hay que tener cuidado con categorías demasiado generales. Un joven puede identificarse con determinadas posiciones en un contexto y, al mismo tiempo, mantener otras ideas que parecen contradictorias desde una clasificación ideológica convencional.

- Entonces, ¿cómo interpretas las aparentes contradicciones políticas de estos jóvenes?

Como parte de la complejidad de sus experiencias. En lugar de etiquetar rápidamente esas posiciones, debemos comprender cómo se articulan en sus biografías y en sus diferentes comunidades de pertenencia. La precariedad y la incertidumbre también pueden ser relevantes. Incluso se podría pensar que la responsabilidad frente al voto constituye, en algunos casos, una forma de enfrentar o controlar esa incertidumbre. Es una hipótesis que surgió durante la conversación y que requiere seguir investigándose.

- Para terminar, ¿cuál sería entonces el principal desafío metodológico y epistemológico que plantean estas investigaciones?

El desafío es no hacer desaparecer a los otros y a las otras. Cuando estudiamos las prácticas de información exclusivamente desde las redes sociales, pueden desaparecer las relaciones, los contextos biográficos y los espacios cotidianos que hacen posible esas prácticas. Incluso cuando hacemos una entrevista, una historia de vida o un grupo de discusión, si no preguntamos explícitamente por esos espacios, dejan de aparecer como variables explicativas. Por eso necesitamos recuperar de dónde vienen las personas, cómo llegaron a determinado lugar, qué relaciones tienen, en qué comunidades participan y qué hacen en otros espacios. Si no incorporamos esas dimensiones, terminamos interpretando los fenómenos siempre desde el mismo lugar. En el caso de la desinformación y de los fenómenos políticos, mi posición ha sido siempre que comprender es más importante que condenar o etiquetar. Comprender supone asumir la complejidad. Eludir la complejidad limita directamente nuestra capacidad de comprender.

Esta entrevista fue realizada por el egresado de la Universidad de Chile, Ricardo Ramírez, académico de la Universidad de Santiago de Chile y coordinador del Grupo de Trabajo de Estudios de la Imagen, Cine y Televisión de la Asociación de Investigadores en Comunicación (Incom).